Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/10/27 00:29

Peña Nieto visita Colombia en su peor momento

El presidente mexicano pasó de entusiasmar al mundo con sus reformas a verse asediado por críticas despiadadas. Se reunió con Juan Manuel Santos y asistirá a la Cumbre Iberoamericana de Cartagena.

Enrique Peña Nieto, presidente de México. Foto: EFE

"Ningún presidente se levanta pensando cómo joder a México", soltó esta semana Enrique Peña Nieto cuando le preguntaban sobre un exgobernador de su partido que está prófugo de la justicia por vínculos con el crimen organizado. Aunque sus palabras buscaban destacar los logros de su gobierno, muchos las interpretaron como una clara señal del hartazgo del mandatario ante las críticas que le llueven. El hombre que marcó el regreso del PRI al poder en el 2012 realiza este jueves una visita de Estado a Colombia, pero no aterriza en Bogotá en su mejor momento.

Al presidente mexicano se le han ido abriendo muchos frentes de desgaste. Septiembre fue el mes con más homicidios de su gobierno. El depreciado peso mexicano cruzó hace unas semanas la frontera sicológica de las 20 unidades por dólar, aunque ha recuperado algo de terreno desde entonces. Carga el lastre de varias controversias, como la lujosa casa de su esposa (la estrella de telenovelas Ángelica Rivera) y su cercanía con cuestionados gobernadores priístas. Lo persiguen los fantasmas de escándalos como la desaparición de 43 estudiantes de magisterio en Ayotzinapa, la fuga de Joaquín el ‘Chapo’ Guzmán (recapturado poco tiempo después) y la desastrosa visita del candidato republicano Donald Trump. La lista es extensa.

Lejanos, muy lejanos, parecen los días en que Peña Nieto era aclamado por la gran prensa mundial gracias al ímpetu reformista del inicio de su sexenio. En su primer año, el presidente coronó un inédito ciclo de ambiciosas reformas, largamente aplazadas, que apuntaban a cumplir la promesa que hizo el día de su posesión: “Es tiempo de mover a México”.

Ese paquete incluyó las reformas educativa, de telecomunicaciones y energética, que implicaba la resistida apertura del sector petrolero al capital privado. Los elogios no tardaron en aparecer. El Financial Times llegó a hablar del “tigre azteca” y “la nueva revolución mexicana”. El mandatario incluso cerró el 2013 incluido en la lista de 100 pensadores globales de la revista Foreign Policy por “sacudir las moribundas instituciones mexicanas”.

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El contraste con la actualidad es brutal. El impulso inicial se fue desinflando y desde hace un tiempo es un presidente asediado del que apenas dos de cada diez mexicanos aprueban su gestión.

“Por una parte, han tenido lugar una serie de pifias, con un impacto mediático muy alto: el escándalo de la ‘Casa Blanca’ de la Primera Dama, la fuga del ‘Chapo‘ Guzmán y hasta los señalamientos de plagio de la tesis del presidente”, apunta en diálogo con Semana.com el analista y columnista mexicano Eduardo Guerrero. “Por otra, a pesar de que se concretaron reformas importantes, el contexto internacional no ha sido propicio para que estas generen el crecimiento esperado. En particular, la caída del precio del petróleo”, agrega.

El gobierno priísta ya perdía impulso cuando Donald Trump irrumpió en la campaña de Estados Unidos, el poderoso vecino del norte, para complicarlo todo. México envía “criminales” y “violadores”, dijo el republicano el día que lanzó su campaña. Ese tono xenófobo se mantuvo, y a pesar de meses de insultos contra los mexicanos, Peña Nieto lo invitó a la residencia oficial de Los Pinos en lo que se saldó como una catástrofe de relaciones públicas.

En aquel fatídico encuentro del 31 de agosto, que culminó en una conferencia de prensa hombro a hombro, Peña Nieto lucía sumiso e incómodo junto a Trump, que no sólo evitó ofrecer disculpas, sino que horas después de despegar del país, ya en Arizona, bramó ante una multitud de simpatizantes: “México pagará el muro. Al 100 %. Todavía no lo saben, pero pagarán por el muro”. El episodio terminó por tumbar al todopoderoso secretario de Hacienda, Luis Videgaray, mano derecha del presidente, quien había orquestado la visita contra el consejo de otros miembros del gabinete.

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La ruidosa presencia de Trump fue sin dudas el traspié con mayor resonancia mediática, pero no es el problema de fondo, apunta Guerrero, quien subraya el deterioro del panorama de seguridad desde hace dos años, con una creciente violencia del crimen organizado y graves violaciones de derechos humanos. A Peña Nieto aún le quedan otros dos años por delante, pero los mentideros políticos ya están dedicados a especular sobre su sucesor.

En esa travesía por medio del desierto, uno de los oasis con los que se ha encontrado Peña Nieto es la buena marcha de la Alianza del Pacífico, el bloque que comparte con Colombia, Perú y Chile. Con ese telón de fondo, se reunió el jueves en Bogotá con el presidente Juan Manuel Santos, con el que ha mantenido una buena sintonía, para tratar temas comerciales, de seguridad y migratorios, entre otros.

Desde el viernes, Peña Nieto participará en la Cumbre Iberoamericana de Cartagena. La ciudad amurallada, que ya ha visitado antes para la firma del acuerdo de paz y la cumbre de la Alianza del Pacífico en el 2014, será un buen refugio para resguardarse al menos unos días del chaparrón político que le espera en México.

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