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| 12/11/1995 12:00:00 AM

ERROR DE CALCULO

Samper hizo una jugada audaz y generosa, pero acabó manoseado por Andrés Pastrana. SEMANA revela las intimidades de la charla entre los dos contendores.

EL MIERCOLES A LAS 8 Y 10 de la mañana, cuando su esposa Nohra Puyana le dijo que lo llamaba el Presidente de la República, Andrés Pastrana pensó que se trataba de una broma. "Eso debe ser algún periodista que quiere que yo pase al teléfono para comentar el discurso de Samper de ayer", le respondió el ex alcalde a su señora y le pidió que lo excusara de pasar al teléfono. Cincuenta minutos después la llamada se repitió y Pastrana comprendió que la cosa era en serio. Por ello, pocos minutos después del segundo telefonazo de Palacio, Pastrana resolvió marcar el número de la Casa de Nariño y preguntar por el Presidente. "Quiero que sepa que la puerta que yo abrí ayer es una puerta sincera y franca, y que aquí no hay zancadillas", le dijo Ernesto Samper al referirse al discurso que había pronunciado la víspera con motivo de los 10 años del holocausto del Palacio de Justicia y en el cual había hecho una convocatoria nacional "a partir de lo que Alvaro Gómez Hurtado llamara un acuerdo sobre lo fundamental o Andrés Pastrana, mi contendor en la pasada campaña electoral, un acuerdo nacional de principios".
Las palabras de Samper habían sorprendido a Pastrana y a millones de colombianos. Se trataba del primer gesto de acercamiento que el primer mandatario le hacía al ex alcalde desde cuando éste dio la rueda de prensa del 22 de junio de 1994, al estallar el escándalo de los narcocasetes, pues a partir de ese día y hasta el miércoles pasado, el abismo entre los dos dirigentes no había hecho más que ahondarse: para Pastrana, Samper le había ganado las elecciones con la plata de los narcos, y para Samper, Pastrana se había convertido en un apátrida que conspiraba no sólo contra su gobierno, sino contra Colombia. Y de pronto, por encima de ese abismo y en medio de la grave crisis institucional que vive el pais, Samper tendía un puente.
"Véngase hoy a almorzar a Palacio", le dijo el Presidente. Y Pastrana aceptó. Eran las 9 y 30 de la mañana. Tras meditarlo un poco más, Pastrana volvió a llamar al primer mandatario, para pedirle que cambiaran el lugar del almuerzo. "Busquemos algo más neutral", le dijo. Samper mostró cierto enfado, pero luego aceptó. "¿Usted con quién va a venir?", le preguntó. "Con Jaime Ruiz, el ex senador de la Nueva Fuerza y, ¿usted con quién va a estar", le dijo Pastrana. "Con Rodrigo Pardo", respondió el Presidente. "Entonces almorcemos donde Rodrigo", propuso el ex alcalde. "Déjeme ver si no lo metemos a él en un lío, pues yo creo que Rodrigo no tiene infraestructura para organizar tan rápido este almuerzo", anotó Samper y ofreció volver a llamar a Pastrana en 10 minutos. Así lo haría para confirmar que el encuentro se haría en el apartamento del Canciller, en la carrera 17 con calle 95, al norte de Bogotá.
Mientras docenas de periodistas trataban infructuosamente de ubicar el lugar del encuentro, a la una y 30 Pastrana y Ruiz llegaron a la reunión. El Presidente acababa de entrar en compañía de Pardo y estaba saludando a la esposa del Canciller. Samper y Pastrana se saludaron cordialmente y pasaron, en compañía de Pardo y de Ruiz, a la sala. Un mesero ofreció whiskies a todos, mientras el Presidente rompía el hielo con una serie de preguntas sobre el reciente viaje de Pastrana al Japón. Los asistentes hablaron por más de 20 minutos de ese país y de los viajes transatlánticos en avión. "Yo ahora me tomo unas pastillas de melatonina buenísimas para el jet-lag", contó el Canciller, y Pastrana y Ruiz le pidieron más detalles sobre el medicamento.

