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| 5/12/1997 12:00:00 AM

ENTREVISTA PAGADA CON MOCKUS

Nadie quería pagarle a Antanas Mockus por una entrevista. SEMANA decidió hacerlo para ver si valía la pena.

Semana: ¿Cuánto nos va a cobrar por esta entrevista?Antanas Mockus: Tengo una tarifa fija. Consiste en el 25 por ciento del espacio que un medio utilice en publicar mis declaraciones o mis entrevistas.
Semana: Explíquese.
A.M.: ¿Cuánto vale un aviso en SEMANA?
Semana: En promedio cinco millones y medio de pesos por página.
A.M.: Uy, les va bien en SEMANA. Si esta entrevista tiene cuatro páginas, el espacio costaría 22 millones de pesos, y lo que costaría mi entrevista es el 25 por ciento, o sea cinco millones 500 mil pesos.
Semana: Entonces no hay ninguna posibilidad de que la entrevista sea de cuatro páginas. ¿Y cómo piensa cobrar en radio y televisión?
A.M.: Con el mismo criterio, el 25 por ciento del tiempo utilizado. Si aparezco cuatro minutos en una entrevista de radio, cobro lo de un minuto de pauta, y lo mismo en televisión. Semana: ¿Qué le pareció la columna de Enrique Santos, en la cual critica sus métodos, incluyendo el cobro de entrevistas, por exceso de espectacularidad y por falta de seriedad?
A.M.: Soy más serio de lo que parezco. Insisto en eso. Y la tozudez de los hechos es la que dirime estas discusiones. Me dicen que en el programa La FM hubo un plebiscito de apoyo a mi planteamiento. Y finalmente aquí estoy sentado y ustedes están pagando.
Semana: Pero le garantizamos que será la última vez.
A.M.: Pero no canten victoria todavía. El tiempo dirá cuál de los dos tiene razón. Pero lo que me parece curioso es que ustedes me preguntan mucho por el precio y no en qué voy a invertir ese dinero.
Semana: Antes de hablar de eso, precisemos un punto. A usted se le critica por tener salidas que llaman la atención pero no son viables en la práctica. Por ejemplo, esto de cobrar las entrevistas en realidad no es viable. Usted lo ha mencionado como un sistema para financiar su campaña. ¿Cuánto cree usted que puede costar su campaña? Según la Fiscalía, la de Ernesto Samper costó 14.000 millones de pesos del 94, lo cual equivaldría a cerca de 30.000 millones de 1998.
A.M.: Un momento, es que el costo de la campaña de Samper fue descomunal. La mía tiene que ser una fracción de eso.
Semana: Pero una fracción de eso es una cantidad de plata. Si es la mitad de la de Samper serían 15.000 millones, si es la tercera parte serían 10.000 millones y aún si es la décima parte estamos hablando de 3.000 millones de pesos. ¿De dónde van a salir?
A.M.: Entre otras, de entrevistas como esta.
Semana: El número máximo de entrevistas que puede tener un candidato en un año son 30. Si se pagan a un promedio de tres millones de pesos por entrevista serían 90 millones de pesos. El hueco, si su campaña cuesta la décima parte de la de Samper, sería 2.910 millones de pesos. Por lo tanto, con todo respeto, el pago de entrevistas para financiar la campaña es una payasada.
A.M.: Sí pero 30 payasadas diferentes dan los 2.700 millones que faltan.Semana: Ha circulado el rumor de que usted va a aceptar como tope 5.000 pesos por persona, confiando en que a través de esa financiación democrática un millón de colombianos lleguen a girar las cifras necesarias para financiar la campaña.A.M.: Yo soy más radical que eso. Yo no acepto ni los 5.000 pesos por persona. Para mí el problema no es de monto, sino de cobro por servicios o productos de tipo pedagógico.
Semana: No entendemos. Si una señora le quiere regalar 5.000 pesos usted qué le contesta.
A.M.: Que lo único que necesito es su voto, que si ayuda en algún momento a recoger firmas, y que si considera bien invertidos los 5.000 pesos comprando una perinola de siete caras y las instrucciones para usarla, ahí sí le acepto los 5.000 pesos.
Semana: ¿Y qué pasa si un grupo económico quiere comprar un millón de perinolas?
