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| 12/19/2011 12:00:00 AM

Enfrentar el delito: lo que va de la solidaridad a la justicia por mano propia

En la capital del país la inseguridad aumenta durante los días navideños y cada vez son más los casos en los que los ciudadanos reaccionan ante los criminales tomándose la justicia por su cuenta. Las autoridades advierten que el derecho a la defensa no puede dar pie al uso desproporcionado de la fuerza.

Bogotá. Zona ‘T’. Viernes. Dos de la mañana. Un grupo de cinco amigos se dispone a tomar un taxi. Después de esperar varios minutos sin conseguir ningún carro, cuatro sujetos se aproximan a ellos de manera extraña. Mientras unos simulan buscar un taxi, otros distraen a los jóvenes. De pronto una de las mujeres grita: ¡me robaron el celular! Inmediatamente la mayoría de los sujetos desaparecen de la escena dejando solo a un joven, aproximadamente de catorce años, que vende chicles.

“Yo alcancé a ver que uno de los tipos le daba algo al chino”, asegura uno de los afectados por el robo. “Entonces me le acerqué y le dije que me diera el teléfono. Al principio se rehusó, lo sacudí un poco hasta que aceptó que lo tenía. Entonces me dijo que tenía que aparentar que le pegaba porque si no los otros (compinches) le daban muy duro. Lo sacudí más fuerte y al final el descarado me pidió veinte mil pesos para devolverme el teléfono. Yo se los di con rabia para recuperarlo porque ¿qué más hacía?”.
 
Bogotá. Norte de la ciudad. Sábado. Tres de la tarde. Dos mujeres vestidas con camisetas de la selección Colombia, gafas oscuras y actitud provocativa se sientan en una mesa de un bar, muy frecuentado por extranjeros. Después de unos minutos un ‘gringo’ se acerca a las chicas y se sienta en su mesa. El hombre pasa un rato en su compañía y se empieza a besar con una de ellas. El ruido que hacen entre los tres resulta llamativo y atrae la atención de un grupo de personas que se encuentran en una mesa conjunta.
 
Transcurridas las horas, los vecinos presencian cómo el ‘gringo’ les compra a las dos señoritas relojes que traían los vendedores ambulantes y pagaba los tragos de ellas. Al mismo tiempo los presentes miran como se descompone el estado del ‘gringo’ hasta perder completamente el conocimiento. Un testigo se le acercó a la camarera y le hizo saber que al señor lo habían ‘emburundangado’.
 
“Cuando le dije eso a la mesera los encargados llamaron una ambulancia y a la policía y entre todos los asistentes vigilamos que las mujeres no se fueran del lugar”. A pesar de los airados reclamos de las mujeres los presentes no las dejaron irse del lugar. Con la tensión en aumento las autoridades llegaron y se llevaron a las mujeres que, efectivamente, tenían burundanga en su poder.
 
Bogotá. Calle 91. Jueves. Cuatro de la tarde. Un hombre fuma un cigarrillo cuando ve que un hombre corre hacía él mientras es perseguido por un grupo de cinco personas, entre ellos una mujer que grita ¡deténganlo, me robó! La persona del cigarrillo se le atraviesa al joven, impidiéndole el paso. El sujeto, al verse rodeado, entrega el celular asegurando que se había equivocado de teléfono pero que no había robado nada. Instantes después llega la señora que gritaba y dice que el joven le había ‘raponeado’ el teléfono. Entre todos retienen al culpable y llaman a la policía. “Llegaron cuatro auxiliares y detuvieron al tipo. Después de escuchar la historia, uno de ellos le pegó un ‘bolillazo’ en la rodilla al ladrón diciéndole: yo también me equivoqué. (…) La reacción del policía no estuvo bien pero si nosotros no lo paramos, el tipo se roba el celular de la señora”, asegura un testigo.
 
El crimen aumenta en la ciudad. Mientras que en el 2007 el 39 por ciento se sentían inseguros en la ciudad, en el primer semestre del 2011, esa cifra aumentó al 57 por ciento, según un informe de la Cámara de Comercio. Los delitos también se elevaron. Según un estudio elaborado por Hugo Acero Velásquez, sociólogo de la Universidad Nacional y experto en seguridad ciudadana, el 2011 se proyecta que terminará con 36.288 delitos, un 8,2 por ciento más que hace cuatro años.

“Como ciudadanos todos tenemos la potestad para enfrentarnos a detener a un delincuente, pero no pueden hacer uso de la justicia por su propia mano ni excederse en términos de fuerza”, asegura el sociólogo.
 
Para Velásquez es imposible reglamentar o decir cómo deben actuar los particulares en el momento de una agresión. “El comportamiento de un individuo es espontáneo y tratar de reprimirlo desde afuera es difícil, hay personas que se quedan quietas y hay otras que reaccionan distinto y en ese momento prefieren que los maten, lo que lamentablemente ocurre en muchas ocasiones”, explica.
 
En la opinión del experto, la defensa propia es legítima pero se deben conocer las consecuencias de lo que puede suceder si hay un exceso de fuerza. A veces la gente no comprende que si utiliza un arma de fuego contra un delincuente que no está armado deberá demostrar que fue en defensa propia, y mientras eso sucede pueden pasar tres o cuatro meses en prisión.
 
Por su parte el general Rodolfo Palomino López, director de seguridad ciudadana de la Policía Nacional asegura que han identificado un aumento de las denuncias por parte de los ciudadanos y “que existe una mayor solidaridad con su propia sociedad y eso sirve porque le quita terreno al delincuente que muchas veces aprovecha la indiferencia para cometer más actos delictivos”.
 
Palomino también hace un llamado muy claro a los bogotanos para que bajo ninguna circunstancia se tomen la justicia por sus propias manos y que por el contrario deben confiar cada vez más en el aparato de la justicia.
 
Diciembre es el mes más violento del año y aunque es imposible regular la reacción espontánea de los ciudadanos frente a los actos violentos, las autoridades lanzan un fuerte mensaje a los bogotanos para evitar el uso de la fuerza desproporcionada y evitar que la violencia genere más violencia.

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