Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1997/06/02 00:00

ENTREVISTA : MARIO VARGAS LLOSA

Vargas Llosa habla sobre el fujimorazo

ENTREVISTA : MARIO VARGAS LLOSA

El contrincante del Presidente peruano Alberto Fujimori en las primeras elecciones en que fue elegido, juzga el operativo que llenó de gloria al hombre que lo derrotó. Plinio Apuleyo Mendoza lo entrevistó para SEMANA con ocasión de su visita a Bogotá.
Plinio Apuleyo Mendoza: ¿Cuánto tiempo tenías sin venir a este país?
Mario Vargas Llosa: Haciendo cálculos, 13 años. Vine en 1984, durante la presidencia de Belisario Betancur, para hacer entrega de unos premios de periodismo.
P.A.M.: ¿Cómo ves a Colombia?
M.V.Ll.: Desde fuera (yo vivo en Londres) Colombia se ve fundamentalmente a partir de la crisis que está viviendo. Es un país que por desgracia sólo se asocia a lo más negativo que le ocurre: a los problemas del narcotráfico, de la guerrilla y a los grandes escándalos políticos que ha vivido el país desde que el Presidente fue acusado de haber recibido dinero del cartel de Cali para su campaña. Todo lo que ha seguido, el problema de la descertificación y demás consecuencias, ha creado una imagen indiscutiblemente desfavorable. Hay seguramente muchas cosas buenas, pero lo que repercute en el exterior es lo más llamativo, y lo más llamativo, en el caso de Colombia, es lo más escandaloso.
P.A.M.: ¿Alguna semejanza con el Perú?
M.V.Ll.: Ninguna. Los problemas de los dos países no son parecidos. Los que ha vivido el Perú han sido fundamentalmente relacionados con la desaparición de las instituciones democráticas.
P.A.M.: ¿Qué habrías hecho ante la ocupación de la embajada japonesa si hubieses sido presidente del Perú? ¿Lo mismo de Fujimori?
M.V.Ll.:Es muy difícil decirlo. Es fácil hablar desde la barrera cuando no te estás enfrentando directamente al toro. Algo es evidente: no se puede ceder al chantaje terrorista sin alentar otros chantajes. Si los 500 detenidos que tenía el Mrta en las cárceles hubieran sido liberados, como pedía Cerpa Cartolini, pues hubiésemos tenido nuevos secuestros a escuelas, conventos, otras embajadas, para obtener la liberación de los restantes detenidos. Entonces...
P.A.M.: No había otra alternativa.
M.V.Ll.: No la había. Lo cual no significa que se debía proceder de la manera como se ha procedido. No tengo información definitiva pero parece que hubo ejecuciones. Es sospechoso que ningún terrorista haya quedado con vida. Todo eso hace pensar en ejecuciones en frío, lo que es absolutamente inaceptable, absolutamente condenable pero por desgracia nada sorprende tratándose de Fujimori. Su gobierno tiene también una tradición de crímenes, de asesinatos, de desapariciones. Hay fuerzas de ese régimen que han cometido crímenes execrables, probados hasta la saciedad.
P.A.M.: Muchos colombianos, sin embargo, dicen: "Aquí lo que falta es un Fujimori". ¿Cómo lo explicas?
M.V.Ll.: Porque se está dando el mismo fenómeno que se dio en el Perú para que muchos vieran en un hombre que cerraba el Congreso, que echaba a los jueces, que llamaba al Ejército a la vida política la solución de todo. Solución para una democracia deficiente y corrompida. Un Fujimori es lo que puede ocurrir ante una clase política que defrauda una y otra vez las expectativas del electorado; ante unos partidos que parecen cascarones vacíos, sin ideas, sin valores. Cuando esto ocurre, viene la fuga hacia la autoridad, el orden, la fuerza.
P.A.M.: Y eso para ti no es la solución...
M.V.Ll.: Por supuesto es la peor de las soluciones. La historia, no sólo de América Latina sino del mundo, ha demostrado que una dictadura no resuelve los problemas. Crea otros. Tenemos una historia llena de dictaduras y si las dictaduras hubiesen sido una solución, América Latina no sería el continente que es. Pero esa alternativa sigue vigente si en un país la democracia no funciona, si trae corrupción, si hay empobrecimiento.