SACADA DE CLAVOS
Pero no era el jet-lag el tema de la cita y el Presidente tomó la palabra para entrar en materia. Después de unas breves frases de introducción, Pastrana lo interrumpió. El ex alcalde le dijo que antes de proseguir, él necesitaba decirle "con mucha franqueza" algo que tenía guardado desde hacía mucho tiempo: "Ustedes -aseguró- se han dedicado a decir que mi familia y yo somos apátridas, y eso es algo que nos ha dolido profundamente, algo muy injusto que yo necesito rechazar de plano antes de continuar esta charla".
"Hombre Andrés -respondió el Presidente- usted sabe cómo se han sentido Jacquin y los niños con todo esto, pero bueno..". Pero Samper no quiso discutir ese punto y rápidamente pasó a exponer su tesis sobre el asesinato de Alvaro Gómez. "Aquí lo que es claro es que se han unido todos los hampones de este país", expuso Samper, antes de plantear que los narcotraficantes encarcelados y los que siguen libres, la guerrilla, la delincuencia común y muchas otras fuerzas, estaban haciendo causa común para desestabilizar a Colombia. "A mí me preocupa mucho que volvamos al narcoterrorismo -agregó-. El asesinato de Gómez me decidió a convocarlo a usted, que finalmente alcanzó una votación muy cercana a la mía, para ver si nos podemos poner de acuerdo en unos puntos. Esta fue una decisión que tomé solito, pregúntenle a Rodrigo, que se enteró del contenido de mi discurso de ayer apenas media hora antes...".
El Presidente habló durante varios minutos más y expuso su visión sobre el problema del narcotráfico, el terrorismo, la delincuencia común y la impunidad resultado de las graves fallas del sistema de justicia. "Sobre estos puntos, habría que mirar si podemos trabajar en un acuerdo", concluyó.
Pastrana iba a tomar la palabra cuando los cuatro comensales fueron invitados a pasar al comedor. Ocuparon los cuatro puestos de una mesa pequeña así: Pastrana a la derecha de Samper, Pardo a la derecha de Pastrana y Ruiz a la derecha de Pardo. Los esperaba un menú de espárragos en salsa como entrada, filet mignon, puré de papas y ensalada como plato fuerte, y un helado de postre. Acompañaron el almuerzo con vino tinto y no se volvieron a levantar de la mesa hasta las cuatro de la tarde, cuando culminó el encuentro.

UN LIO MOGOLLON
Apenas tomaron asiento, el jefe de la Nueva Fuerza Democrática inició su exposición. "Yo estaría dispuesto a estudiar cada uno de esos temas, a sabiendas de que posiblemente no estaríamos del todo de acuerdo, pero antes de esa discusión yo necesitaría que acordáramos una base para poder discutir", dijo Pastrana. "El problema con ese punto de base -agregó- es que mi visión sobre el origen de los problemas es muy diferente a la suya y no creo que nos podamos poner fácilmente de acuerdo". Planteó entonces su tesis sobre la falta de credibilidad que le genera al país la investigación que está realizando la Comisión de Acusaciones. "Yo no quiero ni pensar en lo que va a pasar en este país cuando Heyne Mogollón decida archivar la investigación", dijo Pastrana y agregó: "Eso no es bueno ni para usted, Presidente, ni para Colombia".
"Con la franqueza con la que le he venido hablando hoy, déjeme decirle que usted debería someterse a una instancia distinta, a un tribunal diferente a la Comisión de Acusaciones, ahí están la Corte Suprema, o la Fiscalía, usted incluso puede renunciar al fuero", argumentó Pastrana. Más adelante, dejó en claro que si eso se producía, a partir de ahí habría una base para dialogar sobre los otros temas. "Me atrevo a decir -anotó el ex alcalde- que el problema en todo este asunto, más que el investigado, es el investigador, pues si usted aceptara un tribunal distinto y creíble, en el mismo instante en que lo hiciera, volvería usted a tener credibilidad ".
Samper no estuvo de acuerdo. "Yo no me inventé la Comisión de Acusaciones, yo estaba buscando un juez y la Constitución dice que debe ser la Comisión", aseguró. "Ahora, nosotros en Presidencia tenemos muchas encuestas y esas encuestas nos dicen que el Presidente sí tiene credibilidad, y que Heyne Mogollón, que ha sido una persona muy recta, tiene buena imagen y ofrece credibilidad a la gente", anotó.
En un momento dado, Pastrana le preguntó al Presidente qué pasaría si la Fiscalía demuestra que sí hubo dineros del narcotráfico en la campaña presidencial. El primer mandatario le respondió que él tenía eso muy claro, y que si eso se comprobaba, debía pagar cárcel el que mereciera ese castigo, y se iría del gobierno el que tuviera que irse.
Pastrana insistió en sus argumentos y el Presidente en los suyos. La conversación comenzó entonces a girar en círculos. "Mire Presidente -volvió a decir Pastrana- el problema de credibilidad es tal que incluso si usted y yo salimos ahora a anunciar un acuerdo, nadie nos va a creer. Hace un par de meses usted convocó a los gremios, a la Iglesia, a los altos tribunales, a todo el mundo y qué pasó, nada". 'Pasaron muchas cosas -contradijo Samper- y salieron medidas de conmoción muy buenas que empezaron a producir resultados".
"Además, Andrés -agregó el Presidente- afuera la gente lo que está esperando de esta reunión es que surja la estabilidad, y usted y yo, que juntos producimos una inmensa votación, estamos en capacidad de brindar esa estabilidad. Le insisto en que tras el asesinato de Alvaro Gómez a mí lo que me preocupa es que vuelva el narcoterrorismo. Este no es asunto de cálculos, ni de quién gana y quién pierde, sino de que mataron a Gómez y puede volver el narcoterrorismo".

