Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 5/20/1996 12:00:00 AM

ENTRE LOS PALOS

A JUZGAR POR LA EVIDENCIA RECOLECTADA POR LA FISCALIA, EL PROCURADOR ORLANDO VASQUEZ ESTA EN SERIOS PROBLEMAS CON LA JUSTICIA. SEMANA REVELA DETALLES DE LA INVESTIGACION

Ya no es la misma persona. Quienes conocen de cerca a Orlando Vásquez Velásquez, el procurador general de la Nación, son testigos de excepción de un dramático cambio en el semblante y la actitud de quien hasta hace unos cuantos meses seguía siendo uno de los más respetados juristas con que contaba la clase política colombiana. Vásquez, varias veces congresista, ministro de Gobierno de la administración de Virgilio Barco y flamante Procurador General, ya no es aquel hombre amable y siempre cordial que jamás perdía los estribos y que aparentaba haberse mantenido por encima del bien y del mal a lo largo de todos estos traumáticos meses del proceso 8.000. Esa compostura la perdió el miércoles de la semana pasada, durante la indagatoria que rindió en la Unidad de Fiscales ante la Corte Suprema, que lo investiga por los posibles delitos de enriquecimiento ilícito y falsedad. Antes de iniciar la diligencia, sostuvo un duro enfrentamiento verbal y en distintos momentos del interrogatorio, perdió la calma.
Según fuentes de la Corte Suprema, lo anterior es explicable. Los investigadores desmontaron en las últimas semanas las explicaciones que Vásquez había dado en octubre a la Corte sobre su estadía en el Hotel Intercontinental de Cali, y establecieron que al parecer aportó documentos falsos para justificar ese viaje. Pero más grave aún, lograron desenredar una madeja de enredadas transacciones bancarias tras las cuales parecería ocultarse una serie de contribuciones por más de 200 millones de pesos, de empresas fachada del cartel a la campaña de Vásquez al Senado en 1994. SEMANA reconstruyó los elementos centrales de esta historia que va camino de convertirse en uno de los capítulos más delicados del proceso 8.000.
Buen comienzo
El lunes 2 de octubre de 1995, hace ya más de seis meses, fue un buen día para el procurador general de la Nación, Orlando Vásquez Velásquez. Pasadas las tres de la tarde se presentó ante la Corte Suprema de Justicia para rendir declaración libre y espontánea en la investigación que adelantaba el alto tribunal porque aparentemente el cartel de Cali le había pagado viáticos y hospedaje en abril y septiembre de 1993 en el Hotel Intercontinental de la capital del Valle del Cauca. En tono amable, cortés y descomplicado, Vásquez explicó al magistrado Nilson Pinilla, entonces presidente de la Sala Penal de la Corte, por qué había viajado a Cali en esas fechas y quién había corrido con los gastos de su permanencia en esa ciudad.
Para explicar las inquietudes de la Corte, el jefe del Ministerio Público esgrimió un argumento que en ese instante fue contundente. De su maletín ejecutivo sacó un documento y se lo entregó al magistrado investigador. Se trataba de una certificación expedida por la Universidad Santiago de Cali en la cual constaba que dicho centro educativo había invitado a Vásquez Velásquez a dictar una serie de conferencias relacionadas con los estados de excepción y el régimen municipal. Y para no dejar duda alguna sobre su autenticidad, el documento tenía el sello seco de la universidad y la firma de su secretario general.
Vásquez estaba muy tranquilo. Por eso contestó muy desprevenidamente un par de preguntas del magistrado Pinilla. La primera fue corta y concreta. El jurista le preguntó al Procurador cuál era su relación personal con el señor Carlos Alberto Ramírez, quien según la investigación se había hospedado en el Inter en las mismas fechas que el jefe del Ministerio Público y también había asistido a las supuestas conferencias que dictó Vásquez en la Universidad Santiago de Cali.
