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| 9/22/2017 11:18:00 PM

"El problema se creó cuando se le metió política a la justicia"

El rector del Rosario, José Manuel Restrepo, habla del escándalo que atraviesa la Corte Suprema, de la crisis de valores que vive el país y de las respuestas que debe dar la academia.

SEMANA: El Rosario ha sido una universidad muy activa en el debate que ha suscitado la actual crisis de la justicia. ¿Por qué han querido asumir ese rol?  

J.M.R.: Primero porque históricamente el Rosario ha sido "cuna de la república" y porque así como en el pasado, estamos comprometidos con la construcción de una buena historia para el país. Además porque como enseñaba uno de nuestros más ilustres juristas y exrector de la Universidad, en el Rosario "se enseña, se profesa y se practica la virtud".Por estas razones, no podemos estar de espaldas a esta triste realidad que pone en riesgo lo que muchos Colombianos y Rosaristas han construido cuidadosamente por tantos años: la credibilidad de nuestras instituciones, incluida la justicia. Es el momento de no quedarse callado, de liderar y de actuar. En palabras de nuestro Fundador del Claustro, es el momento de Ilustrar a la República y por ello nos hemos comprometido a trabajar en esta problemática de nación 

Adicionalmente en el deterioro en que nos encontramos, lo que sucedió recientemente con tres Ex Presidentes de una Alta Corte es la cereza de un ponqué de muy mal sabor. Vivimos en el país una pérdida de credibilidad mes tras mes de nuestras instituciones. Los actos de corrupción en el sector público llegaron a unos límites intolerables, pero si a eso se agrega la justicia, pues lo que se vive es un panorama desolador. Cuando la corrupción toca la Justicia es una realidad muy compleja de entender y de enfrentar porque, como dice la sentencia bíblica, si la sal se corrompe, ¿con qué la vas a salar?. 

SEMANA: ¿A qué se refiere?

J.M.R.: Me refiero a que si en paralelo enfrentamos actos de corrupción en otros sectores de la sociedad, le corresponde a la justicia darle respuesta a dichos problemas, pero si esta queda en entredicho el problema es mucho más delicado. Adicionalmente, la corrupción en un Juez, es aún más indignante para una sociedad, en palabras de Francis Lieber  “si el traicionar a la patria es vergonzoso en un ciudadano a quien no se le ha confiado ningún cargo, doblemente criminal y vergonzoso es para un Juez el traicionar a la Justicia y a la Libertad, prestándose a la adulación y apartándose del camino de la verdad y del derecho, cuya custodia le ha sido especialmente encomendada”.

Así las cosas, una Universidad que ha hecho historia en la formación jurídica de este país, no puede mirar a otro lado en momentos como este.  

SEMANA: A usted que dirige una universidad que ha formado abogados por 365 años, ¿Qué sentimiento le produce lo que está pasando?

J.M.R.: Me genera un sentimiento muy complejo de desazón, de preocupación, de tristeza si se quiere. También creo que esta situación trae consigo reflexiones importantes. Por ejemplo, el evitar caer en dos errores: generalizar que aquí todos son corruptos y caer en la conclusión de que no hay salida.No se puede desconocer la tarea que silenciosa y fielmente cumplen la gran mayoría de los servidores de la rama judicial. De otro lado, estoy convencido de que existen caminos alternos.Y creo también, como educador, que no podemos dejar de seguir formando jóvenes con esperanza en que existe una salida y que ellos tienen que ser los protagonistas y constructores de esa esperanza.   

SEMANA: ¿Cuál es la salida?

J.M.R.: Antes de contestar quisiera evidenciar una genealogía de la corrupción. Pienso que la madre de todas las corrupciones es la forma como se relaciona el elector y el elegido y los mecanismos cómo se financia la política. Justamente por eso creo que ese debe ser el primer paso para enfrentar este cáncer y es allí a donde deberíamos enfilar baterías para emprender una reforma urgentemente. Pero así como la corrupción tiene una madre, tiene padre y hermanos.

Puede leer: El mensaje del rector del Rosario a sus abogados

SEMANA: Pensé que iba a decir que la salida era la educación…

J.M.R.: También lo es. Justamente la Educación es el padre de la integridad en la sociedad, pero una educación inapropiada puede ser también el padre de la corrupción. En la educación hay que trabajar desde los primeros años, más atrás del preescolar si se quiere, en defender el valor de lo que significa ser seres humanos íntegros. No solo hay actos de corrupción en la justicia, sino que los hay en la propia familia y también en las instituciones educativas cuando encontramos plagios, copias, y otros hechos similares... Me parece que el sector educativo también tiene que ser consciente de que tiene un compromiso, tiene que reconocer que ha cometido errores y que el compromiso de la formación que tiene con los jóvenes debe ser integral y debe basarse en el buen ejemplo y en mensaje de coherencia entre los valores, lo que se piensa y como que se actúa.

