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| 12/7/2013 1:00:00 AM

Baldíos: habla Riopaila

Por primera vez, la empresa protagonista del debate de la altillanura fija su posición sobre la controversia actual. Diálogo de su presidente, Djalma Teixeira de Lima, con SEMANA.

SEMANA: ¿Por qué decidieron hablar ahora?

JALMA TEIXEIRA DE LIMA FILHO: Estamos desconcertados de que los medios de comunicación han aprovechado el debate político para tergiversar la realidad de los hechos. La palabra Riopaila se ha convertido en un referente sobre el cual todo el mundo ha opinado, menos nosotros. Hay un debate mucho más relevante que el de Riopaila que es el futuro de la altillanura y creemos que llegó el momento de hacer algunas aclaraciones y de dar nuestro punto de vista al respecto ante la opinión, porque ante las autoridades de control ya lo hemos hecho.

SEMANA: Ustedes están siendo criticados por la compra de 40.000 hectáreas que superan el nivel de UAF permitidas.

D.T.: El problema es que se ha hecho una interpretación simplista de un debate político que extrañamente se ha querido convertir en jurídico. Pero las cosas son mucho más complejas de como han venido siendo presentadas. Por ejemplo, se ha mostrado esto como un problema de una docena de empresas que han violado los topes permitidos de las UAF. Transacciones de esa naturaleza vienen ocurriendo desde 1994 cuando se expidió la ley y hay más de 600.000 predios en situaciones similares. Si eso es así, ¿por qué los único señalados somos nosotros y una docena de empresas que lo único que hemos hecho es atender a los llamados de muchos sectores que creen que ha llegado el momento de extender la frontera agrícola del país?

SEMANA: Pero ustedes lo están haciendo por negocio.

D.T.: La altillanura, contrario a lo que se ha venido diciendo, no es ‘la tierra prometida’. Se trata de unas extensiones enormes de tierra. De las 13,5 millones de hectáreas disponibles, solo 3,5 millones son aptas para el desarrollo agrícola. Sin embargo, esas llanuras infinitas nunca se habían podido explotar por las características naturales de sus suelos y por las dificultades logísticas y de infraestructura de la región. Era una Colombia olvidada.

SEMANA: ¿Qué los llevo a meterse allá?

D.T.: En los últimos 15 años una serie de empresas decidieron invertir en esa región bajo la premisa de que con inyecciones de capital muy considerables y con economías de escala se podía llegar a un punto de equilibrio. Cada hectárea requiere una inversión no inferior a 8,5 millones de pesos, lo que significa que la proporción entre el valor de la tierra y el capital requerido para volverla cultivable puede ser del orden de ocho a uno.

No hay otra región del país que tenga requisitos de capital comparables. Ninguno de los que nos hemos embarcado en esa apuesta, hemos sacado utilidades hasta la fecha. Riopaila ha invertido cerca de 90.000 millones de pesos. Obviamente esperamos que algún día esta inversión sea rentable. Pero de lo que estamos seguros es de que si nos dejan trabajar, haremos una contribución relevante para convertir la altillanura en una región próspera a mediano y largo plazo. Y si eso sucede, se podría llegar a solucionar el déficit alimentario del país.

SEMANA: Usted es brasileño, lo cual significa que tiene experiencia en macroproyectos de esta naturaleza como el Cerrado. ¿Cómo compara la situación de Brasil con la de Colombia?

D.T.: He vivido toda mi vida profesional en la agroindustria en Brasil y ahora en Colombia. La verdad no salgo de mi asombro de que aquí sea objeto de un debate político con connotaciones negativas lo que en Brasil fue considerado un milagro económico. Extender las fronteras agrícolas es el reto y el sueño de cualquier país y la altillanura ofrece esa posibilidad. Sin embargo, esos desarrollos, por sus características, no se pueden llevar a cabo enfocados en pequeños agricultores, siendo o no campesinos. La expansión de las fronteras agrícolas y la creación de una despensa alimentaria solo se pueden lograr pensando en grande.

SEMANA: Hablando de pequeños campesinos, el senador Robledo ha insinuado que ustedes se han apropiado ilegalmente de sus tierras.

D.T.: Ustedes tienen que entender que una empresa como Riopaila que tiene 95 años de vida, asesorada por Brigard & Urrutia, considerado como uno de los bufetes jurídicos más prestigiosos del país, jamás arriesgarían su reputación en un proyecto encaminado a apropiarse en forma ilegal de la tierra de unos campesinos. Cada uno de esos ‘campesinos’ recibió alrededor de 1.000 millones de pesos por sus tierras. Todas esas transacciones fueron escrituradas, registradas y declaradas. Ha sido una operación totalmente transparente.

SEMANA: Pero el diseño jurídico ha sido objeto de controversia: 27 sociedades, tránsito a Luxemburgo y luego tránsito a España para acabar en el Vichada, le han dado a los detractores del proyecto la artillería para atacarlo.

