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| 6/2/2011 12:00:00 AM

"En Venezuela, el humor es la vía para hablar de lo que no se puede"

Para el politólogo y comediante Laureano Márquez, con la permanencia de Chávez en el poder ha surgido un contrapoder: la risa. Un análisis de la situación del país vecino, desde la mirada seria del humor.

La risa era la luz de los hombres. No en vano, en El nombre de la rosa de Umberto Eco, el libro prohibido para los monjes medievales era La Comedia de Aristóteles; un tratado sobre cómo hacer reír, que extrañamente se perdió. En la novela de Eco, quienes se acercaban a él, morían envenenados.
 
En tiempos aciagos, las carcajadas de una “bruja” sacan de quicio a los inquisidores y ponen a temblar a los jerarcas. De ahí surgen las prohibiciones, el oscurantismo y las mentiras. La risa sacude las estructuras del poder y disipa las tinieblas. Por eso hay quienes le tienen miedo.
 
Esa es la consigna que mueve la obra del nacido en España y radicado en Venezuela, Laureano Márquez. El politólogo y columnista del diario Tal Cual (Venezuela), se define asimismo como “especialista en carreras inconclusas”, pues no terminó Derecho, ni Filosofía, ni Teología. No obstante, se dedicó a una carrera más seria: el humor.
 
Márquez fue invitado por el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózoga al foro La sencilla complejidad de la realidad venezolana que versó sobre los desafíos que atraviesa la democracia del país vecino. Llegó vestido de smoking, pues no le dejaron entrar en bluyines al club en el que se celebró el encuentro. “Me dijeron que me vistiera adecuadamente, y esto fue lo que encontré”, dice, después de haber ido a un almacén de ropa.
 
Semana.com habló con el humorista sobre los desafíos de la oposición, el humor como arma política y la cultura en Venezuela. Para él, “el humor es una forma que tienen los débiles de decirle al poderoso que se está equivocando”.
 
Semana.com: ¿Tuvo problemas para salir de Venezuela como le ocurrió con Oscar Schemel, presidente de Hinterlaces, quien finalmente no pudo asistir al foro?

Laureano Márquez:
Yo no tengo problema para salir de Venezuela. Mis problemas son fundamentalmente para entrar.

Semana.com: ¿A qué vino a Colombia?

L.M.:
Creo que se debe a una equivocación del Instituto de Ciencia Política porque estaban buscando a un analista sesudo, y vieron el nombre “Laureano” y pensaron que podría serlo. Creo que esta invitación ha sido importante para clarificar y entender lo que nos pasa, porque los venezolanos lo hemos comprendido cabalmente.
 
Semana.com: ¿Sigue el trabajo de algún humorista colombiano?
 
L.M.: Me gusta Daniel Samper, tanto el padre como su hijo. De los humoristas de escenario me gusta Andrés López. Tuve la oportunidad de conocerlo. Creo que hace un análisis muy simpático de la realidad colombiana, que se conecta mucho con la venezolana. Una de las cosas que revela el humor es la similitud entre nosotros. A Jaime Garzón lo admiraba muchísimo, creo que tuvo un desenlace trágico. Con él comparto la coincidencia de ser politólogos.
 
Semana.com: ¿Cómo es que un politólogo aterriza en el humor?
 
L.M.: Pedro León Zapata, un humorista venezolano, dice que el humor es un defecto con el que vienen al mundo ciertas personas. Ese defecto consiste en ver las cosas de determinada manera. El humorista ve la realidad bajo unos códigos. Uno va descubriendo que tiene habilidad para el humor (a veces es el último en descubrirlo), que habla absolutamente en serio y la gente se ríe. Los códigos ayudan a encontrar qué hay detrás de las cosas. El humorista trata de desentrañar las verdades profundas que están detrás de unos hechos aparentes.
 
Semana.com: Una de sus obras más importantes es La Reconstituyente, ¿de qué se trata?
 
L.M.: La Reconstituyente es una obra que se hizo a comienzos del gobierno actual de Venezuela. Fue pionera de lo que vendría después. Fue un análisis del gobierno que salía, del presidente Caldera, y del que entraba, de Hugo Chávez. Tuvo una magnífica acogida en la sociedad venezolana porque el humor es capaz de percibir en unos hechos la amenaza que se cierne. Cuando Charles Chaplin filmó ‘El Gran Dictador’, todavía el mundo no conocía los horrores de Adolfo Hitler. El mismo Chaplin en su autobiografía dijo que si él hubiera sabido todo lo que Hitler haría probablemente no se había atrevido a hacer la película.
 
Semana.com: ¿En esa obra que previó?
 
L.M.: La obra mostraba el espíritu autoritario, arbitrario y caprichoso del presidente Chávez.
 
Semana.com: En una de sus recientes columnas sobre las elecciones en Perú, usted habla de un presidente del cual Keiko Fujimori y Ollanta Humala se quieren alejar. Pero, lo llama “Esteban”. ¿Se refiere a Chávez?, ¿hasta allá ha llegado la dificultad para llamar las cosas por su nombre?

L.M.:
En Venezuela comenzamos a llamar las cosas por otro nombre porque, en mi caso particular, he tenido varias sanciones penales. Eso es parte del miedo que hay en la sociedad venezolana. Pero el humor tiene la facultad de crear códigos de comunicación con el público que permiten hablar de cosas que no se pueden denominar por su nombre.

Como decía el humorista Aquiles Nazoa: “El humor es una forma de hacer pensar sin que el que piense se dé cuenta que está pensando’”.
 
Semana.com: Usted hizo parte de la campaña para salir a votar en septiembre pasado. ¿Cómo ve el papel de la oposición después de ocho meses de estar de vuelta en la Asamblea venezolana?