P.A.M.: ¿No irás demasiado rápido? Fujimori no es visto en el contexto internacional como un dictador. Al fin y al cabo tuvo un triunfo electoral indiscutible. Desde ese punto de vista su origen es legítimo. ¿O no es así para ti?
M.V.Ll.: Eso se puede discutir. Es verdad que él tuvo una votación muy grande y es verdad que después del golpe de Estado de febrero de 1992 se han visto procesos electorales que, según los partidarios del régimen, lo han legitimado. Yo no lo veo así. Los dictadores, en América Latina, luego de un golpe de Estado, han buscado siempre una legitimación democrática mediante unas elecciones que ganaban, sea porque tenían popularidad o porque, con o sin ella, tenían el control de los medios de comunicación, de la fuerza militar, de los comicios, y porque la oposición, en esas condiciones, quedaba minimizada, sin equidad. Eso es lo que ha ocurrido en el Perú.
P.A.M.: Fujimori era poco antes de ser elegido por primera vez un desconocido. Ganó porque a ti, injustamente, un sector mayoritario del pueblo peruano te identificó con la clase política o con un sector de ella. También en Colombia hay una reacción antipolítica. También aquí estamos expuestos a un fenómeno similar. Mockus, por ejemplo. ¿Qué riesgos le ves a este tipo de alternativas?
M.V.Ll.: Pueden dar lugar a una forma nueva de autoritarismo. La que permiten estos tiempos. Esta ya no es una época en la que puedan resucitar los Somoza, los Trujillo, los Pérez Jiménez. No hay campo para gorilas. Pero fenómenos de otro tipo sí pueden presentarse en otras partes. Fujimori ha creado un precedente. Una forma autoritaria que guarda algunas apariencias democráticas. Si la gente se desinteresa de la política y desprecia la política, pues quiere decir que la democracia está en proceso de autodestrucción y que en cualquier momento puede desplomarse en beneficio de una alternativa extravagante.
P.A.M.: Hablemos de Cuba. Hay fuertes reacciones en los gobiernos latinoamericanos y en sectores de la opinión contra la ley Helms-Burton. ¿Cómo la juzgas?
M.V.Ll.: La ley Helms-Burton no es distinta a lo que las llamadas fuerzas progresistas pedían cuando se trataba de sancionar comercial y económicamente a las despreciables dictaduras de Haití o al apartheid del Africa del Sur. O a Pinochet. Yo estuve de acuerdo con que se golpeara económicamente a esas dictaduras. Bueno, también pienso lo mismo en relación a Cuba. Soy consecuente. Hay que solidarizarse con 10 millones de cubanos a los que se les ha retrocedido o llevado a unas condiciones de vida realmente africanas por una política insensata, antihistórica, donde se siguen practicando unos métodos de dictadura que en el resto de América Latina han desaparecido. Cuba es con Corea del Norte el último representante de una forma obtusa y cerrada de despotismo comunista.
P.A.M.: Pero Fidel Castro se mantiene en el poder. Cambian los presidentes en Estados Unidos, cambian en América Latina y él sigue ahí. ¿Qué salida?
M.V.Ll.: Pues aspiramos a que haya allí también una transición pacífica como la que hubo en España, por ejemplo, o en Chile, que pasó de la dictadura de Pinochet a la democracia actual.
P.A.M.: ¿Qué clase de transición?
M.V.Ll.: Una obtenida por un amplio consenso que ahorre nuevas violencias y nuevos sufrimientos.
P.A.M.: ¿La ves realmente posible?
M.V.Ll.: No se puede ser exageradamente optimista porque el empecinamiento de Castro, su rechazo total a cualquier concesión han impedido hasta ahora que se establezca el más mínimo embrión de acercamiento entre la resistencia democrática y la dictadura. De manera que no se puede descartar un colapso dramático como el que ocurrió en Rumania con Ceausescu, cuyo empecinamiento era similar al del propio Castro.
P.A.M.: ¿Crees que esa posibilidad también existe?
M.V.Ll.: No se puede descartar. No la deseo. Sería trágico para Cuba. Creo que los cubanos han sufrido demasiado como para tener que vivir una nueva sangría. Creo que la presión debería ir en el sentido de pedir una transición pacífica, negociada, siguiendo lo que ya hoy en día es una tradición en América Latina
