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| 3/4/2006 12:00:00 AM

En la recta final

Rodrigo Rivera, en el agite de Bucaramanga. Rafael Pardo, en la tensa calma de San Vicente del Caguán. Ambos aprovecharon estos escenarios para exponer sus diferencias con Uribe.

Rodrigo Rivera y Rafael Pardo jugaban de visitantes. Rodrigo Rivera, el martes 28, en Bucaramanga, un fortín serpista, al menos en el papel. Rafael Pardo, el jueves 2, en San Vicente del Caguán, el corazón mismo del territorio de las Farc, una organización que no lo quiere ni poquito desde diciembre de 1990, los tiempos del bombardeo a la sede del Secretariado en La Uribe cuando Pardo era ministro de Defensa del presidente César Gaviria.

Ambos aprovecharon en sus viajes los papayazos que les dio la coyuntura. Rivera estrenó firma del TLC, y Pardo, una larga semana de desmanes de las Farc contra civiles indefensos.

En la rueda de prensa que ofreció en la sede del Directorio Liberal Departamental, en un almuerzo con empresarios en el Club del Comercio y en dos entrevistas que les concedió a canales locales de televisión, Rivera lamentó que los negociadores hayan visto el campo como un negocio y no como un tema de seguridad nacional. "A Israel le saldría más barato importar comida que producirla con sistemas tan costosos como el riego por goteo. Pero ellos, como los europeos y Estados Unidos, ven el campo como un tema de seguridad nacional. Por eso lo cuidan, porque saben de la importancia estratégica que tienen la ocupación efectiva del territorio y la seguridad alimentaria".

Pardo, por su parte, sacó partido de los actos de barbarie que han cometido las Farc y que le dieron un sentido inesperado a un viaje que había planeado hacía dos semanas. "Yo no voy donde están los votos sino donde están los problemas. Yo no puedo hacer un programa de gobierno sin ver en caliente lo que siente el país". Pero la situación que vivía San Vicente le permitió, sobre el terreno y sin necesidad de teorizar, decirles a los líderes comunales y a los periodistas que lo acompañaron que la seguridad democrática está muy lejos de haberse consolidado. Estaba a la vista: en un municipio con un permanente movimiento de tropas y helicópteros, las Farc pueden organizar un paro armado. Casi todo el comercio estaba cerrado, por un galón de gasolina pedían 12.000 pesos, incluso 20.000 pesos, y los habitantes decían estar pasando física hambre.

Pardo es un hombre de pocas palabras. Tiene fama de antipático, un rasgo muy común entre personas tímidas y reflexivas. Es parco a menos que le hablen de Santa Fe. Pregunta por Gareca, lamenta las sucesivas derrotas ante Nacional y Bucaramanga... Otro tema que lo pone a hablar de corrido es la estrategia militar. Durante las dos horas de vuelo entre Bogotá, San Vicente del Caguán y regreso, con el general retirado Manuel José Bonnet comparó los helicópteros norteamericanos y los rusos, habló de tácticas, de lo pesados que son los equipos que cargan los soldados en campaña...

Rivera, en cambio, es cálido. Muy cálido. Sonríe todo el tiempo. Rebosa entusiasmo y optimismo por todos sus poros. Saluda a todo el mundo. En la calle, en los parques. Incluso a los que le hacen el feo. Algo muy profundo parece asegurarle que va a ganar la consulta liberal. De hecho, en Bucaramanga comentó un par de veces que en una encuesta de Sweet había derrotado a Serpa. Como diría un argentino: se tiene una fe bárbara.

En Bucaramanga se atrevió a caminar, con papayera incluida, desde el Parque Santander hasta la carrera 15, por toda la calle del Comercio, una vía peatonal plagada de vendedores ambulantes. Pocos días atrás, recuerda el periodista Gerardo Martínez, Serpa hizo el mismo chiste y los uribistas lo chiflaron. A Rivera no lo aclamaron. Algunos pasaban indiferentes, pero decenas de personas no sólo aceptaron su saludo, sino que de manera espontánea lo felicitaron por sus propuestas. En el parque principal de Floridablanca comió oblea y se paseó por el de Girón con una Kola Hipinto color magenta que hacía juego con su camisa blanca y sus bluyines.

Pardo, a pesar del paro armado, logró convocar a unos 50 líderes de San Vicente del Caguán para oír sus quejas y tomar nota de ellas. Pardo se califica a sí mismo como un mal orador. Pero al tomar la palabra se mostró muy claro y convincente para exponer sus argumentos. Sacó a relucir sus dotes de profesor universitario. Explicó su programa de seguridad que, entre muchas otras cosas, propone crear una guardia rural integrada por personas de la región que generen confianza y tengan sentido de pertenencia con su tierra. "Sólo con Fuerza Pública no se consolida la seguridad democrática". Recordó que en tiempos en los que dirigía el Plan Nacional de Rehabilitación (PNR) se había trazado la carretera Neiva San Vicente y que los sanvicentunos venían a contarle ahora que después de 20 años la obra seguía inconclusa. Habló de complementar el despliegue militar con inversión social y también catalogó a las Farc de cometer actos de terrorismo masivo. "Llevar la guerra a tal extremo de insensatez es un delito de lesa humanidad". Y comentó que seguramente las Farc, influidas por el mal ejemplo de la política gubernamental para con los paramilitares, "donde sus atrocidades sin nombre no tendrán castigo, piensan que sus acciones sangrientas las llevarán a la mesa de negociación, donde habrá borrón y cuenta nueva de todas sus iniquidades".

Y si Pardo se siente cómodo cuando habla de seguridad, Rivera lo hace cuando habla de descentralización. Sostiene que las riquezas están en las regiones y que en Bogotá sólo están las normas y los controles. Propone un modelo similar al de España, donde las regiones deciden todos sus temas, salvo relaciones internacionales y defensa.

Pardo y Rivera tienen algo en común: evitan a toda costa las confrontaciones personales. Cuando a Rivera intentaban picarle la lengua, contestaba: "Es que el enemigo no es Uribe. Los enemigos son la pobreza, el terrorismo y la violencia". Pardo ni siquiera deja que le toquen el tema. En el aeropuerto saludó muy amablemente a la senadora Dilian Toro, del 'Partido de la U'. ¿Juan Manuel Santos? "Hace rato no hablo con él". Punto final.

Pardo el parco, Rivera el cálido. Dos candidatos que, sin ser antiuribistas furibundos tienen bastante qué señalar y aportar, y más en una campaña tan polarizada donde sólo se escucha decir blanco o negro, a favor o en contra, odio o amor.
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