L.M.:
La oposición la tiene difícil porque la Asamblea está bajo el control del oficialismo. Sin embargo, ha hecho un papel interesante. Por primera vez, en mucho tiempo, hay una voz opositora, la posibilidad de que la disidencia se exprese, que haya un foro para el intercambio de ideas. Creo que los venezolanos necesitamos hablar y escucharnos. La presencia de la oposición en la Asamblea Nacional, aunque sea con el criterio de que con mayoría de votos obtuvo minoría de escaños, es importante.
 
Pero tiene tareas pendientes: el momento que vive Venezuela exige una actitud más comprometida con los destinos del país y dejar a un lado las ambiciones sectoriales. También, trabajar en un proyecto alternativo, porque la idea de sustituir a Chávez no es suficiente para que la ciudadanía se sienta convocada. La gente necesita saber qué futuro alternativo se le ofrece.

Semana.com: ¿Cómo ve el futuro de la elección presidencial que se celebra el año entrante?

L.M.:
No es una elección fácil para la oposición. Primero, porque el presidente cuenta con una ventaja extraordinaria: maneja, al margen de las leyes, los recursos públicos del Estado para su propia campaña; tiene el control de las instituciones venezolanas; tiene la facultad de moldear las reglas electorales y el control del Consejo Supremo Electoral. Chávez tiene la capacidad de ‘llevar la brasa a su sardina’ (aprovecharse de las circunstancias).

Pero la oposición está haciendo su trabajo. Hay una Mesa de Unidad Democrática que seguramente va a llegar a las elecciones con un candidato único.

Semana.com: ¿En su opinión cuán sostenible es el acercamiento de Venezuela y Colombia, ahora que sus presidentes son los “mejores amigos”?

L.M.:
No van a existir unas relaciones duraderas y confiables mientras exista la incertidumbre en Venezuela. La situación política venezolana depende de la discreción y la voluntad de una persona, más que de las instituciones. Mientras las instituciones no vuelvan a funcionar, no podrá haber una relación predecible y confiable.

Uno de los principales objetivos que tendrá el futuro gobierno será restablecer la confianza. Porque para Venezuela como para Colombia es importante tener un buen intercambio comercial, cultural y una buena amistad. Somos repúblicas hermanas, con una tradición bolivariana que nos une, con una vecindad que nos obliga a coexistir en armonía y en paz.

Semana.com: Para la cultura, ¿cuáles han sido las consecuencias de los años del chavismo?

L.M.:
La cultura venezolana está floreciendo de manera espectacular. Hay obras de teatro, escritores haciendo novelas, acabamos de tener un festival del libro que ha tenido una recepción extraordinaria. La cultura florece a pesar de que el Estado no tiene una política cultural y de que a veces nos cierra espacio. Hay sitios que pertenecen al Estado y no nos los presta o nos cancelan las presentaciones. Pero la sociedad venezolana ha creado espacios alternos. Venezuela está pasando por un momento extraordinario, y no es casual. La cultura aflora cuando más amenazadas se ven las libertades de la gente. Es la vía que para decir cosas que no se pueden decir.

Semana.com: Una encuesta de la firma Gallup dice que los venezolanos están en el ranking de las personas más felices del mundo. Usted se burló de sus resultados en una columna. ¿Por qué?

L.M.:
Dudo de todo. Dudo de los métodos de encuesta de Gallup, en este caso. Porque convivo diariamente con algo que no parece del cuarto país más feliz del mundo. No puedo explicar cómo la gente de Venezuela está emigrando a países que son menos felices que en Venezuela. España y Estados Unidos son países menos felices que nosotros, y según la encuesta, la gente se está yendo para allá. Nadie busca su propia infelicidad.

La felicidad de un ser humano no es individual, porque el hombre es un animal político. La felicidad es que la polis, la comunidad en que uno habita, sea feliz. De esa felicidad colectiva se deriva felicidad personal, pero no ocurre al contrario. La suma de muchas felicidades individuales no hace una felicidad colectiva.

Semana.com: Usted ha escrito sobre las nuevas tecnologías y su influencia…

L.M.:
Están influyendo notablemente, porque permiten establecer vínculos entre los ciudadanos, permiten decir cosas a quienes no tienen acceso a los medios públicos. Permiten medir el clima de opinión y vencer las limitaciones legales de la comunicación en Venezuela. Es un espacio en el que la libertad de comunicación fluye mucho mejor.

Semana.com: Finalmente, ¿cuál es su opinión sobre su trabajo en el que se combinan las tragedias políticas con las comedias sociales?

L.M.:
Es una actividad que se nutre de las cosas que al ser humano le angustian, de los interrogantes de la existencia. El humor nos ayuda a vencer el miedo. Nos ayuda a sobrellevar y exorcizar la intolerancia. Si uno es capaz de reírse de sí mismo, antes que de las personas distintas o que no piensan igual, uno se va volviendo tolerante. El humor nos permite comprender que las diferencias no son tan graves para llegar al enfrentamiento, sino que hay caminos de resolución. Es un instrumento de corrección social, de análisis, crítica y autocrítica. A través de él, la sociedad le dice al poderoso las cosas en las que se está equivocando o “aquí estoy, existo, tómame en cuenta”.

El humor y la burla son dos cosas distintas. La burla es descalificadora, el humor es comprensivo. La burla es agresiva, el humor es tolerante. La burla ataca los defectos físicos, que no se pueden cambiar, el humor ataca los morales, los que se pueden cambiar. El humor tiene que ver con lo esencial y la disposición del alma. Es una forma de amar.
 
Vea una de sus presentaciones:



Vea una de sus presentaciones en el Festival Internacional del Humor (Caracol TV):


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