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| 9/2/1996 12:00:00 AM

ENCUENTROS CON MARIA

El periodista Gerardo Reyes fue el primero en conocer a la famosa informante María. Estas son sus impresiones de los primeros contactos con ella.

Mi carta la encontraron metida entre el libro de las Memorias de Churchill en la biblioteca de Fernando Botero durante una diligencia de inspección judicial pedida por el ex ministro a la Fiscalía hace dos meses. Estaba fechada el 9 de junio de 1994, tenía en su encabezamiento el logotipo del Miami Herald y, en resumen, le pedía al candidato presidencial Ernesto Samper Pizano su opinión sobre las comprometedoras declaraciones de una mujer llamada María.
"La mujer sostiene que en 1990 estuvo presente en una reunión en Cali en el apartamento de Fernando Espinosa, jefe de almacenes de la Aduana, donde usted recibió 400 millones de pesos que habían sido recaudados por varios miembros del cartel del Cali, organización para la que ella trabajaba...".
No tuve respuesta a esa petición a pesar de varios anuncios de que sería contestada. La carta era sólo el comienzo de una indagación periodística que parece no tener fin y que surgió de una entrevista de tres horas que sostuve con María en abril de 1994, cuando Samper era un candidato presidencial en primera vuelta y los narcocasetes estaban apenas grabándose.
Primer encuentro
La historia de María comenzó con una llamada a mi oficina en el Herald de un paisa misterioso que me sugirió que nos reuniéramos en un sitio al noroeste de Miami.Después de varios días me reuní con el paisa en un restaurante, donde me saludó ceremoniosamente y, mirando a su alrededor, me dijo en un tono de una cursi trascendentalidad: "Mire la hora, anote la fecha y el nombre de este lugar porque hoy, aquí, termina la vida política de Ernesto Samper".
Dijo que era informante de la DEA, describió sus funciones de correo en el cartel de Cali y finalmente me anunció que quería presentarme a una mujer que sabía mucho sobre Samper. "Llamémosla María", dijo, y así quedamos.Al día siguiente conocí a María en un restaurante del norte de Miami. Su carácter directo y desapasionado contrastaba con el del paisa. Contrastaba además con el de la mujer vacilante que apareció ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado la semana pasada, sugiriendo que detrás de la muerte de los testigos de su historia había solamente una mano y construyendo teorías sobre la corrupción.
Durante la primera entrevista habló despacio y al principio el nerviosismo la dejaba sin aire. Después de contar un torrente de historias sobre su vida , como si llevara varios años sin hablar, le dije que empezáramos en orden y encendí la grabadora sobre la mesa del restaurante.
María se tranquilizó y me contó su vida. Lo primero que me aclaró es que se había hecho informante de la DEA desde 1985 por un impulso casi mesiánico de combatir las drogas que habían destruido a dos hermanos suyos. Al principio su papel en la organización era de simple tramitadora de permisos de armas, pero al ganar un poco más de confianza se dedicó a borrar antecedentes penales en el DAS de Cali. Al mismo tiempo se encargaba de conseguir modelos para las bacanales de algunos de los cabecillas del cartel . Luego la pusieron a comprar armas al Ejército para los escoltas y finalmente la enviaron a contestar llamadas en la trastienda de un negocio de fachada.
Me dijo que cada cosa que veía y que hacía la reportaba a la DEA en Bogotá. Pero en 1991 su misión tuvo que ser suspendida abruptamente, pues ella y dos agentes de la DEA fueron detenidos en Cali frente a la plaza de toros por porte ilegal de armas. Si los agentes norteamericanos se identificaban, eran hombres muertos. Después de varias horas de estar detenidos en una estación los agentes y la informante fueron liberados. Al día siguiente María fue enviada a Estados Unidos. Se había quemado.Su encuentro con Samper, me dijo, se inició luego de que un vecino le comentó que Fernando Espinosa, el jefe de almacenes del Fondo Rotatorio de Aduanas de Cali, quería conocerla para buscar acercamiento entre el candidato liberal y el cartel de Cali.