LAS BAZAS DE PARDO Y RUIZ
Entonces tomó la palabra el canciller Pardo, tratando de llevar la conversación a los temas básicos de los que el Presidente deseaba hablar. "Bueno Andrés -dijo- imaginémonos que arregláramos ese punto de la Comisión de Acusaciones. En ese caso, ¿usted qué piensa de los temas que ha planteado el Presidente?". Pastrana revisó unas notas que llevaba y planteó diferencias en cuanto a algunos de los puntos expuestos por el jefe del Estado en su discurso de la víspera, en particular en lo relacionado con la pérdida del poder presidencial. "Yo no estoy de acuerdo -dijo el ex alcalde- en que haya que quitarle autonomía a la Junta del Banco de la República. Tampoco coincido con usted en que haya que echar atrás la descentralización ".
El Presidente ripostó: "Yo tampoco creo que haya que quitarle autonomía a la Junta del Banco, pero creo que además de autonomía, hay que darle responsabilidad en sus decisiones. Lo mismo pienso de la descentralización, no hay que echarla atrás, pero hay que exigirle responsabilidades a los municipios".
Discutieron un rato sobre estos temas, hasta que Jaime Ruiz intervino. Así como Pardo había empujado antes la discusión hacia los temas que le interesaba plantear al Presidente, Ruiz la recondujo hacia el asunto de la Comisión de Acusaciones, el tema favorito de Pastrana. "Rodrigo -le dijo Ruiz al Canciller-, usted dijo ahorita que tratáramos de suponer que lo de la Comisión de Acusaciones se resolvía. ¿Cómo podría resolverse?". La discusión volvió así a girar en círculos y se hizo evidente que el tiempo se estaba agotando.
Samper y Pardo dejaron entrever que ya que esta reunión había sido muy cordial, podría haber otras. Pastrana respondió que no valía la pena hacerle creer al país que se estaba avanzando en unos acuerdos, cuando en realidad no había tales acuerdos. Hubo un nuevo intercambio de argumentos en este punto, hasta que el Presidente dijo: "¡Uy! son las cuatro de la tarde y yo tengo unos embajadores esperándome. En todo caso, esta reunión ha sido muy buena y agradable". Pastrana estuvo de acuerdo: "La verdad es que nunca habíamos hablado así", remató.
Todos bajaron hacia el sótano del edificio y con cordialidad se despidieron en el parqueadero. Pastrana y Ruiz se dirigieron a la sede a trabajar en un comunicado. Al poco rato se enteraron de que algunas fuentes del gobierno estaban filtrando a los medios que había habido avances en las conversaciones y que el Presidente y Pastrana habían sentado las bases para algunos acuerdos La radio y los noticieros de las siete de la noche en la televisión, alcanzaron a divulgar noticias en ese sentido, pero Pastrana desinfló el globo muy pronto en su comparecencia ante los periodistas. "No hubo ningún acuerdo", dijo claramente antes de leer un comunicado en el cual señaló las diferencias que se habían hecho evidentes durante la reunión y reiteró la tesis que había expuesto a Samper sobre la falta de credibilidad de la Comisión de Acusaciones. El mensaje de Pastrana era sencillo y directo: estaba dispuesto a discutir los temas planteados por el Presidente si éste renunciaba a su fuero y se sometía a "un tribunal de la verdad", dijo, distinto a la Comisión de Acusaciones.

