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| 4/12/2014 8:00:00 AM

“Buenaventura concentra la maldad de toda Colombia”

El obispo Héctor Epalza denunció desde hace un año las pavorosas ‘casas de pique’, pero no le creyeron. Hoy, a sus 74 años, anda con escoltas y hace una descarnada radiografía del puerto.

El obispo de Buenaventura, Héctor Epalza Quintero, no tiene pelos en la lengua. Quizá por esa razón es uno de los líderes más apreciados en el Pacífico colombiano. Nació en Convención, un pequeño pueblo de Norte de Santander, hace 74 años, pero ha hecho su vida religiosa, de casi 50, en el otro extremo del país.

SEMANA: ¿Por qué anda escoltado?

HÉCTOR EPALZA:
Eso es desde 2006. Buenaventura vivía una época muy dura, como la de hoy. Y en un consejo de seguridad hablé del grave problema de corrupción y narcotráfico. El entonces presidente Álvaro Uribe escuchó mis argumentos, un poco asombrado porque no lo esperaba. Pero el problema es que luego, él mismo dijo ante los medios: “El obispo me acaba de decir tal y tal cosa”. Y por cuenta de eso me amenazaron de muerte.

SEMANA: ¿Cómo fue la amenaza?

H. E.:
La amenaza consistió en recordarme lo que le pasó a monseñor Isaías Duarte Cancino, asesinado en Cali. Ese mensaje me llegó a través de una persona.

SEMANA: Se molestó con Uribe en ese entonces…

H. E.:
Reaccioné calificando sus famosos consejos, como ‘consejos de inseguridad’, porque si lo que uno dice allí en privado, luego sale y lo publica con nombre propio, entonces no merecen el calificativo de seguridad.

SEMANA:¿Lo han vuelto a amenazar?

H. E.:
No. Pero conservo toda esa cuestión un poco fastidiosa y maluca del escolta, porque nosotros como religiosos no tenemos ni una aguja para defendernos.

SEMANA:¿Qué es lo nuevo en la tragedia de Buenaventura?

H. E.:
Que había un grupo que controlaba todo y se llama La Empresa; pero luego llegaron los Urabeños a disputarles este territorio. Ahí aparecen las 39 balaceras mal contadas, a plena luz del día, desde finales de octubre de 2012.

SEMANA: Usted denunció las temidas ‘casas de pique’ mucho antes que las autoridades, pero nadie reaccionó…

H. E.:
Eso fue en febrero de 2013 con el periodista Antonio José Caballero que en paz descanse. Yo estaba en la asamblea de la Conferencia Episcopal en Bogotá y él (Caballero) me llamó para preguntarme por las ‘casas de pique’. Yo le hablé del testimonio de una feligresa que se enloqueció cuando la obligaron a lavar con agua la sangre de una de esas ‘casas de pique’ donde las personas eran torturadas y desmembradas.

SEMANA:¿Solo un año después hubo alguna reacción?

H. E.:
Sí, las autoridades fueron negligentes, diría yo. Tal vez creyeron que la denuncia era pura imaginación mía.

SEMANA: ¿Por qué dolió más el hallazgo de las ‘casas de pique’ y no los cuerpos desmembrados que aparecían?

H. E.:
Es doloroso decirlo pero hace más ruido la motosierra para desmembrar cuerpos. Y cuando llegamos a esos niveles, es porque ya no hay sentido humanitario. De ahí que llevamos meses pidiendo que se declare a Buenaventura en emergencia social y humanitaria, porque es una vergüenza todo lo que está ocurriendo.

SEMANA: En medio de tanta violencia, ¿existen cosas que lo asombren?

H. E.:
Los testimonios de las personas que vienen a mi despacho a compartir el dolor de oír los gritos de personas suplicando por su vida ¡no me maten!

SEMANA: ¿La crisis en Buenaventura es el reflejo de la tragedia de todo el Pacífico?

H. E.:
Sí, porque Buenaventura concentra la maldad de toda Colombia. Por ser la capital estratégica de toda esta región que no solo padece cien años de soledad, sino de olvido, marginación y exclusión. El gobierno ya reaccionó, pero se había tardado mucho.

SEMANA: ¿En qué falló el Estado?

H. E.:
Antes era el subdesarrollo, luego la marginación y ahora la exclusión. Es decir, para Colombia, Buenaventura existe como puerto, mas no como ciudad. Hasta ahora solo hemos visto entrar y salir las riquezas.

SEMANA: ¿Qué piensa de la Alianza del Pacífico?

H. E.:
Para nosotros es una quimera. Es un contrasentido que seamos la capital de esa alianza en medio de esta crisis humanitaria y social.

