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| 4/26/2014 3:00:00 AM

"La oposición nos critica con mentiras"

Martín Santos habla de su participación en la campaña de su padre, de cómo recibe las críticas y de su experiencia.

MARÍA JIMENA DUZÁN: ¿Desde cuándo está trabajando en la campaña?

MARTÍN SANTOS:
Siempre tuve claro que si mi papá se presentaba a la reelección, tenía que venir a ayudarlo. Somos una familia muy unida. Como estaba  trabajando en Miami, decidí pedir una licencia de tres meses para venir a estar a su lado. En la campaña desempeño un papel que en Estados Unidos se llama el body man.

M. J. D.: ¿Y qué es lo que hace un ‘body man’?

M. S.:
El body man está con el candidato las 24 horas, disponible para todo lo que necesite. Soy además el vínculo entre él y los sectores: me refiero a estrategas, redes sociales, juventudes…

M. J. D.: ¿En qué trabaja en Miami?

M. S.:
Trabajo en un fondo de emprendimiento social mexicano, de Emilio Azcárraga, que invierte en proyectos con componente social en América Latina. Tiene proyectos en México, en Perú, en Chile y está abriendo uno en Colombia.

M. J. D.: ¿Y el ‘body man’ también está encargado de lidiar con las peleas internas de la campaña?

M. S.:
Es falso que haya divisiones. Si existe un equipo sólido de campaña es este.

M. J. D.: ¿No le parece que en el gobierno hay una sobrecarga del centralismo bogotano?

M. S.:
No creo. En el gobierno trabajan personas de todos los rincones del país. Además, me parece que uno debe escoger las personas por sus cualidades. Muchas personas critican el nombramiento de Germán Vargas Lleras como fórmula vicepresidencial porque es de la misma estirpe de mi papá y es bogotano. Sin embargo yo lo apoyo en esa decisión. Vargas es una persona dedicada a trabajar por el país y tiene grandes credenciales políticas.

M. J. D.: ¿Por qué cree que las encuestas no han sido tan favorables?

M. S.:
Yo soy de la tesis de que el que mucho abarca poco aprieta. Se ha hecho un esfuerzo en varios frentes, empleo, educación, vivienda, en la economía, en la educación, en el precio de los medicamentos, pero desafortunadamente eso ha sido más difícil de comunicar.  

M. J. D.: Basta mirar sus trinos para concluir que usted es antiuribista. ¿Desde cuándo lo es?   

M. S.:
Yo no soy antiuribista. Es que no he podido entender cómo es que hay personas que no entienden que Colombia está lista para dar el paso hacia conseguir la paz. Ya se han disminuido las estructuras terroristas a su mínima expresión y el paso a seguir es el que ha empezado a construir mi papá al abrir la negociación de paz para poner fin al conflicto con las Farc. Como dice mi papá, y hasta el propio Uribe en su libro, la paz no se consigue solo con la guerra. Sin embargo, el expresidente no ha podido cambiar de mentalidad , lo que están empezando a hacer los colombianos. Este país no aguanta otros 50 años de guerra porque ya llevamos más de 6 millones de víctimas y no nos podemos dar el lujo de continuar así.

M. J. D.: ¿Cuándo se enteraron de que su papá estaba dialogando con las Farc?  

M. S.:
Hay  algo que depronto la gente no sabe y es que mi papá también nos margina de cosas. Y creo que lo hace de manera responsable. Nos vinimos a enterar de que estaba en un proceso con las Farc, días antes de que se anunciara la firma del acuerdo con el que se abrían las negociaciones en La Habana. Cuando me lo contó sentí una gran admiración. Dar ese paso no era fácil. A mi papá le estaba yendo muy bien en las encuestas: en los primeros años de su gobierno llegó a tener cerca del 85 por ciento de aprobación. Me explicó que sabía que estaba tomando un riesgo muy alto, pero que prefería pasar a la historia por haber intentado hacer la paz que por haber triunfado en la guerra.  

M. J. D.: ¿Cómo lleva las críticas que se le hacen en los medios a su papá?...Un pajarito me dijo que usted es el Santos que más se perturba cuando lee una crítica hacia el gobierno Santos…

M. S.:
Está equivocada. Hemos logrado construir un cuero bastante grueso a la crítica. No se le olvide que mi papá lleva en la vida pública más de 20 años. Pero además, ahora hay que entender las críticas y aprender a tragar sapos. De hecho ya me he tragado muchos. Mi papá es respetuoso de la libertad de expresión no solo por convicción sino porque fue periodista. Lo que sí nos afecta es cuando la crítica se sustenta en la mentira, como está haciendo la oposición. Esa es una estrategia equivocada e injusta. 

M. J. D.: ¿Y cuáles son las mentiras que dice el uribismo y que le sacan la piedra?

M. S.:
Eso de decir que mi papá le está abriendo las puertas al castro-chavismo, como lo afirma Uribe es una gran mentira. ¡Por favor! como ministro de Defensa fue el primero en cuestionar al chavismo. Esa mentira parece un chiste. Lo mismo nos produce la tesis de que mi papá es el candidato de las Farc. ¿Mi papá, que ha dado de baja a Jojoy y a Cano y a otros 53 cabecillas en su gobierno? Ese tipo de señalamientos sí nos sacan la piedra.

M. J. D.: ¿Y por qué les molestan si son tan absurdos?

M. S.:
Porque hay gente que las cree. Sobre todo si la oposición emprende una gira internacional para decir mentiras, día tras día. Eso termina teniendo efecto. Por eso hemos tomado la decisión de salir a desmentirlas.

