Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1998/08/24 00:00

ENTREVISTA : GENERAL RICARDO CIFUENTES

"Me están pasando la cuenta de cobro"

ENTREVISTA : GENERAL RICARDO CIFUENTES

La semana pasada el general (r) Ricardo Cifuentes estuvo en el ojo del huracán a raíz de las declaraciones del presidente Ernesto Samper quien lo señaló como uno de los inspiradores de la intentona del golpe. Cifuentes decidió romper el silencio para defenderse de esas acusaciones.
SEMANA: El presidente Samper, en entrevista con D'Artagnan, lo señala a usted como uno de los promotores de la intentona de golpe de Estado por parte de los militares ¿Eso es cierto?
Ricardo Cifuentes: El episodio al que se refiere el Presidente sucedió el día en que yo hice pública mi renuncia al servicio activo. Confieso que me siento complacido al escuchar de parte de Samper que ese fue su peor episodio vivido durante su gobierno. Siento sí desengañarlo de su respuesta al porqué de mi retiro.
SEMANA: General, ¿pero detrás de su renuncia sí existía una intentona de golpe?
R.C.: En absoluto. Yo simplemente decidí tomarme la vocería de la institución militar, que se sentía indignada y deshonrada por su máximo jefe, el Presidente. Alguien debía dejar constancia de la desaprobación a su indignidad y ese alguien decidí ser yo.
SEMANA: ¿Es decir que usted renunció para convertirse en el símbolo del inconformismo del Ejército hacia el presidente Samper?
R.C.: Quiero ser muy claro. Yo renuncié por dos razones. La primera, por indignación al comprobar la forma ilegítima e ilegal como Samper había llegado a la Presidencia. La segunda, por desencanto al conocer el respaldo que le dio el mando militar a Samper la noche en que el doctor Botero habló y nos despejó todas las dudas sobre la responsabilidad del Presidente con la narcofinanciación de su campaña.
SEMANA: ¿Entonces cuál es el famoso gato encerrado del que habla el presidente Samper?
R.C.: El único gato encerrado, como él lo dice y que luego se pudo comprobar, fue el de los ocho millones de narcodólares. Con esa historia Samper pretendió meterle gato por liebre al pueblo colombiano.
SEMANA: Usted dice que en la noche que habló Botero la cúpula militar apoyó al Presidente. ¿Cómo pudo existir ese apoyo unánime si por esa época la alta oficialidad ya estaba dividida entre quienes defendían y atacaban a Samper?
R.C.: Cuando yo escuché por la radio, a eso de la media noche del lunes 22 de enero de 1996, unas horas después de que había hablado Botero, que en Palacio se encontraba el Ministro de Defensa con el alto mando creí, como lo hizo la mayoría de los colombianos, que la alta oficialidad iba a recomendarle al Presidente su renuncia. Mi gran desencanto fue cuando a la salida el mando militar le dijo al país que acababan de ofrecerle el respaldo incondicional a Samper como Presidente.
SEMANA: ¿En ese momento usted tomó la decisión de renunciar por el desencanto que le produjo el apoyo de sus superiores al Presidente?
R.C.: Efectivamente. Ese respaldo era definitivo para mantener a Samper en el poder hasta el último minuto de la última hora del último día. En ese momento redacté mi carta de renuncia y se la entregué al comandante del Ejército, que en ese entonces era el general Harold Bedoya.
SEMANA: ¿El alto mando trató de persuadirlo para que no renunciara?
R.C.: Sorpresivamente nos convocaron a todos los generales a una charla con el general Zúñiga en el Club Militar. La gran sorpresa que nos llevamos fue que encontramos la avanzada del Presidente con todo el despliegue de los medios de comunicación y aprovecharon esa reunión para hacer aparecer ante el país que la alta oficialidad estaba rodeando a Samper. Eso para mí fue una trampa y una burla para los generales.
SEMANA: ¿Por qué en el Club Militar se habló de gato encerrado?
R.C.: Para mí es muy extraña la afirmación que pone el Presidente en boca del general Zúñiga. Porque el general sabía perfectamente que detrás de mi renuncia no había sino el pundonor de un soldado y la dignidad de un general.
SEMANA: ¿Usted ha hablado en estos días del tema con el general Zúñiga?
R.C.: En este momento me acaba de entrar una llamada a mi celular del general Zúñiga. Me llamó desde Moscú y usted escuchó los términos de mi conversación. Me dijo que lo dicho por el Presidente es totalmente falso. Que había hablado con Samper y le había manifestado su desaprobación y extrañeza por lo dicho en la entrevista a
SEMANA. Que él nunca habló de gatos encerrados y que mucho menos que el general Cifuentes hubiera iniciado una conspiración.
SEMANA: General, todos los indicios que hay hasta ahora apuntan a que sí hubo una intentona de golpe para tumbar a Samper. ¿Qué fue lo que pasó?
R.C.: Que yo sepa que se trató de tumbar al Presidente por parte del Ejército no sé nada. Era imposible marginar al Ejército de lo que estaba pasando. Es posible que otros oficiales, como me ocurrió a mí, también estuvieran cuestionando íntimamente la legitimidad del Presidente. Pero de ese tema yo nunca hablé con nadie.
