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| 3/31/2007 12:00:00 AM

¿En qué anda Mockus?

Viaja de ciudad en ciudad empeñado en transformar la cultura del país. En medio de la para-política, y seis meses antes de las elecciones, sus reflexiones caen como anillo al dedo. ¿Está de regreso?

La última vez que apareció en política, tenía un sombrero anaranjado en la cabeza que, según él, invitaba a cumplir la ley y gritaba ¡No todo vale! Con esto quería explicar que los ciudadanos no pueden hacerle el quite a lo legal y salir ganando. El mensaje de ese triángulo fue indescifrable para muchos, y para otros rayó en lo cursi. Pese a su esfuerzo por conquistar votantes, las urnas le fueron adversas y del ex alcalde no se volvió a saber más. Pero Antanas Mockus siguió su camino y anda con el acelerador a fondo empeñado en cumplir el propósito que siempre lo ha obsesionado: transformar la cultura ciudadana del país.

Y la tarea no es cosa fácil. Mockus tomó el camino que más le gusta, que cree correcto y que requiere de tiempo y mucho trabajo: la pedagogía. Por medio de la Corporación Visionarios estudia a fondo las ciudades del país, hace encuestas y talleres que él mismo coordina. Por ahora avanza en Cali, Cartagena y Neiva. Quiere conocer los asuntos que gobiernan la mente de los colombianos a la hora de actuar, de votar, de cumplir o incumplir la ley. Saber de razones, de emociones y encontrar un sendero que conduzca a esta sociedad más sintonizada con la ley, que con el atajo para evadirla.

Este empeño tiene a Mockus en apariencia apartado de la organización electoral, pero a la hora de contestar si piensa en volver a la Alcaldía de Bogotá como una opción para el momento, explica que la respuesta no depende de él exclusivamente, sino de lo que necesite la gente, pero sobre todo, que la razón única sería que desde una tercera oportunidad, continuara con su transformación. "Yo le jalo a hacer muchas cosas, pero me gustan los procesos colectivos. Apuesto que este proceso de mejoramiento de la lógica electoral puede ser más valioso que lo que podría hacer en la Alcaldía", dice. De lo que se puede inferir que no le dan muchas ganas de meterse ahora en una nueva aventura electoral.

Para nadie es un secreto que entender a Mockus es un asunto de cuidado, de atención y paciencia. En esta charla con SEMANA, Antanas habla, se detiene, va por un lado, por el otro. Cuenta una anécdota, increpa, señala, aterriza y se eleva de nuevo. Su intención es hacer entender la lógica de sus ideas. Vale la pena sumarse al consenso que indica que él tiene cosas para enseñarle a la política, que es un referente necesario para la ética y que en los tiempos angustiosos de la para-política, su voz puede ser un puerto de partida, si el país quiere cambiar de verdad, desde el fondo.

Antes de mirar hacia adelante, Mockus mira para atrás. Recuerda el ejercicio de planeación por escenarios que se conoció como Destino Colombia que se hizo en 1998 y en el que participaron 42 personas que durante un tiempo estuvieron pensando en lo que venía para el país. Le impresiona que todo lo que allí se dijo y se redactó, se hizo realidad. Para él, es en el escenario tres donde aparece la causa de buena parte de lo que hoy se vive por la alta infiltración paramilitar en la sociedad. "Se trataba de que el Ejército no violara los derechos humanos, por lo que los sectores que apoyaban esa violación encontraron el gran atajo, para que los violaran los paramilitares". Y si los atajos ganan, asegura, esos atajos quedan legitimados.

Para él, los atajistas ganaron terreno y allí todo se complicó. Esa es la cultura contra la que hay que luchar. Ese atajo tuvo costos muy altos y sembró una cosecha que ahora se está recogiendo. "El país siguió caguanizado, es como si en esos años de proceso el país se hubiera transformado en un cuadrilátero de lucha libre en donde el malo va ganando y el bueno es humillado y maltratado, pero cuando viene el desquite y el bueno logra sacarle los ojos al malo, la gente ya está tan llena de emociones negativas, que no mira cómo lo hace, si limpiamente o por fuera del ring".