El Procurador respondió que lo conocía muy lejanamente y que le habían contado que era propietario de un negocio de compra y venta de carros. En ese momento recordó que cuando había estado en Cali en las conferencias sobre temas jurídicos se encontró con Ramírez en el lobby del Hotel Intercontinental. El Procurador reconoció que Ramírez fue uno de los asistentes a sus charlas en la universidad. El segundo y último tema sobre el que indagó el magistrado fue el referente a las cuentas bancarias de Orlando Vásquez. Sobre este punto el Procurador fue tajante. En primer lugar respondió que en ese momento no poseía cuentas bancarias. Sin embargo aclaró que tenía una deuda de 50 millones de pesos con la corporación de ahorro Davivienda por un préstamo adquirido tiempo atrás en Medellín. Antes de finalizar la diligencia de ese 2 de octubre del año pasado el Procurador enumeró en su declaración libre y espontánea una serie de bienes inmuebles que poseía su familia. Al concluir ese round de tres horas con la Corte, Vásquez salió convencido de que con sus explicaciones y con los documentos aportados su caso llegaba al punto final.
La otra cara de la monedaSeis meses después, mucha agua ha corrido debajo de los puentes. Si bien el Procurador estaba convencido de que en su declaración libre y espontánea había salido del atolladero en que se encontraba, quienes estaban al frente de las investigaciones pensaban lo contrario. Para ellos había muchos vacíos en la historia narrada por el jefe del Ministerio Público. En el entretanto, y después de un riguroso análisis jurídico, la Corte decidió enviar el expediente a la Fiscalía por considerar que las posibles conductas punibles de Vásquez habían sido cometidas cuando era un ciudadano común y corriente. Fue allí donde se creó una comisión de investigadores, a la cual se le encargó la misión de atar los cabos sueltos. El resultado de ese minucioso trabajo llevó a que la semana pasada la Unidad de Fiscales llamara a indagatoria a Vásquez Velásquez. En una extenuante jornada de ocho horas el fiscal que adelanta el caso logró por primera vez que el jefe del Ministerio Público, conocido por su amabilidad, sus buenas maneras y su capacidad para no perder nunca el control, se saliera de casillas, dejara muchas preguntas sin respuestas y se colocara en una delicada situación jurídica que lo tiene hoy entre los palos.
¿Pero qué encontraron los investigadores? Tan pronto fue remitido el caso a la Unidad de Fiscales, a finales del año pasado, los funcionarios encargados de buscar pruebas se desplazaron a la ciudad de Cali. La primera tarea que cumplieron fue la de establecer quién había pagado el hospedaje del Procurador en el Hotel Intercontinental. El trabajo se les facilitó por las acciones que había adelantado el Bloque de Búsqueda en la persecución a la estructura del cartel de Cali. Con esa información establecieron que Inversiones Ara, una compañía de papel del cartel, había sido la encargada de cancelar la estadía en el Inter de Orlando Vásquez. Estos datos fueron sustentados con facturas y cheques que sumaban un millón y medio de pesos.
Después decidieron explorar un segundo frente para establecer la veracidad del documento presentado por Orlando Vásquez a la Corte Suprema de Justicia, en el cual se certificaba que la Universidad Santiago de Cali había contratado al Procurador para dictar una serie de conferencias relacionadas con estados de excepción y régimen municipal. En ese trabajo los investigadores se llevaron muchas sorpresas. Uno de los funcionarios del establecimiento educativo, cuyo nombre se mantiene en reserva por razones de seguridad, decidió colaborar con la Justicia. El funcionario confirmó que en los archivos de la universidad no existía relación alguna de la realización de eventos académicos entre 1991 y 1993, y que por esa misma razón no se había hecho pago alguno a conferencistas invitados por la universidad en ese lapso. En lo que se refiere a la famosa certificación expedida a Vásquez Velásquez, el funcionario dijo a los investigadores que su expedición había sido ordenada por Gonzalo Paz, quien en ese momento se desempeñaba como director del Instituto de Derecho Penal de la Universidad Santiago de Cali, y que él no entendía la razón por la cual se había entregado la certificación cuando nunca se produjo el evento que la justificaba. El nombre de Paz no era desconocido para los investigadores. En la indagatoria rendida ante los fiscales sin rostro el 13 de noviembre de 1995, en Estados Unidos, el contador del cartel de Cali, Guillermo Pallomari, se refirió a Paz en dos ocasiones como un abogado de Miguel Rodríguez.