D.T.: Las estructuras societarias del sector privado tienen muchos factores en cuenta: protección de la inversión, diversificación de la compañía, atracción de diversos tipos de inversionistas, incluidos los extranjeros. Esas estructuras corporativas buscan la seguridad jurídica y puede estar de por medio la aplicación de tratados internacionales, como es el caso del diseño jurídico de Riopaila o las de otras empresas que han invertido en la altillanura, incluidas sociedades del propio Estado. Presentadas en forma sesgada se pueden satanizar, pero el hecho es que se trata de esquemas jurídicos con propósitos legítimos diseñados con mucho cuidado por los bufetes de abogados más importantes del país.

SEMANA: Pero la Superintendencia de Sociedades no considera tan neutrales esos esquemas jurídicos. En el caso de Mónica Semillas falló en contra de la compañía y la obligó a devolver una plata, por considerar que había creado distintas sociedades para obtener créditos subsidiados del Estado.

D.T.: A nosotros no nos corresponde juzgar lo que hacen otras empresas en el campo agroindustrial. Pero sí me parece pertinente aclarar que se trata de dos situaciones totalmente diferentes pues en nuestro caso, nosotros no hemos recibido un solo peso del gobierno. Toda la inversión, que como dije asciende a 90.000 millones de pesos, se ha hecho con recursos propios.

SEMANA: Pero el hecho es que la altillanura está en un limbo jurídico. ¿Ustedes aspiran a que el Estado les solucione el problema?

D.T.: En lo más mínimo. Nosotros tenemos la total convicción de la conveniencia y la legalidad de todo lo que hemos hecho. Lo que aspiramos es que el Estado defina una política sobre el futuro de esa zona. La continuidad de nuestros proyectos está en riesgo. El gobierno ha presentado proyectos de ley, luego los modifica o los retira y el hecho es que hoy no estamos en nada. La SAC ha informado que cerca de 2,4 billones de pesos que estaban listos para inversiones no solo están congelados, sino que se están retirando. 

¿Qué sentido tiene todo eso? Lo que nadie ha dicho hasta ahora es que se está frenando el desarrollo de una región que ha estado olvidada por décadas. Pero ahora, por cuenta del debate político, resulta que los ‘malos’ somos los que hemos tratado de hacer agroindustria con nuestros recursos en unas tierras que estaban perdidas para el agro. 

SEMANA: ¿En qué consiste exactamente el proyecto de ustedes?

D.T.: Nuestro proyecto, denominado Veracruz, tiene como razón estratégica fundamental el crecimiento potencial de la empresa diversificando riesgos a través de una diversificación geográfica y de productos. En ese orden de ideas, tenemos ya sembradas una plantación de 2.000 hectáreas de palma de aceite y otra de 1.000 hectáreas de granos y cereales. Esas actividades hacen parte de un proyecto más amplio de inversión por 280 millones de dólares, el cual está en fase de estructuración para su posterior aprobación por la junta directiva y la asamblea de accionistas. Esos proyectos van a generar en su madurez 1.100 empleos formales en la región.

SEMANA: ¿Qué opinan ustedes del concepto que tenía el proyecto de ley del gobierno que acaba de retirar el ministro de Agricultura en el sentido de que esos macroproyectos tienen que tener fórmulas de contenido social que beneficien a los campesinos de la región?

D.T.: Nosotros ya estamos aplicando esos criterios. El proyecto Veracruz se desarrolla con un concepto claro de responsabilidad social empresarial. Basados en estudios adelantados por la Universidad de los Andes, la Fundación Puerto Rastrojo y Valoración Económica Ambiental S.A.S. vamos a direccionar nuestras acciones desde los puntos de vista social y ambiental de acuerdo con el concepto de sostenibilidad de la empresa.

SEMANA: Ante el limbo en que se encuentra la altillanura, ¿cuáles son las expectativas de ustedes?

D.T.: Una vez se resuelva el tema de seguridad jurídica, nuestra expectativa es volvernos jugadores importantes dentro de la agroindustria de la palma al suministrar materia prima para las industrias alimenticias y de biocombustibles del país. Además, queremos ser partícipes del desafío de convertir en realidad la vocación natural del país como uno de los siete potenciales proveedores más importantes de alimentos en el mundo. 

Colombia sigue siendo un importador de productos agrícolas y, si se permite el desarrollo de la altillanura, se podría lograr la reducción de la brecha entre demanda y producción, lo que mejoraría la balanza comercial del país. Para todo esto vamos a buscar la participación de socios estratégicos y a desarrollar asociaciones productivas con pequeños y medianos productores.

SEMANA: ¿Cuál es su balance sobre toda esa controversia que ha vivido recientemente? ¿Está usted optimista?

D.T.: Sí, soy optimista. Creo que estamos haciendo algo muy importante no solo para la empresa sino para el país. Aunque los proyectos apenas están empezando, ya observamos algunas señales de mejoría en las condiciones sociales de las regiones aledañas. Eso se ha logrado a través de la generación de empleo formal en una región donde no había fuentes de trabajo. Además, solamente en 2012 movimos recursos financieros en el municipio de Santa Rosalía por más de 5.000 millones de pesos en contratación de servicios, generación de empleo y compra de materiales, entre otros. El desarrollo de la altillanura será un gana-gana para todo el mundo.
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