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| 4/5/2014 2:00:00 AM

"Los docentes deben salir de los mejores estudiantes"

El exministro Guillermo Perry, quien encabezó un estudio de la Fundación Compartir sobre la educación en Colombia, habla de sus conclusiones.

María Jimena Duzán: ¿Será que esta vez el tema de mejorar la calidad de la educación como instrumento para superar la inequidad  sí se va a quedar en la agenda pública?

Guillermo Perry:
Creo que en esta ocasión hay una serie de coincidencias interesantes. Primero, el país se sacudió con el mal resultado de las pruebas Pisa, donde no solo salimos como uno de los países con peor calidad en la educación, sino que además, que es lo más grave, no mejoramos casi nada. Eso coincidió con este estudio sobre la educación de la fundación Compartir que lo hicimos un grupo de profesores, tres de los Andes, uno del Rosario, y otro de la Universidad de California y de la Rand Corporation. Y la conclusión a la que llega el estudio, es que una de las claves para mejorar la calidad de la educación es mejorar la calidad de los docentes. En la medida en que coincidieron estas dos cosas, se fue dando casi que de manera automática un consenso muy interesante en torno al tema. Yo lancé en mi columna de El Tiempo la propuesta de que los candidatos presidenciales hicieran un acuerdo político para mejorar la calidad de la educación y las cosas han ido mas rápido que lo que nos habíamos imaginado: la semana pasada ya se integró un grupo muy amplio en el que están Todos por la Educación, Empresarios por la Educación y el PNUD, que ha lanzado la idea de hacer un pacto con los candidatos y llamar a un gran acuerdo nacional en torno a la educación.

M. J. D.: ¿Por qué la selección de los profesores de las escuelas públicas es a la inversa y en lugar de que se escojan a los mejores estudiantes a la docencia llegan los peores?

G. P.:
Ese es un problema muy complejo que no solo lo tiene Colombia. Como no ha sido capaz el país de crear las condiciones para que sea muy atractivo ir a la docencia y que la sociedad valore el papel de los maestros, pues es imposible atraer a los mejores bachilleres. Ahora bien, dentro de los maestros hay docentes muy buenos que entre otros han sido exaltados por los premios Compartir, pero no es la generalidad y yo diría que el problema es sistémico.

M. J. D.: La docencia en Colombia no es una profesión que aparezca en la baraja de carreras de los jóvenes de hoy día. ¿Cómo cambiar esa percepción?

G. P.:
El reto que tenemos como sociedad es cambiar esa percepción con hechos. Otros países como Corea, Singapur y Finlandia pudieron hacerlo. Esos países tenían un problema de calidad muy grave y decidieron hacer el esfuerzo y se concentraron en el tema de mejorar la calidad de los docentes y lograron increíbles avances en equidad. La propuesta que hacemos nosotros es la misma: hay que lograr que los docentes salgan de entre los mejores estudiantes de bachillerato y universidad. Hay que crear unos programas de excelencia dirigidos a acompañar a los maestros en sus primeros años de docencia. Pero además, hay que hacer unas evaluaciones de su trabajo mucho más completas con el propósito de orientar al maestro en sus debilidades y que pueda mejorar. Las evaluaciones deben ser entendidas como una herramienta constructiva y no punitiva. A todo esto debe agregársele una buena remuneración. Si uno logra conseguir todas estas variables, nuestra convicción es que en un término de unos diez años habríamos superado esta deficiencia en la calidad de la educación y estaríamos teniendo 20.000 maestros al año que serían seleccionados entre los mejores bachilleres o universitarios o egresados de otras profesiones.

M. J. D.: ¿Y qué se hace con los maestros actuales?

G.P.:
A ellos habría que aplicárseles esas evaluaciones para que los mejores, ya sean del estatuto nuevo o del anterior, puedan convertirse en tutores o en evaluadores con beneficios económicos adicionales.  

M. J. D.: ¿Y cuáles son las estrategias para atrapar a los mejores?

G. P.:
Una es que los mejores estudiantes tendrían una beca completa. La otra es que se haría un rediseño de las facultades de educación.  ¿Y cómo cambiamos la mentalidad? Además de lo que ya le he dicho, planteamos la necesidad de hacer una campaña muy fuerte de reclutamiento en los colegios de mejores resultados que les permita ver que esta es una opción importante. Acorde con lo anterior, se haría una campaña publicitaria muy amplia dirigida a convencer a la sociedad de que esto es esencial. Mire, nosotros teníamos un problema de orden público de la madona y pocas cosas tenían menor prestigio que las Fuerzas Militares o la Policía. Yo he sido muy crítico del gobierno del presidente Uribe, sobre todo de su intento de quedarse y de pasar por encima de las normas, pero siempre le he reconocido que hubo cambios en las condiciones de seguridad extraordinarios y que estuvo acompañado de un cambio de la valoración social del papel del Ejército y de la Policía. Eso debería pasar en la educación. El cambio puede ser incluso más fácil porque alrededor de los maestros no hay una opinión mala como sí la había del Ejército y de la Policía y porque yo no conozco una familia en Colombia que no haga todos los esfuerzos por mejorar la calidad de la educación de sus hijos.

