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| 11/25/2015 5:24:00 PM

El lenguaje ‘más humano’ de Enrique Peñalosa

El alcalde electo de Bogotá sorprende con el tono social que le dio a un discurso en un auditorio lleno de constructores. Aun así, hubo un dardo para Petro.

El XII Congreso Nacional de la Infraestructura, que se desarrolla en Cartagena y que reúne las voces más autorizadas en este tema, dirigió sus miradas a Bogotá. En un panel de alcaldes electos, Enrique Peñalosa se sentó en la palabra con un particular cambio de lenguaje.

“Siento que soy un empleado de los ciudadanos de Bogotá”, dijo Peñalosa al arranque de su espacio.

Teniendo en cuenta las promesas de campaña y consciente del público (ingenieros, constructores y empresarios), dijo que iba a hacer obras, colegios, metro, troncales de Transmilenio y autopistas, pero de una forma incluyente: “Vamos a hacer todo para que esas obras sean responsables con los niños, los viejos, con los seres humanos”.

Como candidato, los opositores de Peñalosa le recordaron su ‘amistad’ con el cemento, mensaje que caló como el de los bolardos por antiestéticos y poco funcionales. Por eso resultó complejo para los asistentes coordinar el rostro del alcalde con lo que estaba diciendo. Pero ese era solo el comienzo.

Una de las perlas fue esta frase: “Así algunos ingenieros se puedan ofender aquí un poco, el tema de transporte más que un tema de ingeniería es un tema de sociología, casi que de religión”, refiriéndose al ideal de ciudad y cómo se quiere vivir.  

Según el alcalde electo, la movilidad se arregla con el transporte masivo y los trancones con desestimular el uso del carro, propuesta por la que Gustavo Petro fue cuestionado por sus opositores.  

Gustavo Petro

“No vamos a arreglar la movilidad sólo con infraestructura, sino logrando un cambio cultural y una integración social”, dijo Peñalosa.

Hubo críticas también para los que han diseñado y ejecutado obras en Bogotá. “Hay cosas que han hecho, no sé quién, de pronto están aquí, pero hay horrores que se han hecho. Por ejemplo, el Transmilenio en la carrera 10 con calle sexta. Al que hizo eso hay que quitarle el diploma. También el puente de la calle 100 sobre la carrera 15. Hay que decirles que suban a sus hijos o sus nietos a pasarlo a pie a ver cómo les va”.

Después un mes de haber ganado las elecciones, el nuevo alcalde Bogotá habló duro a los ‘duros’ de la infraestructura nacional. “Con todo respeto, la ciudad es para los seres humanos, no para los carros”, siguió retando al auditorio para argumentar que la medida de éxito en una obra es qué tanto mejora la calidad peatonal de su entorno, “¿se vuelve más agradable para los seres humanos estar ahí, caminar, conversar, jugar, darse besos?”. Lo dijo Enrique Peñalosa.

“Las autopistas urbanas tradicionales son como un río venenoso”, otra frase para recordar del alcalde que seguía acercándose a ese lenguaje de la Bogotá Humana que unos odiaron y otros abrazaron durante el gobierno Petro.

“Todo lo que hagamos nosotros en términos de infraestructura tiene que tener la arquitectura incorporada, el concepto de cómo va a afectar a los niños, a las personas que están en sillas de ruedas, a los que van en bicicleta. Si la Constitución nuestra es cierta, que todos los ciudadanos son iguales, un ciudadano a pie o en una bicicleta tiene el mismo derecho de espacio vial que un ciudadano que va en un carro”, eso para Peñalosa es democracia elemental.

Pero también hubo espacio para reparos y dardos. Criticó que le hayan preguntado hasta la saciedad durante la campaña por el metro cuando “900.000 personas no tienen pavimento frente a la casa y 400.000 mil niños que caminan entre el barro para ir al colegio”.

Gustavo Petro, con el que se reunirá el próximo viernes, no se salvó. Peñalosa dijo que en sus decisiones hay una diferencia y es que “no tengo intereses en ser presidente, no tengo intereses en hacer un metro para hacer campaña ni tomar decisiones pensando en mi carrera política”.

Aunque el discurso del alcalde electo de Bogotá sorprende, muchos se preguntan si es un cambio solo de lenguaje o si es estructural en donde se supere la demagogia -por la que tanto se criticó al anterior gobierno- y en realidad se piense en el ciudadano antes que en los contratos y el cemento.
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