María conoció a Espinosa, y a través de él se enteró de la estrecha amistad que tenía con el carismático candidato del Partido Liberal. Espinosa, un hombre viudo con tres hijos, le dijo que acababa de llegar de vacaciones de San Andrés, donde su familia y la de Samper habían estado juntas. María hizo una buena amistad con el funcionario de Aduanas y después de varios contactos le presentó a un hombre clave en el cartel de Cali llamado Walter Franco.
Según María, Franco y Espinosa se reunieron varias veces para acordar un encuentro en Cali entre los cabecillas del cartel y Samper. La idea no era buscar un apoyo para la campaña, pues Samper ya sabía que perdería la consulta interna del partido, sino obtener una financiación a largo plazo para los proyectos políticos del candidato, que en esos momentos manejaba una de las retóricas más agresivas contra la política del gobierno de Estados Unidos en materia de narcotráfico.
La primera parte del encuentro, según María, fue un desayuno en el hotel Intercontinental. "Recuerdo mucho ese día, yo tenía un sastre amarillo, si el doctor Samper se acordara, porque fui una de las pocas mujeres que asistió". En la reunión participaron dirigentes liberales de la región. María dijo que se sentó al lado de Samper, quien le comentó que conocía a Claudia la hija de Gilberto Rodríguez Orejuela, "Ella va mucho a mi oficina", le dijo Samper. Según María, la segunda parte ocurrió por la noche en el apartamento de Espinosa, en el décimo piso del edificio Alhambra, "entre la avenida Roosevelt y la calle... exactamente si no la recuerdo". Eran como las 10 de la noche. El apartamento, muy elegante, tenía muebles de cuero negro y la alfombra beige. Samper se había cambiado su vestido y ahora tenía una camisa sport, me dijo.
"Ahí se hizo la reunión donde Samper tuvo contacto directo con Chepe Santacruz y Miguel Rodríguez, y ahí le entregaron el dinero a Ernesto Samper porque no quería que hubiera ningún intermediario. El directamente lo recogió y se le entregaron 400 millones de pesos". El encuentro fue breve, no se pidieron tragos y Samper volvió a plantear lo que había dicho en el desayuno: que la extradición no era el camino y que iba a hacer todo lo posible para que fuera revocada.
Lo que siguió de la entrevista con María fue una artillería de preguntas que repetí deliberadamente en busca de una contradicción. En dónde estaban los maletines, cuántos eran, de qué color, quién los cargó, si había escoltas. María no recordaba todos los detalles y en otros no titubeaba. ¿Y la fecha? Aquí no fue tan segura. Su referencia era el Mundial de Fútbol del 90.¿Quién ayudó a llevar los maletines a Samper?, le pregunte, porque uno con seis maletines no puede. "Samper quedó en el apartamento cuando nosotros nos retiramos . El quedó en el apartamento con Fernando". O sea que María no pudo ver cuando ellos salieron con los maletines y resulta extraño que en versiones posteriores dijo que había visto salir a Samper.Disgustada por la insistencia en las mismas preguntas María me dijo: "Mire, lo mejor es que usted me ponga aquí al frente a Samper con detector de mentiras y los dos nos sometemos al examen, y ahí usted podrá decidir a quién creerle".