M. J. D.: El gobierno del presidente Uribe avanzó considerablemente en el tema de la cobertura de la educación  pública, pero no avanzó mucho en el de la calidad. ¿Qué va primero: La cobertura o la calidad?

G. P.:
Ambas cosas son importantes. A largo plazo para el desarrollo económico y la equidad social es más importante que todo el mundo tenga acceso a educación de calidad. Obviamente si solo la mitad de los ciudadanos pudieran ir a las escuelas de una alta calidad pues tampoco estamos logrando nada…inclusive estaríamos construyendo una sociedad muy desigual. Y si todo el mundo va a las escuelas pero la educación es de baja calidad pues tampoco nos sirve. La verdad, en Colombia por lo menos desde los sesenta hemos ido mejorando en cobertura y si bien es cierto que en el gobierno de Uribe hubo una mejoría importante, esa constante venía desde atrás. Y tanto en el gobierno de Uribe como en el de Santos se han comenzado a plantar ciertas bases para mejorar la calidad.

M. J. D.: ¿Y cuáles serían esas bases?

G. P.:
Una muy importante es el estatuto docente nuevo, que considero fue un progreso enorme, pero que no está suficientemente aprovechado. Por ejemplo, las evaluaciones no se están haciendo bien. Lo que pasa es que todos esos avances no han sido suficientes porque todavía estamos muy mal en las encuestas Pisa.  

M. J. D.: Usted ha propuesto un acuerdo político con todos los candidatos, todos los partidos políticos, las organizaciones empresariales y Fecode. ¿Cómo sería ese acuerdo?

G. P.:
Sí lo he propuesto. Y estamos avanzando hacia allá. El lunes de la semana pasada abrí la primera página de El Tiempo y vi que todos los candidatos presidenciales estaban diciendo que mejorar la calidad de la educación es una prioridad enorme y que el tema central es que hay que mejorar la calidad en la docencia. Ese es un avance gigantesco. El día en que presentamos el estudio el presidente Santos también se comprometió a que si era reelegido, la calidad de la educación iba a ser una prioridad central en su próximo gobierno. Y yo le pregunté al presidente de la Andi si los empresarios colombianos estaban dispuestos a convertir la educación en un tema clave y me contestó que la semana anterior los empresarios de la Alianza para el Pacifico habían acordado pedirle a los presidentes no que les bajaran los impuestos sino que mejoraran la calidad de la educación.   

M. J. D: ¿Y los empresarios sí estarían interesados en aportar de sus bolsillos?

G. P.:
Primero que todo le recuerdo que quien nos llamó a que hiciéramos este estudio fue la Fundación Compartir, que preside el empresario Pedro Gómez Barrero. Y ellos no son los únicos empresarios interesados en la educación. El empresariado colombiano ha ido cayendo en cuenta de que para competir en un mundo globalizado es necesario mejorar la calidad en la educación pública. Ahora, no creo que esto lo deban financiar solo las empresas porque creo que debería ser un esfuerzo de todos los colombianos. Estoy convencido de que si a los ciudadanos se les dice “hay este programa que va a cambiar la vida” de sus hijos, estarían dispuestos  a que se subiera un punto del IVA. Otra propuesta complementaria es que no eliminemos el impuesto de transacciones financieras y que lo bajemos de cuatro a uno para que ese dinero vaya a mejorar la calidad de la educación. Si ya hicimos un esfuerzo inmenso para transformar el Ejército y la Policía, ¿por qué no lo vamos a hacer con la educación?   

M.J.D.: ¿Le ha presentado este estudio a Fecode?

G. P.:
No lo hemos hecho, pero varias personas que fueron dirigentes de ese sindicato y que han sido secretarios de Educación del Distrito como Abel Rodríguez participaron en varias de las discusiones. Y yo creo que Fecode recibiría muy bien este estudio porque está encaminado a mejorar la calidad de la educación pública, no privada. Lo otro que está sucediendo es que un grupo de muchachos comenzaron de manera autónoma a proponer un pacto social  por la educación. No hay duda de que hay un despertar de la consciencia colectiva sobre este tema en el país.   

M. J. D.: ¿Y no corremos el riesgo de que nos pase lo que ocurrió con el informe de los sabios que también llego a las mismas conclusiones sobre la importancia de la educación pero que nunca se llevó a cabo?

G. P.:
Depronto no era el momento. Estas circunstancias son distintas. Los empresarios de hoy se han dado cuenta de que tienen que tener trabajadores bien preparados para poder competir en un mundo globalizado. Segundo, porque hay una clase media que hoy está demandando no solo acceso a la educación sino calidad, y tercero porque quizás andábamos tan obsesionados con el problema de supervivencia del Estado por el tema de la inseguridad, que eso nos impidió pensar en los temas importantes. n  “varias personas que fueron dirigentes de fecode participaron en las discusiones ”
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