M. J. D.: Y sus demás hermanos, Esteban y María Antonia, ¿cómo llevan esta campaña tan complicada?

M. S.:
Mis hermanos son más tranquilos. A mi hermana no le gusta la política y está concentrada en sus estudios. Esteban vive por fuera. O sea que al que le toca vivir estos momentos es a mí.

M. J. D.: No me diga que estoy ante otro Santos con ganas de meterse en política...

M. S.:
Para nada. A mí la política me parece interesante, pero no me gusta ejercerla. Además mi papá siempre le ruega a Dios para que  no me vaya a picar ese  bicho porque dice que saca lo peor de la condición humana y es cierto. La lucha por el poder no tiene límites y eso no me gusta. Pero además, en Colombia debe haber una renovación. Por fortuna se alinearon los astros y Pacho Santos no fue candidato. ¿Se imagina usted dos primos hermanos dobles compitiendo por la Presidencia? Eso no hubiera tenido presentación. Si algo tengo claro es que la gente está cansada de que las mismas familias estén siempre en los escenarios políticos. Y esa es otra razón muy fuerte por la cual no me interesa meterme a la política.

M. J. D.: ¿Pertenece a algún partido?

M. S.:
A ninguno. Solo soy afín a la propuesta de mi papá. Y sabe por qué, porque tengo 25 años y quiero vivir en un país distinto; quiero vivir en paz. Esa es la verdadera razón por la cual mi papá se está presentando a la reelección. Si no estuviera en esa tarea no se hubiera presentado. Yo soy un privilegiado como muchos jóvenes que viven en las ciudades que no se han visto afectados tan directamente por la guerra, contrario a lo que sucede en el campo. Muchos nos hemos acostumbrado a vivir en la guerra y no vemos la inmensa diferencia que supone vivir en un país en paz. Mis hermanos y yo queremos ser la primera generación de la paz en Colombia.

M. J. D.: ¿Usted en qué espectro político se ubica?

M. S.:
En el extremo centro…

M. J. D.: Mmm, me imaginé esa respuesta. ¿Y eso dónde queda: ¿en la derecha?

M. S.:
Queda en esta frase: el mercado hasta donde sea posible y el Estado hasta donde sea necesario.  

M. J. D.: ¿Y a Pacho Santos dónde lo ubica?

M. S.:
En la extrema derecha.

M. J. D.: Desde hace unos meses está escribiendo un blog en el ‘Huffington Post’. Siendo el hijo del presidente Santos ¿no queda como propaganda y le dificulta ser bloguero?

M. S.:
Le confieso que el periodismo me llama mucho la atención. Y sí, desde hace unos meses soy bloguero del Huffington Post, pero ahora lo tengo frenado. Procuro que las cosas que publico tengan sustento. Me gusta citar, meterles cifras y documentarme bien. Adquirí esa disciplina en la Facultad de Derecho de Los Andes. Pero sí le doy la razón: no se imagina la cantidad de temas de los que he tenido que abstenerme  por mi condición…

M. J. D.: O sea que si los Santos fueran aún dueños de ‘El Tiempo’ usted estaría trabajando allí y no andaría en la arena política…

M. S.:
A veces pienso que sí me hubiera gustado. Cuando mi papá vendió las acciones de El Tiempo yo estaba muy chiquito. Ahora entiendo que le tocaba. Era inconcebible que el presidente fuera dueño del periódico más influyente. Pero sí me da lástima porque a mí me habría gustado estar allá hoy. 

M. J. D.: O sea que más bien usted quiere seguir los pasos de su tío Enrique Santos Calderon …

M. S.:
Pues a Enrique lo admiro y lo quiero muchísimo. Él siempre me regaña porque me dice que no farandulee tanto, aunque me han dicho que en su época él también lo hacía.  

M. J. D.: ¿Y farandulea mucho?

M. S.:
Ahora trato de no salir mucho. Y créame que eso de entrar a los sitios con seguridad, que la gente lo mire a uno y que lo critiquen porque se toma un trago o diez o porque le habla a una niña o a tres, es muy harto, pero lo entiendo. Por eso procuro cuando tengo tiempo compartir con mis amigos en sus casas y de vez en cuando salgo a un bar o a un restaurante.  

M. J. D.: ¿Qué ha aprendido como hijo de presidente?

M. S.:
Que cuando uno está en el poder se da cuenta de quiénes son sus amigos. Nosotros por supuesto hemos tenido momentos extraordinarios, pero también no tan buenos.

M. J. D.: ¿Y cuáles han sido los extraordinarios?

M. S.:
Muchos, pero si tuviera que nombrar uno sería el día de la Operación Jaque.

M. J. D.: ¿Y los más aciagos?

M. S.:
Cuando nos enteramos del cáncer de mi papá. Yo estaba en Nueva York y mi mamá me llamó a contarme. Se me vino el mundo al piso. Después entendimos que era manejable, que era frecuente en los hombres y que se había detectado a tiempo. Sentí lo mismo el día que a mi papá le pasó el episodio de incontinencia en Barranquilla: frustración. Me parecía frustrante que luego de tantos esfuerzos para dedicarse de lleno a servirle a su país un episodio que se le sale a uno de las manos, hubiera terminado siendo utilizado por la oposición para ponerle a la campaña una traba. Eso da mucha piedra. Pero uno se cae y se vuelve a levantar.

M. J. D.: ¿Cree que su papá va a reelegirse a pesar de que está bajando en las encuestas?

M. S.:
Estoy absolutamente convencido de eso.
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