A.M.: Pues que se encartan. Pero yo quiero tratar este tema en serio y no en chiste. Yo pienso gastar muy poco dinero en mi campaña presidencial. La cifra de 3.000 millones de pesos es de ustedes y no mía. Mi campaña a la Alcaldía costo 26 millones de pesos que serían 50 de hoy. Mis preocupaciones son movilización personal para recorrer el país y el mantenimiento de un equipo mínimo de asesores a quienes hay que pagarles bien. Porque no quiero tener deudas ni con ellos.
Semana: El costo más alto en una campaña presidencial es la publicidad. ¿Nunca va a pagar un aviso de prensa o una cuña radial?
A.M.: No.
Semana: Una gira presidencial a cualquier ciudad requiere tiquete de avión, cuartos de hotel, buses para transportar a la gente, organización de tarima y micrófonos. ¿Usted cree que eso se lo va a hacer alguien gratis?
A.M.: Se lo contesto por partes. No pienso viajar en patota como se ha hecho tradicionalmente. Pienso por lo general ir con una o dos personas a los lugares, y no van a ser giras porque creo que la gente valora más la presencia que el espectáculo de las manifestaciones. Si las distancias son cortas pienso viajar en bicicleta. En los lugares en donde me pueda alojar con un seguidor, me quedo. Si hay que pagar un avión o un hotel, lo pago. Pero eso no vale 30.000 millones de pesos. Quiero pasar muy poco tiempo en muchos lugares, como un beisbolista que va pasando de una base a otra. Cuando llegue a un lugar pienso hacer todo lo que se pueda hacer que no tenga costo. Si me invitan a una escuela voy, si es a un taller, si es a una buena tertulia voy. Pero no voy a hacer ninguna manifestación. El segundo costo de las campañas después de la publicidad son las manifestaciones.
Semana: Bueno, esa es la parte suya, pero queda un problemita pendiente. La logística para que la gente vote. Usted puede recorrerse todo el país montando en bicicleta y visitar escuelas, pero en la provincia colombiana la gente no puede votar si no la organizan y la llevan.
A.M.: El propósito de mi campaña es demostrar que eso era antes. Lo que yo simbolizo, precisamente, es que eso cambió. Yo creo que la gente necesitaba que le pusieran un bus, no porque no podía ir al lugar de votación sino porque no quería. Creo que en todo el territorio colombiano el que quiere votar puede.

Semana: ¿Y no le preocupa que no va a tener maquinaria?
A.M.: No, y además no sé qué va a hacer la maquinaria, porque como yo veo las cosas la recta final va a ser entre Valdivieso y yo, y ninguno de los dos tenemos maquinaria.
Semana: Nos habían vendido la idea de que usted iba a ser el vicepresidente de Valdivieso, y usted no fue muy categórico en negarlo cuando lo interrogaron al respecto. ¿Su respuesta de ahora descarta totalmente esa posibilidad?
A.M.: Sí.
Semana: Dénos su opinión de cada uno de sus rivales en una frase. Comencemos con Serpa.
A.M.: Cálido.... Cálido y Cali.
Semana: Andrés Pastrana.
A.M.: Demasiado tiempo en la banca.
Semana: Noemí Sanín.
A.M.: Demasiado cautelosa.
Semana: Carlos Lleras de la Fuente.
A.M.: Cachaco gruñón.
Semana: Juan Manuel Santos.
A.M.: Yo creo que de aquí a las elecciones él se habrá retirado. A esta altura de la entrevista pienso que debería cobrar 10 veces más por los adjetivos que me están sacando.
Semana: Ya que usted anticipa que su rival va a ser Valdivieso, hablemos un poco más a fondo de Valdivieso.
A.M.: Primero, desafortunadamente no tiene el mismo control que yo tuve para influir en la elección de mi sucesor. Conoce bien el mundo de la politiquería tradicional aunque no quiere pertenecer a él. Espero que no recurra a la maquinaria, sino que la evite. Las costumbres políticas no cambian cuando cambia uno de los candidatos, sino cuando cambia el procedimiento.
Semana: ¿A usted le parece aceptable lo que está haciendo de dejar botada la Alcaldía? No considera que está incumpliendo no solo con sus obligaciones sino con la ilusión que creó en los bogotanos?
A.M.: El nuevo cirujano mayor es óptimo para la fase final del gobierno en Bogotá. Me refiero a Bromberg.
Semana: Estamos hablando de la ética y no del reemplazo.
A.M.: La calidad de los tres posibles reemplazos permitió la decisión ética.
Semana: No convence, pero bueno... Ahora, hablando de calidad, no existe un consenso sobre la calidad de su gestión. La percepción general es buenas intenciones, poca ejecución y regulares resultados.