María sostiene que al día siguiente de la reunión en el apartamento de Espinosa llamó a la DEA y dio un largo reporte de los hechos. La DEA no ha dado a conocer ese informe. El agente que supervisaba a María en Bogotá tampoco ha querido hablar.Salí de la entrevista con una íntima convicción de que la mujer no estaba mintiendo y que no tenía razones para hacerlo. Ganaba más problemas que beneficios con su declaración, pero aún quedaban muchas cosas por confirmar. Lo que más me preocupaba era que María no tenía claras las fechas. En conversaciones posteriores me dijo que por el nerviosismo se había equivocado y que la más aproximada era septiembre de 1989, es decir un año antes.El único testigo de la reunión, aparte de la gente del cartel, estaba muerto. Espinosa fue asesinado a finales de 1989 supuestamente por Walter Franco, quien también murió. Dice María que Espinosa se había quedado con un dinero que debía entregar a Samper. Sus hijos viajaron a Bogotá, según María, y allí recibieron el apoyo económico del hoy presidente para continuar sus estudios.Al día siguiente de la entrevista en el restaurante tuve una charla personal con el jefe de María en Miami, un agente de la DEA que solo sabía decir en español quiubo hermano. El funcionario me confirmó que María era una informante de su grupo y, tras preguntarle si era una persona confiable, me dijo que era la más honesta que tenía bajo su mando. Para probármelo explicó que alguna vez le habían pagado más de la cuenta por una operación encubierta y ella devolvió el excedente, lo cual creó un problema burocrático.Me aseguró que no sabía quién era Ernesto Samper, pero que seguramente los informes de María deberían estar en un archivo. "A nosotros no nos interesan los políticos _dijo el agente_. Nos interesan los narcos".
Visita inesperada
Por una extraña casualidad recibí por esos días una llamada del jefe de campaña del candidato Samper, Fernando Botero, anunciándome que me enviaría a una persona de su entera confianza para entregarme una información. Se trataba de Luis Guillermo Vélez, quien sería después viceministro de Defensa. Vélez se reunió conmigo en el hotel Sheraton Brickell de Miami para pedirme que investigara si la campaña de Andrés Pastrana había sido financiada por un político del Quindío que tenía vínculos con el narcotráfico. Como pruebas me entregó unas fotografías de las oficinas del político durante un allanamiento que hizo la Policía por lavado de dinero. Cuando le pregunté qué indicios tenía del ingreso del dinero a la campaña me respondió que se había enterado que el dinero lo había recibido personalmente el candidato. ¿Hay testigos? le pregunté. No, respondió. ¿Alguna otra prueba? Tampoco. Aproveché la ocasión para decirle a Vélez que contra Samper habían ya lanzado cuestionamientos de otro costado y que en las próximas semanas le comentaría el contenido de las denuncias.
Hice varias llamadas a la campaña conservadora para verificar la participación del político del Quindío, pero el hombre no aparecía en ningún cuadro organizativo como decía Vélez.A las pocas semanas envié la carta a Samper por medio de Vélez en un sobre de DHL, en el cual además le devolvía las fotografías con las que querían comprometer a Pastrana.Llamé a Vélez para anunciarle la carta y hacerle un resumen de lo que se trataba. La carta llegó a manos de Botero en la campaña. "Quedé totalmente sorprendido" _me dijo Botero hace unos días_. Me fui inmediatamente para la casa de Samper y le dije mire hay una vaina gravísima y le mostré la carta". Dice Botero que Samper se disgustó, dijo que eso era completamente falso y le pidió que le dejara las cosas en sus manos. Al final de la campaña Samper hizo limpieza de sus papeles y le devolvió la carta a Botero, quien la metió en una página de las Memorias de Churchill.Después de tanto esperar, y cuando ya había explotado el escándalo de los narcocasetes, publicamos la historia por primera vez en cuatro párrafos de un artículo del Herald. Nadie le prestó atención; luego de que el periódico Dallas Morning News volvió a publicar su testimonio, casi un año después, la gente empezó a preguntarse por el enigmático personaje, pero cuando el senador Jesse Helms canceló su presentación en el Senado el año pasado la gente concluyó que María era una invento, un fantasma.
María habló la semana pasada y una antes me había llamado para cobrarme su credibilidad. Se había enterado de la existencia de la fotografía en la que Samper aparece hombro a hombro con su amigo Espinosa, el del apartamento de la Roosevelt.
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