Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1996/11/25 00:00

ENTREVISTA CARL BERNSTEIN

El Papa, un hombre extraordinario

ENTREVISTA CARL BERNSTEIN

El periodista, que junto con Bob Woodward destapó el escándalo de Watergate, chivió al mundo al revelar la alianza entre el Papa y Reagan. Bernstein, después de dejar al Washington Post, ha trabajado en la cadena de televisión ABC y Time. SEMANA lo entrevistó.C.B.: Fui jefe de corresponsales de la cadena de televisión ABC News durante varios años. A mediados de los 80 hice trabajos especiales para el programa de investigación Nightline de la misma cadena. Escribí unas memorias sobre la experiencia de mi familia durante la era del macartismo y la cacería de brujas en la década de los 50. Y después trabajé en Time antes de escribir el libro.Semana: ¿Cómo supo de la alianza secreta entre el Papa Juan Pablo II y el presidente Ronald Reagan?Carl Bernstein: Estaba en Roma después de la caída del muro de Berlín. Asistí a una fiesta donde había muchos sacerdotes. Al conversar con uno de ellos le comenté que, sin duda, los más beneficiados por este hecho eran ellos y la administración Reagan. Me miró con cierta suspicacia y contestó: "No sabe ni la mitad de la historia". No quiso hablar más pero presentí que acá había una noticia. Era evidente que los intereses de la Iglesia Católica y los del gobierno estadounidense en muchos casos coincidían. Allí comencé a investigar.Hice un informe especial en la revista Time en el cual revelaba los primero detalles de la alianza secreta entre el Papa Juan Pablo II y la administración del presidente Ronald Reagan para acabar con el comunismo. El artículo provocó una respuesta del líder soviético Mijail Gorbachov, quien dijo que sin este Papa nunca se hubieran logrado los cambios en Europa Oriental y en la URSS. Decidí, entonces, escribir el libro.Semana: ¿Qué lo sorprendió más del Papa?C.B.: Su misticismo. Reza de seis a ocho horas diarias arrodillado sobre ese frío piso de mármol de la basílica de San Pedro. Después del atentado en su contra, el 13 de mayo de 1981, llevó la bala que lo había herido a la Virgen de Fátima, la colocó en la estatua y le dio las gracias por haberle salvado la vida. Luego traería la estatua a Roma para rezar por la conversión de Rusia al cristianismo. Fue el 13 de mayo de 1917 cuando la Virgen dijo en una aparición que algún día Rusia se convertiría nuevamente.Cuando era joven dos veces intentó infructuosamente ingresar en la orden de los carmelitas descalzos pero su arquidiócesis no se lo permitió.El libro, en el fondo, es una biografía de uno de los hombres más extraordinarios del siglo XX, a la par de Churchill y Roosevelt. No sólo ayudó a derrumbar la cortina de hierro sino que ha desafiado las convenciones de la moralidad occidental.Semana: ¿Algo más?C.B.: Es el primer Papa desde Pedro en crecer dentro de una comunidad judía. Asistió a una escuela pública y no a un seminario, como ocurrió con la gran mayoría de sus predecesores. Su primer amor fue una niña judía. Su mejor amigo, que hoy vive en Roma, es judío. Muchos de sus compañeros de colegio murieron en los campos de concentración de Auschwitz. Eso lo marcó mucho.Después de su pontificado la Iglesia Católica nunca más podrá revertir al antisemitismo. Restableció relaciones con Israel y pidió una reflexión profunda de la Iglesia sobre el papel en el Holocausto.Semana: ¿Cómo llegaron a ser tan buenos amigos Reagan y el Papa? C.B.: Tenían muchas cosas en común. Ambos eran actores y entendían el poder del simbolismo. Los dos creían que el comunismo era espiritualmente malvado. Reagan es un hombre mucho más religioso de lo que la gente común se imagina. Compartían, así mismo, el haber sobrevivido a un atentado. Cuando se encontraron por primera vez en mayo de 1982 dijeron: "Mire cómo Dios nos ha salvado".Semana: ¿Al Papa lo sorprendió su elección?C.B.: Cuando se reunieron los cardenales para elegir al nuevo pontífice era consciente de que tenía posibilidades. Había recibido nueve votos cuando se llevó a cabo la elección de Juan Pablo I, su predecesor, que murió un mes después. También era evidente el interés de varios cardenales por elegir el primer Papa no italiano. Su formación dogmática y conservadora y sus ideas sociales más progresistas lo convertían en un buen candidato.

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