A.M.: La realidad es un trabajo permanente orientado por resultados y adornado por la pedagogía.
Semana: ¿Eso qué tiene que ver con el hecho de que los huecos no sean tapados?
A.M.: Si lo que le preocupa son los huecos, le cuento que usted no va a poder llegar de su casa a su oficina por la cantidad de obras que va a ver muy pronto. Pero más que tapar huecos, nos interesaba cambiar actitudes y hábitos. San Rafael superó a Popeye. No sé si ustedes saben que Popeye fue inventado en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial para ahorrar carne.
Semana: Pero volviendo al tema anterior, usted es considerado una persona muy responsable, honesta e inteligente, pero muy lenta en tomar decisiones y poco ejecutivo. ¿Acepta ese balance?
A.M.: Acepto hasta que soy muy lento para algunas decisiones. Pero lo mío es la visión. La ejecución se contrata.
Semana: ¿Qué piensa de compañero de fórmula para la vicepresidencia?
A.M.: He pensado en dos nombres. Rafael Orduz si se vuelve más disponible y Raúl Barragán si deja de ser tan terco.
Semana: El grueso público no tiene ni idea de quiénes son esas personas.
A.M.: Rafael Orduz fue viceministro de Educación cuando yo era rector de la Nacional. Ahora es vicepresidente de un grupo de empresas del sector químico. Raúl Barragán fue mi mano derecha al comienzo en la Alcaldía. Es la persona que más resiste las pruebas pedagógicas que le pongo a la gente.
Semana: Por ser tan desconocidos su escogencia tiene obvias implicaciones electorales al nombrar a cualquiera de ellos vicepresidente. ¿No le preocupa?
A.M.: Yo no los pondría ahí para que me den votos, sino que por conocerlos considero que me podrían reemplazar. Cuando se escogen los vicepresidentes sólo para que pongan votos pasa lo que le sucedió a Samper con De la Calle.
Semana: Si usted es presidente, ¿quién sería ministro de Hacienda?
A.M.: Salomón Kalmanovitz o Carmenza Saldías.
Semana: ¿Defensa?
A.M.: Rafael Pardo si acepta repetir.
Semana: ¿Canciller?
A.M.: No sé.
Semana: ¿Ministro del Interior?
A.M.: Carlos Enrique Ruiz, vicerrector de la Universidad Nacional en Manizales.
Semana: ¿Ministro de Educación?
A.M.: Villaveces, el actual secretario de Educación del Distrito.
Semana: Sorprende lo concreto de sus respuestas, pero igualmente sorprende que lo que piensa usted hacer es llevarse la rosca de la Alcaldía a la Presidencia.
A.M.: Invertí mucho buscándolos y formándolos, y en el Distrito han hecho su tarea muy bien.
Semana: Hablemos de un nombre concreto. Su candidato para Interior es Carlos Enrique Ruiz. ¿Lo ve usted lidiando en el Congreso con Bernardo Guerra, José Name y Guerra Tulena?
A.M.: El tiene un entusiasmo a prueba de todo.
Semana: Con todo respeto, su filosofía de gobierno desconcierta un poco. Gobernar consiste en hacer transacciones, en hacer alianzas, en unir matices. Usted lo que nos dice es que cree que puede gobernar con unos amigos suyos que le parecen muy competentes.
A.M.: A usted se le olvida que yo llevaba rato haciendo eso en la Alcaldía. Personas como Alicia Eugenia Silva, la hoy secretaria de Gobierno, fue indispensable para romper reciprocidades clientelistas.
Semana: Ahora hablemos de la próxima campaña a la Alcaldía. ¿A quién va a apoyar como candidato?
A.M.: Me gustaría que fuera candidato José Fernando Isaza, que haría una muy buena labor.
Semana: ¿Y a los militares cómo los ve?
A.M.: Yo creo que están secretamente aliados con la guerrilla, porque la guerra les conviene a ambos. Borges decía que hay que escoger muy bien al enemigo porque uno se vuelve igual a él.
Semana: Pasemos al tema de moda. Si usted llegara a la Presidencia, ¿extraditaría con retroactividad?
A.M.: Sí. Tocó. Pero acabemos ya esta entrevista porque acuérdense que yo cobro es por espacio.
Semana: Con todo lo que nos ha dicho apostamos a que ésta es su última entrevista pagada. ¿O usted cree que le quedó tema para vender?
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