Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/05/05 21:36

El llano en llamas

Guerra entre FARC y ELN en Arauca, y ‘vendettas’ entre Urabeños y otras bacrimes en Meta y Vichada tienen incendiado el oriente del país.

En un mes 28 personas han sido asesinadas en municipios como Fortul, Tame, Saravena, entre otros. Foto: Archivo particular

La mayoría de los colombianos no se han enterado de que en las últimas semanas en el oriente del país se están librando dos guerras simultáneas que han dejado decenas de muertos. A pesar de lo sangriento, esos conflictos han pasado inadvertidos pero tienen a cuatro de los departamentos más grandes, Arauca, Meta, Vichada y Guaviare, incendiados por la violencia.

En el primero de ellos, en sólo un mes 28 personas han sido asesinadas en municipios como Fortul, Tame, Saravena, entre muchos otros. Según la bitácora de Observación y Solidaridad con Arauca de Pastoral Social, en el período comprendido entre el 19 de febrero y el 17 de marzo del presente año, en el departamento de Arauca se cometieron 21 homicidios, nueve hombres resultaron víctimas de campos minados, 11 ciudadanos fueron amenazados y en diferentes municipios se registraron 27 acciones bélicas.

Aunque este reporte no señala responsables ni identifica a la mayoría de las víctimas, las autoridades locales y múltiples informes de inteligencia y de la Fiscalía especifican que gran parte de los asesinados son integrantes de redes de milicias de las FARC en esos municipios. En ese cruce de balas también han caído ciudadanos señalados de pertenecer a alguna banda. Hombres de las estructuras del ELN en esa región cometieron esos crímenes. 

Se trata de muertes gota a gota. Esa guerra entre guerrillas siempre se ha caracterizado por ser silenciosa y alejada de los titulares de prensa. Sin embargo, no es la primera vez que las FARC y los elenos se enfrentan en esa región. En el 2007, el ELN inició en esa zona una campaña contra las FARC para expulsarlas de ese territorio, uno de los pocos en donde tienen una fuerte presencia. La confrontación se extendió como pólvora y de Arauca pasó a batallas en Cauca y Norte de Santander.

En esa época se calculó que más de 200 guerrilleros, de bando y bando, murieron. En ese entonces, al igual que está ocurriendo ahora en Arauca, esas luchas por el control territorial comenzaron por el asesinato de milicianos y van escalando hasta mandos medios y comandantes de frentes. Lo irónico es que esto pasa cuando esas dos guerrillas están sentadas en medio de procesos de paz con el Gobierno.

El botín del oriente

Pero si bien esa confrontación que se está gestando entre grupos subversivos tiene atemorizados a pueblos enteros en Arauca, la situación no es menos angustiosa en Meta, Vichada y Guaviare. La razón es compleja. Allí los Úsuga y tres fracciones de disidencias de antiguos grupos paramilitares también están en pie de guerra y en medio de esas vendettas ha quedado la población civil.

Desde finales del año pasado llegaron a diversas poblaciones del Meta cerca de 120 hombres del Clan Úsuga. A sangre y fuego han hecho sentir su presencia en diversos municipios de ese departamento e incluso han llegado a zonas que hasta hace pocos años eran de dominio exclusivo del bloque Oriental de las FARC como Vista Hermosa. De hecho, hace dos semanas la Policía capturó en ese municipio a Edrile Romero, alias ‘Negro Andrés‘, y 30 de sus hombres con más de 40 fusiles, granadas y centenares de municiones.

El ingreso de los Úsuga desató un enfrentamiento con tres reductos de grupos paramilitares: el bloque Meta, el bloque Libertadores y Erpac. La mayoría de los jefes de estos grupos se desmovilizaron o fueron capturados hace varios años como alias ‘Jorge Pirata’, ‘Cara de Cuchillo’, ‘Soldado’ o ‘Caracho’, entre otros. Sin embargo, desde la prisión algunos de ellos siguen manejando las estructuras y han dado órdenes a sus subalternos de frenar a bala la ofensiva de los Úsuga. Esos grupos que estaban diezmados se han rearmado.

Obtienen gran parte de sus recursos de las extorsiones indiscriminadas que han lanzado masivamente, sobre todo en Meta. Pero también han acudido a conseguirlos de antiguos capos de la droga en cárceles estadounidenses, dueños de miles de hectáreas de tierra en esa región. Uno de ellos es Daniel el ‘Loco’ Barrera, extraditado en el 2012, a quien los jefes de estos grupos contactaron para pedirle ayuda. Lo mismo ha ocurrido con otros capos o esmeralderos que están en el país y tienen grandes fincas en esas zonas. Algunos de los exparas, como alias ‘Soldado‘, les argumentan que deben aportar dinero para la guerra y defender las tierras de los Úsuga.

Si bien es cierto que esa bacrim se está empezando a expandir por Meta, el verdadero interés de los hombres de alias ‘Otoniel‘, jefe de los Úsuga, no es apoderarse de fincas y grandes extensiones de tierra allí. Su objetivo en ese departamento es asegurar un territorio estratégico para los intereses reales de esa banda. Desde el Meta buscan llegar a las zonas de cultivo y procesamiento en Vichada y Guaviare, en las que actualmente tienen fuerte presencia las FARC.

De consolidar esto tendrían el control sobre toda la cadena del narcotráfico. Ellos ya dominan los puertos y gran parte del occidente del país, que son los puntos de salida de los embarques de droga. Controlar las zonas de producción, hoy en manos de la guerrilla, dejaría a ‘Otoniel‘ con el control absoluto del mercado de la droga.

Mientras esto está ocurriendo, ciudades como Villavicencio y San Martín se han vuelto el escenario de vendettas entre hombres  de los Úsuga  y los miembros de las bandas de la zona. En medio de esa batalla algunos de los antiguos jefes paramilitares intentan pescar en ese río de sangre y conseguir dinero para sus propias arcas. A esa compleja situación se suma que ante el temor de perder sus tierras, varios ganaderos y comerciantes de la zona han decidido también meterse la mano al bolsillo para financiar grupos de autodefensas para defender sus propiedades.

Todo este caótico escenario en el oriente ha venido creciendo desde hace meses y lo cierto es que el llano está llamas. Lo más grave es que ese incendio se puede extender al resto del país. 

 

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