SEMANA: ¿Por qué cree que hay tanta corrupción en esa cotidianidad?

J.M.R.: Este es un país profundamente informal y la informalidad es un caldo de cultivo maravilloso para que existan actos corruptos. La informalidad en lo laboral, la informalidad en lo fiscal, en lo empresarial, la informalidad en el uso exagerado del efectivo que incluso termina escondiendo actos corruptos. Todas esas son prácticas de informalidad que animan o alimentan la corrupción, son como los hermanos mayores de la corrupción.

SEMANA: ¿Y cuáles son los hermanos menores?

J.M.R.: Se podría decir que la falta de transparencia. Algún amigo mío me contaba que le habían puesto una multa en Suiza. El parte le llegó electrónicamente para pagar directamente por Internet. Vino a Colombia hace algunos meses y le pasó lo mismo. Y ahí empezó el drama, porque en un país corrupto existe una interacción humana excesiva. No solo fue el policía que puso el parte, sino la media hora que hay que esperar al de la grúa, tiempo en el cual el policía  "intentó llegar a un acuerdo". Una vez con el parte, vino un drama adicional: pagar el parte. Cuando la persona llegó a hacerlo, el funcionario del sistema le dice: “ese parte todavía no se ha convertido en una factura”, como insinuando también que tiene la capacidad de no convertirlo en factura, otra interacción humana. Entre tanta interacción humana poco transparente hay muchos más riesgos de que hayan escenarios de corrupción. Y lo mismo pasa con las licencias de construcción, las definiciones de plusvalías o los planes de ordenamiento territorial, infinidad de procesos que son muy poco transparentes y tremendamente discresionales. 

Y finalmente le agrego otros hermanos. En primer lugar la ausencia de sanción social efectiva y oportuna para los actos corruptos, y en segundo lugar la debilidad en los mecanismos de participación democráticos para que la ciudadanía haga evidente los actos corruptos.  

SEMANA: ¿Y en la justicia qué cree que pasó?

J.M.R.: Muchos añoran hoy las cortes que existían hace algunas décadas compuestas por juristas que estaban más allá del bien y del mal. En varios casos extrañamos la dignidad que representa ser un Magistrado de una Alta Corte. Creo que el problema se creó cuando le inyectamos política a la justicia, por ejemplo, entregándoles a los magistrados funciones electorales. Ese poder ha destruido el sistema. Me sorprende también que sea tan clara la necesidad de una reforma a la justicia, pero también que sabiendo la salida no seamos capaces de realizarla.

SEMANA: ¿Qué cree que pueden hacer las universidades frente a lo que está pasando?

J.M.R.: Creo que las Universidades están llamadas a hacer una evaluación de cuál ha sido y debe ser la formación impartida, cómo se ha desarrollado la aproximación deontológica, cómo mejorar la calidad profesional desde las aulas, qué ha quedado pendiente o incompleto en esa labor. Quizás sea importante reforzar especialmente el mensaje sobre lo que supone ser “servidor público”, y específicamente cuál es el papel del juez en la sociedad. Pero más allá de todo ello, esta debe ser la ocasión de comprometernos como sociedad en un proyecto común de Nación, que nos ayude a consolidar esos valores esenciales que nos permiten vivir juntos, confiar  en los otros y especialmente  en los guardianes de la ley, y hacer realidad un país en el cual la transparencia en todas las actividades ciudadanas permita ver que se ha vencido el egoísmo,  y que gracias a la libre discusión y al respeto a la diversidad, se logre una  revolución ética para consolidar liderazgos  públicos y privados basados en valores.  

SEMANA: En el Rosario hay miles de jóvenes que hoy estudian derecho. ¿Qué mensaje les ha dado?

J.M.R.: Les digo que lo que necesitamos son más y mejores abogados. Profesionales íntegros que en su actuar público y privado le demuestren a la sociedad por la vía del ejemplo que efectivamente han construido un liderazgo trascendente, les recuerdo también que no dejen  de hacer la tarea. En otras palabras que no metan la cabeza debajo de la tierra y esperen que la tierra cambie.Que son ellos, con nuestro apoyo institucional, quienes debemos ser protagonistas del cambio en la sociedad.

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