Si bien la información encontrada por los investigadores era contundente sobre el verdadero origen de la certificación expedida por la Universidad Santiago de Cali, no ocurría lo mismo con la que tenían acerca del lugar donde se habrían realizado las conferencias sobre temas jurídicos. Pistas aportadas por otros testigos los hicieron pensar en que quizás Orlando Vásquez había dictado sus conferencias en el Hotel Intercontinental. Por esa razón los investigadores realizaron una inspección judicial en la sección de banquetes de dicho hotel, que tiene a su cargo el manejo de todos los eventos allí programados. La inspección de archivos y las declaraciones juramentadas de los empleados del área de banquetes fueron suficientes para establecer que entre 1993 y 1994 el hotel no programó evento alguno relacionado con temas jurídicos.
Las nuevas evidencias encontradas por los investigadores los llevaron a hacerse una reflexión lógica: ¿Cuál fue el verdadero motivo de las visitas de Orlando Vásquez en abril y septiembre de 1993 a Cali y por qué razón su estadía fue pagada por Inversiones Ara, una empresa del cartel de Cali? Esa fue una de las preguntas que le hicieron a Vásquez durante el interrogatorio que se realizó el miércoles pasado en la Unidad de Fiscales ante la Corte Suprema, debido a que, como es obvio, las explicaciones dadas por el Procurador en octubre estaban en entredicho.
Un viejo conocido Agotado el tema de las conferencias en Cali los investigadores continuaron escudriñando la primera versión rendida el año pasado por el Procurador ante la Corte. Por eso enfilaron baterías hacia el nombre de Carlos Alberto Ramírez, para saber qué tan cercana era su relación con el jefe del Ministerio Público. En este episodio también se llevaron muchas sorpresas.Vásquez Velásquez había afirmado que Ramírez era un conocido ocasional y que lo único que recordaba de él era que tenía un negocio de compraventa de carros. La historia parece ser bien diferente. En una inspección judicial efectuada por los investigadores en la oficina de remisión de cuentas del Consejo Nacional Electoral en Bogotá encontraron que Ramírez aportó el 60 por ciento del costo de la campaña electoral de Orlando Vásquez para el Senado en los comicios de 1994, en la cual no logró salir elegido. De acuerdo con los documentos entregados por el movimiento político del hoy Procurador, y que reposan en el Consejo Electoral, su campaña tuvo un costo de 19 millones de pesos, 10 de los cuales fueron aportados por Ramírez. La prueba de que este hombre hizo esos aportes está consignada en un hoja de papel con el membrete de la Cámara de Representantes emanada de la oficina del entonces parlamentario antioqueño Arlén Uribe, quien militaba en el mismo grupo político de Vásquez Velásquez, y quien fuera asesinado meses después.
La actividad proselitista de Ramírez no sólo se limitó a ser aportante de la campaña. De acuerdo con los listados de aspirantes al Congreso que reposan en la Registraduría Departamental de Antioquia, Ramírez aparece en el tercer renglón para el Senado por la lista que encabezaba Orlando Vásquez en los comicios del 94. Igualmente, su nombre estaba inscrito en el segundo renglón a la Cámara en la lista que encabezó Arlén Uribe en 1991. En los últimos tres meses de ese período Ramírez fue congresista, pues reemplazó a Uribe, quien renunció. Según los documentos que reposan en la Registraduría Departamental, la persona que inscribió estas listas en el 91 y el 94, fue Orlando Vásquez Velásquez.
El nombre de Carlos Alberto Ramírez no sólo ha estado ligado a la política. Desde hace un año también hace parte del proceso 8.000. De acuerdo con documentos aportados por el Bloque de Búsqueda, Ramírez aparece en una de las listas de personajes invitados por Miguel Rodríguez para hospedarse en el Hotel Intercontinental de Cali. Esa invitación ocurrió el 30 de abril de 1993, el mismo día en que Vásquez se encontraba en el hotel, y sus gastos fueron cancelados con la factura 035 por medio de Inversiones Ara, empresa fachada del cartel. Guillermo Pallomari, en su declaración ante los fiscales sin rostro que lo indagaron el 13 de noviembre de 1995 en Estados Unidos, señaló que él personalmente diligenció, por orden de Rodríguez, el alojamiento de Ramírez en el Intercontinental.
