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| 11/3/1986 12:00:00 AM

ENTRE COPA Y COPA

Episodio de tragos entre gobernador de Antioquia y periodista adquiere graves proporciones

Como en el antológico cuento de su paisano Efe Gómez, el gobernador de Antioquia sufrió la semana pasada un mortificante guayabo negro. Unos aguardientes de más que Bernardo Guerra Serna se tomó en la noche del lunes 29 de septiembre se le convirtieron en un dolor de cabeza por las denuncias, los editoriales, las peticiones de investigación y los presagios de debates políticos. Sucedió que en medio de esos tragos el controvertido dirigente se enfrascó en una discusión con el columnista del periódico El Colombiano, César Pérez Berrío, y el resultado del "encontronazo" se conoció dos días después: en una carta, el periodista denunció que Guerra lo había amenazado de muerte.
El incidente ocurrió en el estadero Los Recuerdos, en Medellín, a donde el gobernador llegó a tomarse el p'irnos después de haber asistido a una comida en el restaurante Salvatore. Cuando ya tenía una pierna en el estribo, Guerra se encontró con Pérez, uno de sus más constantes críticos de prensa, quien a manera de saludo le reprochó por no haberle pasado al teléfono en los últimos días a pesar de sus continuas llamadas. Guerra, según conoció SEMANA, ofreció atenderle al día siguiente, pero ya los ánimos estaban dispuestos a la discusión, al igual que estaban servidos otros aguardientes. Los bambucos y las guabinas que sonaban en el estadero dejaron de oírse en la mesa, por el volumen del alegato en el que el gobernador llevó la palabra la mayor parte del tiempo, aunque testigos dijeron que "no fue una pelea" sino una discusión a veces airada.
Las cosas habían quedado en ese punto, hasta cuando el miércoles siguiente el cronista firmó una carta que apareció en varios periódicos. Fue entonces cuando Guerra Serna padeció los rigores de un guayabo terciario porque en la misiva, dirigida al director de El Colombiano, lanzaba acusaciones fuertes: que el gobernador lo había amenazado de muerte y, por ahí derecho, que le había advertido que el poder era para usarlo contra sus enemigos, que estaba dispuesto a tácticas de amedrantamiento porque no soportaba ya los insultos del periodista a quien podría convertir en un "muñeco" y tirarlo por ahí en cualquier solar.
La carta-denuncia desató una tempestad contra Guerra, quien reaccionó instintivamente. "Todo es imaginación del tipo para crearme problemas", dijo, mientras voceros del Partido Conservador ponían el grito en el cielo pidiendo la renuncia del gobernador y alertando contra ese síntoma de aprovechamiento del poder en contra de la libertad de prensa El más enérgico de ellos fue el senador Hugo Escobar Sierra en una carta al presidente Barco y el más irónico de los periódicos fue El Siglo, que al comentar la petición de Guerra a procurador para que lo investigara recordó que Carlos Mauro Hoyos, el jefe del Ministerio Público, es un teniente político del gobernador de Antioquia.
Sin embargo, para quienes conocieron el incidente y a sus protagonistas, lo ocurrido no es más que una anécdota, producto de los malos tragos que suele tener Guerra Serna y de la actitud pendenciera y escandalosa del periodista Pérez Berrío. "Todos los que lo conocen saben que Guerra Serna cuando se pasa de tragos es fatal porque su escaso sentido del humor no le funciona y se enreda mucho en las palabras y en las imágenes que emplea", dijo a SEMANA un personaje antioqueño. Para otra persona, en cambio, la actitud del gobernador en el incidente de los aguardientes, es algo que va más allá: "Es la muestra de hasta dónde Guerra entiende el ejercicio del poder, lo cual se ha demostrado en casos como el del canal regional Teleantioquia, a donde llegó hablando duro y advirtiendo que él es el rey y que va mandar".
Por malos tragos, Guerra no es la única autoridad antioqueña que ha dado que hablar en la última semana. Según conoció esta revista, el alcalde de Medellín, William Jaramillo Gómez, también se vio envuelto en un incidente por culpa de una copa más. El alcalde protagonizó un incidente con la Policía, uno de cuyos agentes lo detuvo sin conocerlo para pedirle papeles del carro e identificación personal en la noche del viernes 26 de septiembre. Jaramillo Gómez "se ofuscó" y el altercado concluyó en los patios del Tránsito, con intervención de altos mandos de la Policía para salvar la situación, a la que, entre líneas, hizo referencia el propio periodista Pérez Berrío en su cartadenuncia sobre la amenaza de muerte.
Aparte de las políticas que están por verse, las repercusiones del episodio Guerra Serna en el alto gobierno en Bogotá, fueron mesuradas pero obligantes. SEMANA conoció que se le ha pedido al gobernador "que no beba en público con sus enemigos, sino en privado con sus amigos".
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