SEMANA: ¿Por qué aparece su nombre involucrado en el asesinato de Alvaro Gómez?
R.C.: Porque una hora después de la muerte de Alvaro Gómez supuestamente se produce una llamada anónima a las autoridades para entregar el número de las placas de una camioneta sospechosa. Esa llamada a todas luces fue hecha por los mismos asesinos para desorientar la investigación y para mi mala suerte escogieron un vehículo de mi escolta.
SEMANA: ¿Dónde se encontraba en el momento del asesinato de Alvaro Gómez?
R.C.: Recuerdo que en ese momento me disponía a asistir a una ceremonia en la Brigada de Inteligencia Militar. Cuando estaba por iniciarse la ceremonia circuló el comentario y la alarma del atentado al doctor Gómez. La ceremonia transcurrió pero antes de finalizar se retiraron los mandos y se conoció que el doctor Gómez había fallecido.
SEMANA: ¿Cómo se enteró que el carro de escoltas había sido reportado por una llamada anónima?
R.C.:: Esa misma tarde, cuando regresé del Capitolio Nacional de una reunión de gobernadores. Ordené de inmediato una investigación. Fueron incomunicados los cuatro escoltas, se sellaron el carro y el armamento. Se dispuso que a los escoltas se les practicara la prueba de absorción atómica y el armamento fue enviado al laboratorio para determinar si había sido disparado. Al día siguiente le entregué todo a la Fiscalía.
SEMANA:: ¿Cuál fue el resultado de esa investigación?
R.C.: La Fiscalía y la Procuraduría concluyeron que los escoltas y el carro eran absolutamente ajenos a los hechos ocurridos el día del asesinato del doctor Gómez.
SEMANA: ¿Por qué han tratado de involucrarlo en el asesinato de Alvaro Gómez?
R.C.: No tengo ninguna duda de que todos los señalamientos en mi contra provienen de alguien que quiere hacerme mal. Yo no tuve enemigos personales durante mi carrera, ni siquiera dentro de la subversión, por la forma limpia como conduje mis tropas en cumplimiento de mi misión. Mis enemigos surgieron a raíz de mi renuncia.
SEMANA:¿Es decir que usted está convencido que todo lo que le está ocurriendo fue por lo que dijo en su momento contra el gobierno de Samper?
R.C.: Yo sé que Samper nunca ha perdonado mi franqueza y mi entereza. A lo mejor ni siquiera la entendió. Es imposible para él y para su especialísimo concepto de la dignidad encontrar explicación a mi actitud. Por lo tanto comprendo que desde siempre haya buscado intenciones golpistas y vaya uno a saber qué otros perversos propósitos habrán bullido en su imaginación febril, estimulada por el sentimiento de culpa y el temor por el castigo de la Nación a su conducta vergonzosa. Me están pasando una cuenta de cobro por mi renuncia y por ser un hombre cercano al general Bedoya.
SEMANA: ¿Usted cree que la muerte de su hijo está relacionada con alguno de estos dos episodios?
R.C.: Contra mi hijo atentaron 20 días después de mi renuncia. Yo había recibido información de que el presidente Samper había ordenado buscar la manera de castigar mi insolencia. La noche del asesinato de mi hijo me encontraba en Bucaramanga. A eso de las tres de la mañana me llamaron desde Bogotá para informarme de la tragedia. La forma como describieron los hechos me llevaron en ese momento a pensar de que el atentado estaba dirigido hacia mí y que provenía del Presidente de la República.
SEMANA: ¿Qué hizo?
R.C.: Esa madrugada intenté comunicarme con el Presidente pero no pasó al teléfono. Entonces llamé al doctor Horacio Serpa, a quien le pedí el favor de informarle a Samper que el atentado contra mí le había fallado porque yo no iba en el carro sino mi hijo, que estaba agonizando en ese momento.
SEMANA: Esta es una acusación muy temeraria contra el presidente Samper. ¿Tiene pruebas para hacerlo?
R.C.: La información que tenía hasta ese momento era muy confiable y mi deducción muy lógica. Cuando conocí con más detalles lo que ocurrió y a pesar del dolor que me embargaba, llegué a la conclusión de que no era hora de señalar a nadie. Era mejor esperar las investigaciones.
SEMANA: Pero esas investigaciones terminaron por descubrir que a su hijo lo habían asesinado por robarle el carro.
R.C.: Siempre hemos querido aferrarnos a la idea de que las investigaciones han ido conduciendo a la verdad. Sin embargo, ante la persecución a que he sido sometido por parte de Estado, es imposible sustraerme de la desconfianza sobre la autoría material y más aún sobre la autoría intelectual de la muerte de mi hijo.
SEMANA: ¿Usted cree que con todo lo que le ha sucedido va a terminar en la cárcel por el caso de Alvaro Gómez?
R.C.: Veo claramente que al Presidente no le ha parecido suficiente el castigo moral que he recibido después de mi posición digna y franca al momento de mi renuncia. Ahora solo esperará verme ante los estrados judiciales y en la cárcel para terminar de destrozarme moralmente.

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