Orlando Vásquez tenía razón cuando afirmó que Ramírez era dueño de una compraventa de carros en Medellín. En efecto, los investigadores comprobaron que ese negocio funciona desde hace varios años. Por todo lo anterior, la conclusión de los investigadores fue que definitivamente Ramírez ha mantenido con Orlando Vásquez una relación mucho más cercana de lo que el Procurador aceptó en octubre del 95 en su primera diligencia ante la Corte.
Cuentas claras
El tercer tema abordado por los investigadores tiene que ver con los supuestos aportes que realizó el cartel de Cali, por intermedio de una de sus empresas de papel, a la campaña electoral de Orlando Vásquez. En este punto la indagatoria rendida por Pallomari señala que al entonces senador le fueron consignados en 1994 entre 150 millones y 200 millones de pesos. El contador de Miguel Rodríguez también señaló que el ingreso de esos dineros se hizo por medio de testaferros. Este es uno de los aspectos más difíciles de la investigación. Durante más de seis meses expertos en asuntos bancarios buscaron armar el rompecabezas de cómo se produjo el ingreso de esos dineros. Y después de muchas horas de trabajo y sesiones interminables en bancos y corporaciones ya hay claridad sobre lo ocurrido.
Los expertos lograron descifrar lo que se califica en investigaciones de este tipo como el carrusel del testaferrato. La compleja maniobra se inició con el giro de los cheques por parte de Eduardo Gutiérrez, representante legal de Exportcafé, los cuales fueron consignados en cuentas de ahorros de varios testaferros. A partir de ahí, los investigadores comprobaron el retiro de estos recursos en dinero en efectivo o en cheques, y su posterior consignación a otros testaferros, para tener un destino final cercano a Orlando Vásquez. Esta estrategia estaba encaminada a no dejar rastro alguno de la procedencia original de los dineros. Los investigadores lograron llegar a ella por la amplia colaboración de representantes de las entidades bancarias involucradas.
Este descubrimiento de los investigadores fue el as bajo la manga que sacó la Unidad de Fiscales ante la Corte en la indagatoria que rindió Orlando Vásquez la semana pasada. Por eso su semblante fue bien diferente al de hace seis meses. El remate de esta primera sesión de indagatoria también fue un duro golpe para Vásquez. En octubre, en su primera declaración ante la Corte, el Procurador había negado poseer cuentas bancarias. Esto extrañó a los investigadores. Y sus sospechas se confirmaron hace pocas semanas, cuando hallaron dos cuentas corrientes en el Banco Popular a nombre de Vásquez, quien de acuerdo con las investigaciones, omitió deliberadamente suministrar la información. Las indagaciones permitieron establecer dos hechos muy extraños en torno a esto: el primero, que las cuentas no fueron reportadas a las autoridades financieras, en contra de lo que ordena la ley; y el segundo, que en los archivos del Popular, algunos microfilmes relacionados con operaciones de esas cuentas en 1993 y 1994 fueron al parecer borrados. La Fiscalía General ordenó la presencia inmediata de varios de su mejores hombres en esa entidad crediticia, para establecer si allí se estaban cometiendo irregularidades que tendrían drásticas sanciones penales.
Como se puede ver, la novela del 8.000, en lo que tiene que ver con el Procurador General, está en su punto más álgido, pues por primera vez en la historia de Colombia, un jefe del Ministerio Público se encuentra a las puertas de la cárcel. De lo que suceda en los próximos días con aspectos de la investigación que aún no están consolidados y de la forma como se defienda Orlando Vásquez de los cargos que ya están conformados, dependerá en las semanas por venir el desenlace final.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1844

PORTADA

Francisco superstar

La esperada visita del papa a Colombia tiene tres dimensiones: una religiosa, una política y otra social. ¿Qué puede esperarse de la peregrinación del sumo pontífice?