SEMANA: En el pasado, los patrones de Buenaventura eran grandes capos, hoy ¿quiénes son?

H. E.:
Los nuevos patrones no viven en Buenaventura, están en otra parte. Les he dicho a las autoridades que aquí están cogiendo a los mandos medios, porque los patrones y autores intelectuales de toda esta barbarie están por fuera. El origen de todos nuestros males sin duda es el narcotráfico.

SEMANA: ¿Y los políticos qué papel desempeñan?

H. E.:
Solo vienen a Buenaventura a pedir los votos y otros a comprarlos. La verdad es que a la clase dirigente no le ha importado esta ciudad. En los diez años de obispado no recuerdo una sola gran obra propiciada por ellos.

SEMANA: El exsenador Juan Carlos Martínez, ¿era el gran patrón del puerto?

H. E.:
Nunca lo he mencionado, pero la gente sabe que él era uno de los que estaba detrás de toda esta situación que hoy vive Buenaventura. No sé si seguirá o quién estará; pero si no es él, es otro.

SEMANA: Hace años usted denunció corrupción dentro de la fuerza pública. ¿Persiste el problema?

H. E.:
Creo que ha mejorado un poco, pero veo que la gente a veces se queja. A un general de la Policía le manifesté que la comunidad me expresa que ellos sienten que hay todavía esa complicidad.

SEMANA: Es irónico que en una de las ciudades más militarizadas, el narcotráfico siga dando problemas.

H. E.:
Las incautaciones de coca siguen pero la misma gente dice: es más lo que pasa que lo que se coge. La lógica diría lo contrario, sin embargo eso todavía está por mejorar. Buenaventura no se arregla solo con intervención militar.

SEMANA: ¿La crisis de Buenaventura es estructural?

H. E.:
Sí, y así se lo dije a un grupo de viceministros. Es claro que con una Justicia que cojea o que a veces ni llega, el resultado es toda esta impunidad.

SEMANA: Usted también ha dicho que los barrios en conflicto coinciden con aquellos que serán objeto de expansión portuaria o en los que se harán megaproyectos…

H. E.:
Desgraciadamente coincide esa estrategia, diríamos, con esa realidad. Se quieren hacer megaobras, pero a veces no se tiene en cuenta a la población.

SEMANA: Pero esa simple insinuación es muy delicada…

H. E.:
Sí, y allí está el valor de las investigaciones para saber a fondo qué hay detrás de todo esto. Lo cierto es que Buenaventura tiene dos sociedades portuarias y una en construcción. Y en esa expansión algunos terrenos coinciden con los barrios en conflicto como el Lleras, donde se construirá el malecón.

SEMANA: ¿Quién le falló a Buenaventura en esta crisis?

H. E.:
La administración local tiene mucha responsabilidad por la indiferencia. Eso es lo inexplicable, que el alcalde Bartolo Valencia siendo nombrado por el pueblo, no se pronunciara a tiempo. Él debió liderar esas denuncias, pero ese trabajo lo asumieron organizaciones sociales.

SEMANA: La ONU concluyó que la violencia en Buenaventura, en parte, es producto de los errores del proceso de paz con las AUC.

H. E.:
No sé si será un análisis acertado, puede que en parte sea verdad. Pero de ese reciclaje criminal se viene hablando desde hace mucho tiempo; de cómo los miembros de esos grupos se cambian de bando continuamente.

SEMANA: ¿Qué piensa de los diálogos de paz con las Farc?

H. E.:
Es un momento único para las Farc aprovechar esta oportunidad, porque el pueblo colombiano está cansado de esa violencia de más de 50 años. Los mismos que están equivocadamente en esa lucha armada, saben que en eso no tienen futuro.

SEMANA: ¿Le molestan las concesiones que se deben hacer para llegar a esa paz?

H. E.:
Ahí está la clave. El reto es cómo llegar a esos consensos sin impunidad.

SEMANA: ¿Y qué piensa del presidente Santos?

H. E.:
Creo que está haciendo lo debido. Cuando estuvo en la ciudad en una de sus visitas le dije: señor presidente, su familiar Eduardo Santos construyó la catedral de Buenaventura en 1942; ojalá usted como presidente construya la Buenaventura del siglo XXI.

SEMANA: ¿En materia de seguridad, al Pacífico le fue mejor con Uribe o con Santos?

H. E.:
Cuando llegué a Buenaventura, quemaban tractomulas en toda la vía. Después eso mejoró. Pero luego se perdió mucho a nivel interno de la ciudad, que es lo que hemos visto desde 2012 a la fecha.
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