¿ERROR DE CALCULO?
Al final de la semana, la evaluación de la opinión sobre lo sucedido no era unánime. Sin embargo, la tendencia parecía ser que cada vez más personas se sumaban a la idea de que al Presidente no le había terminado de ir bien. En un principio, su propuesta fue vista como una jugada a la vez hábil y audaz: con ella, Samper no sólo se mostraba generoso -algo que siempre gusta, en especial en temporada de crisis-, sino que colocaba a Pastrana en la difícil situación de escoger entre aceptar la convocatoria o rechazarla y fortalecer con ello su imagen de "apátrida" entre algunos sectores.
Pero el panorama para el Presidente pronto se nubló. Para empezar, su propuesta no iba dirigida solamente a su ex contendor en la pasada campaña. También y de manera muy directa, al senador Enrique Gómez Hurtado, heredero de las huestes de su hermano muerto y dirigente que, como representante de la enlutada familia, le habría dado a Samper, de haber aceptado la convocateria, una legitimidad indiscutible. Pero Gómez no sólo dijo que no, sino que respondió con un durísimo ataque, acusando al primer mandatario de estar "lavando su conciencia con la sangre" de Alvaro Gómez. La actitud de la casa Gómez fue tan contundente que el sobrino del líder asesinado, Daniel Mazuera, renunció al Ministerio de Comercio Exterior y en declaraciones posteriores a los periodistas calificó como "una idea interesante" la propuesta de "tumbar al régimen" con la cual Alvaro Gómez había pedido reiteradamente la renuncia del Presidente.
Samper ya conocía las declaraciones de Enrique Gómez y la renuncia de Mazuera cuando se sentó a manteles con Pastrana. Tenía aún muchas esperanzas en ese encuentro, pero a la hora de la verdad Pastrana no le dijo ni que sí ni que no, sino todo lo contrario. Le respondió que aceptaba su convocatoria si él aceptaba someterse a un tribunal diferente a la Comisión de Acusaciones. A pesar de haber sido criticada por inconstitucional, la propuesta del ex alcalde despertó respaldo en la galería, pues para nadie es un secreto que, más allá de lo que digan las encuestas citadas por el Presidente para defender a Heyne Mogollón, lo cierto es que el Congreso es hoy por hoy la entidad más desprestigiada del país y la Comisión de Acusaciones no es la excepción.
Aún así, varias fuentes del gobierno consultadas por SEMANA al cierre de esta edición, sostienen que el Presidente no perdió el round con Pastrana. Primero, porque en todo caso apareció como un líder magnánimo. Segundo, porque a pesar de la falta de acuerdos, logró que Pastrana pasara de pedir la renuncia del primer mandatario a pedir que se sometiera a un juez distinto a la Comisión de Acusaciones. Y tercero, porque las puertas no quedaron cerradas y siempre puede haber nuevas conversaciones en las cuales Andrés Pastrana podría terminar por aceptar discutir los temas que el Presidente propuso. "No hay que olvidar -le dijo a SEMANA una fuente del gabinete- que a Misael Pastrana le gustan mucho los acuerdos nacionales, y que eso puede terminar pesando mucho sobre su hijo". Lo anterior puede llegar a ser realidad si en el futuro se dan esos acuerdos, pero por ahora no lo es. Y mientras eso no se dé, lo único que se puede decir sobre lo sucedido la semana pasada es que, independientemente de que a la opinión le haya gustado la actitud generosa de Samper, los hechos terminaron en su contra. El Presidente no sólo no consiguió apoyo político alguno, sino que para muchos se dejó manosear por Pastrana, quien ni siquiera aceptó ir a la Casa de Nariño. Otros, como el presidente del Congreso, Julio César Guerra, fueron más lejos, y aseguraron que el jefe del Estado cometió un grave error de cálculo y terminó por darle "un papayazo a Pastrana", quien cobró importancia como interlocutor del gobierno y se dio el lujo de condicionar cualquier posible negociación a algo que el Presidente no puede aceptar. Lo cierto es que Samper comenzó la semana convocando a Enrique Gómez y a Andrés Pastrana y terminó conversando con Jaime Arias y Fabio Valencia.
Andrés Pastrana, en cambio, puede cobrar su primer triunfo después de año y medio de derrotas. Por un lado, al aceptar la invitación a almorzar mostró flexibilidad y mitigó en parte la imagen de apátrida entre algunos sectores, pues como le dijo a SEMANA uno de los asesores del ex alcalde, "no puede ser un apátrida el interlocutor legítimo del Presidente". Y por otro lado, a Pastrana el gobierno le otorgó el estatus de jefe de la oposición, en un momento en que las encuestas confirmaban una y otra vez los retrocesos de su popularidad.
En cuanto al Presidente, quizás la mayor prueba de que le fue mal es que le habría ido bien si Pastrana hubiera aceptado abrir un escenario de negociación. Muestra de ello es que algunas fuentes del gobierno se empeñaron en las horas siguientes a la reunión en decir -contra la evidencia de los hechos- que tras el encuentro habían quedado sentadas las bases de un acuerdo. Esto definitivamente no sucedió, aunque, tal y como el mismo jefe del Estado lo dijo en su comunicado del viernes en la noche al asegurar que no se arrepentía de "haber abierto este espacio", es posible que en este caso el Presidente pueda aplicar en su defensa la máxima según la cual "la peor diligencia es la que no se hace".-
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