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| 12/7/2013 12:00:00 AM

Los atajos en TransMilenio, la ruta directa hacia el caos

La intolerancia, los robos, las agresiones y los abusos en el sistema de transporte en Bogotá son el reflejo de ciertos valores.

“Una compañera le dijo a un muchacho que se metió a la estación por una de las puertas de vidrio que pagara el pasaje.  Él no le hizo caso y ella le insistía hasta que este tipo la escupió en la cara. Mi compañera se puso muy brava y le dio un puño”, cuenta Diana una funcionaria de TransMilenio que está de turno en la estación Museo del Oro en el centro de Bogotá.

El incidente que ella narra ocurrió en la estación Avenida Jiménez. Luis Felipe, un bachiller de la Policía  que está trabajando en la estación Américas-carrera 53 en Puente Aranda, dice que hace dos meses un compañero recibió dos puñaladas por la misma razón: intentar detener a un usuario que se metió sin pagar a la estación Tercer Milenio por las puertas de entrada a los buses articulados.

Estos son dos ejemplos de un comportamiento que es moneda corriente en el sistema de transporte
TransMilenio, según las autoridades y los mismos pasajeros. La intolerancia, las agresiones entre los usuarios, el maltrato que deben soportar los funcionarios del sistema por cumplir su trabajo, los golpes, empujones y pisotones que reciben algunos para poder entrar y salir de los buses son el reflejo de una conducta que han detectado varias investigaciones hechas en el país. Estas suelen afirmar que los colombianos tendemos a resaltar la importancia y el valor de las normas pero, en la práctica, no hacemos otra cosa que incumplirlas, o que estaríamos dispuestos a no acatar la ley con tal de obtener un beneficio personal a corto plazo así eso afecte a los demás.

Esas conductas han recibido varios nombres pero el más recordado es el de Antanas Mockus, quien en sus dos periodos como alcalde de Bogotá y en sus investigaciones lo ha denunciado como 'la cultura del atajo': uno de los peores males del país, pues permite explicar los fenómenos de violencia que permanecen en el tiempo, la corrupción y la conformación de mafias y grupos al margen de la ley.

Saltarse la ley no sólo ayuda a comprender todos estos fenómenos nacionales sino comportamientos más pequeños y cotidianos como empujar a alguien por el afán de llegar temprano a la casa o subirse a un bus sin pagar creyendo ser más “vivo” que los demás.

Muy lejos de la ley


La idea de la cultura del atajo propuesta por Mockus parte de la premisa de que en Colombia hay un “divorcio” entre la ley, la moral y la cultura. Esto quiere decir que hay leyes como la Constitución, que dictan lo que puede hacerse y lo que no en el país, pero los valores culturales o lo que es socialmente aceptado no tiene nada que ver con lo que dice la norma. 

Sucede lo mismo con la moral o los principios personales: hay unas normas a las cuales deberíamos apegarnos pero nuestros valores están muy alejados de lo que ellas nos dicen. En Colombia, los valores personales y nuestra cultura no siguen la ley y en cambio, aprueban conductas ilegales pues actuar por fuera de la norma es más fácil aunque sea más costoso y perjudicial a largo plazo.  

Alejandra Ariza investigadora de Corpovisionarios, entidad que promueve la cultura ciudadana, lo explica con un ejemplo: “la gente sabe lo que está mal y lo que está bien, así que la ley no se evade por desconocimiento. Si uno pregunta la gente dice que la ley es muy importante pero si uno les dice si estarían dispuestos a incumplirla por su familia el 50% lo haría. Esto sucede porque culturalmente en Colombia hay cosas más importantes como la familia o el beneficio personal que hace que la gente se salte la ley aunque sepa que eso no está bien. No está mal valorar la familia o buscar un beneficio personal, lo que está mal es creer que se puede evadir la ley por conseguir lo que uno quiere.”  

Foto: Daniel Reina Romero / SEMANA

La cultura del atajo en todo su esplendor

Pasar por encima de la ley en TransMilenio es el karma de todos los días de los usuarios y funcionarios del sistema. De las 131 estaciones en servicio, hay 29 que son consideradas las más problemáticas es decir el 22%, según José Luis Palomino Comandante de la policía de TransMilenio. 

De los nueve portales, hay seis en donde son más recurrentes los actos indebidos por parte de los usuarios es decir el 66%. Según el Informe decenal de cultura ciudadana en Bogotá 2003-2013 de Corpovisionarios el 50% de los encuestados afirmó que la situación que más ha vivido en TransMilenio es que le han bloqueado el paso al entrar o salir de los buses, seguido de haber visto a alguien ingresar al sistema sin pagar con el 41%

El portal Américas, al occidente de la ciudad, es uno de los puntos donde, según la policía, se ven más “colados”. Siete mil personas ingresan semanalmente a este lugar sin pagar. El informe de Corpovisionarios también muestra que la cultura del atajo no solo se ejerce sino que se tolera: el 69% de los bogotanos no hizo nada cuando no lo dejaron pasar intentando entrar o salir de un bus y el 93% prefirió guardar silencio cuando vio que alguien entraba al sistema sin pagar. 

Más paradójico aún es que el 52% de los usuarios dice que entrar ordenadamente a un bus es sinónimo de respeto pero el 68% dice que cuando no lo hace es porque tiene afán. Un 37% justificaría entrar sin pagar porque no tiene plata y al 20% no le parece grave colarse en TransMilenio.   

Esta forma de evadir la ley también se pone en evidencia cuando se presentan casos de intolerancia. Según el coronel José Luis Palomino, los usuarios reaccionan de forma agresiva cuando se los detiene en flagrancia o con indiferencia cuando se les llama la atención. 144 personas han sido detenidas por ataque a servidor público y 189 por agredir a otros usuarios, principalmente con arma blanca. Diana, la funcionaria que trabaja en la estación Museo del Oro y que vio como un pasajero escupía a una de sus compañeras, dice que muchas veces le han dicho “lambona” y “sapa” cuando les pide a los usuarios que paguen el pasaje o que no empujen cuando van a entrar al bus.

En total se han capturado en flagrancia a 1364 personas y 3035 fueron conducidas a la Unidad permanente de justicia UPJ por alguna conducta indebida. Entrar a TransMilenio sin pagar tiene una multa de 589.500 pesos, equivalente a un salario mínimo, que sin embargo no impide que los pasajeros se sigan colando. Además de colarse y empujar para entrar o salir de los buses en Transmilenio, hay otras conductas ilegales y moralmente cuestionables como las de los hombres que manosean a las mujeres, situación por la que han detenido a 31 personas este año y el robo de celulares y pertenencias de valor. Este año van 389 capturados.

Diariamente TransMilenio moviliza a 1.800.000 personas a través de sus nueve portales y 131 estaciones. De estas, 20 mil atentan contra los usuarios y contra el sistema por colarse, entrar o salir desordenadamente de los buses, por dañar la infraestructura o por agredir a pasajeros y funcionarios. Este mal comportamiento diariamente le cuesta a TransMilenio 34 millones de pesos.    
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