Ante todo, es un profesor que no deja de ejemplificar su discurso y sus ideas, por lo que afirma que una vez establecida esa realidad, es posible imaginarse a la sociedad diciendo no más atajos, para avanzar en seguridad, así toque ir más despacio. ¿Así que no se trató nunca de un asunto ideológico? Mockus responde que no cree. Según sus encuestas de cultura ciudadana, las respuestas sobre el rechazo a guerrilla y paramilitares es igual. Admite que hay indicios que muestran cómo una parte de la sociedad colombiana pensó, como si se tratara de una lección, que tenía que usar métodos irregulares porque de otro modo no se conseguían los objetivos que tuvieran, y dijo "a enfermedades extraordinarias, se necesitan remedios extraordinarios. Lo paradójico es que unos dicen que sí se avanzó. Pero quienes miran las secuelas dicen, ¡ojo! que incubamos unas enfermedades de pronto más graves", concluye.

A este colombo lituano algunos consideran una joya guardada que aún el país no está listo para lucir, y otros, simplemente como un loco enredado que ya está quemado. Pero él sigue desenvolviendo sus tesis que dan un paso más y llegan al asunto concreto de la para-política. ¿Cómo superar esta situación? ¿Desde los comportamientos electorales y sociales o con reformas constitucionales, legales o con la actuación de la justicia?

Mockus se levanta y menciona que tiene que tomar un vuelo en menos de una hora, pero no se inquieta. Anda en lo suyo, pensando en voz alta y tratando de hacerse entender. Igual, dice, siempre llega sobre la hora a los aviones. "La rama judicial tiene la posibilidad de demostrar que la injerencia de la política en ella es limitada. Es una oportunidad para aprovecharla. Pero esta vía no garantiza que cambien los comportamientos".

Hace la afirmación luego de recordar lo que pasó cuando en el país se habló de la obligación para los conductores de usar el cinturón de seguridad. "Hasta que la gente no entendió el riesgo, no aceptó la norma". Por eso dice que sería muy conveniente que los políticos implicados hagan una reflexión desde lo más profundo de su conciencia y le envíen un mensaje al país. El cambio debe venir desde adentro, que sea claro que saben por qué lo hicieron y por qué no se debe volver a hacer. Que haya argumentos y razones que desvirtúen que tomar un camino equivocado paga. Para Mockus eso vale más que miles de años de condena en una cárcel. "Si la justicia funciona bien, llega un momento en que el acusado se derrumba. Siente el peso simultáneo de tres cosas, la ley, las pruebas, la sanción social y entonces, la conciencia, que al principio se escondía en excusas morales, aparece".

Su propuesta de transformación incluye conocer qué gobierna el pensamiento del votante. Eso es lo urgente para las elecciones de octubre, que están tan solo a seis meses. Mockus afirma que lo ideal sería generar en la gente mensajes sobre la intimidad del voto y las razones para ejercer ese derecho. Que los votantes no sólo sepan por quién votarán, sino que entiendan las razones por las que lo van a hacer y se pregunten ¿qué pasa si yo vendo mi voto? ¿Por qué no debo volver a votar por ...

El 'visionario' sigue su rumbo. Se va a tomar el vuelo que lo espera mientras asegura que sí hay cosas que se pueden hacer porque tiene demostrado que los colombianos pueden cambiar. Antes de despedirse anticipa, sin ser muy claro cuándo, que no cesará en su empeño: "Si para eso hay que gobernar , pues se gobernará y si para gobernar se necesitan elecciones, entonces se participa y si tratando de transformar la cultura, me encuentro con que la única posibilidad es ganar las elecciones, pues las ganaremos".

Mockus está de regreso.
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