P.A.M.: ¿Cuál es para ti el gran problema del continente?
M.V.Ll.: Sin duda alguna la pobreza.
P.A.M.: ¿Y le ves salida a ese problema?
M.V.Ll.: Hay ya indicaciones de cambio. Políticas más modernas, más sensatas de las que hubo en el pasado. Estamos lejos de la situación ideal.
P.A.M.: ¿Qué país nuestro verías como modelo?
M.V.Ll.: Yo me identificaría con el modelo de Chile, desde luego, pero no le dejaría de ninguna manera al Ejército esa especie de derecho de vigilancia o derecho de veto que tiene allí. Esa es una de las imperfecciones de la democracia chilena. Lo que es ejemplar es su política económica. Chile es el país más próspero de América Latina, el que avanza hacia el desarrollo.
P.A.M.: ¿Cuál sería la fórmula?
M.V.Ll.: La verdad, Plinio, es que no tiene ningún misterio. Ninguno. La receta es sencilla. Ya se sabe como se puede salir de la pobreza. Lo ha hecho Chile, lo han hecho Taiwan, Corea del Sur, Singapur. Lo ha hecho Nueva Zelanda, por ejemplo.
P.A.M.: Estuviste allí.
M.V.Ll.: Yo estuve allí. Y quedé absolutamente impresionado con la reforma que hizo el partido socialista. Con recetas liberales, claro. Porque no fue el partido conservador sino el partido socialista el que entendió, antes que los laboristas ingleses, que el Estado no debe intervenir en la vida económica, que debe dejar a la sociedad civil que cree la riqueza en un marco de legalidad y libre competencia. Cuando la economía se privatiza, cuando existen reglas de juego, cuando existe una justicia independiente capaz de proteger derechos, las ventajas comparativas del país empiezan a funcionar inmediatamente y, gracias a la globalización, se inicia un proceso de desarrollo a pasos acelerados.
P.A.M.: No obstante, la palabra neoliberal, con que se designa entre nosotros este tipo de política, ha sido satanizada. Se dice que es una forma de capitalismo salvaje.
M.V.Ll.: Bueno, también cuando éramos jóvenes esa satanización se le hacía a la propia democracia desde una perspectiva de izquierda. Democracia era la máscara del explotador, ¿verdad? Hoy ocurre lo mismo con la izquierda y el liberalismo, o el neoliberalismo. Se dice que es responsable de la pobreza, cuando la pobreza en el continente tiene siglos y todavía no se han visto, con excepción de Chile, políticas realmente liberales en América Latina.
P.A.M.: ¿No hay políticas liberales fuera de la de Chile?
M.V.Ll.: No, sólo atisbos de liberalismo aquí y allá. Y sus ventajas sólo se ven en pequeña escala porque las reformas no son tan radicales como tendrían que ser.
P.A.M.: ¿El triunfo de Tony Blair en el Reino Unido es del socialismo o del liberalismo?
M.V.Ll.: Es un triunfo de Margaret Thatcher. Inglaterra tiene la economía más sana de toda Europa. Y fue obra de ella. Es el único país que ha derrotado el desempleo. Tiene 5 por ciento cuando Francia llega al 13 por ciento y Alemania también. Tony Blair, aunque venga del socialismo, ha prometido continuar las políticas de la señora Thatcher.
P.A.M.: ¿Ese pensamiento, que va en contravía del que Montaner, tu hijo y yo hemos llamado del perfecto idiota latinoamericano, tardará mucho en imponerse en América Latina?
M.V.Ll.: No se puede pronosticar nada. Pero ese debate, que hace 30 años no se habría podido adelantar, está hoy vigente. Acabo de permanecer una semana en Argentina y me ha impresionado la cantidad de preguntas que he recibido en torno al libro que escribieron ustedes. Ha tenido una repercusión que ustedes jamás imaginaron. Era el desafío que se esperaba, que se necesitaba. Es un buen comienzo. Pero la batalla será muy dura. Nosotros estamos marcados por el populismo. El populismo es un peligro aquí y en cualquier otra parte. Tiene raíces muy hondas, antiquísimas. Y es contrario, perfectamente contrario, al pensamiento liberal. Pero podemos darle la batalla. Y esa batalla no es imposible ganarla, ¿verdad?

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