Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/07/30 00:00

¿Es cierto que la embajada con Uribe le costó la amistad con Pastrana?

Luis Alberto Moreno le contesta esta pregunta a María Isabel Rueda.

Sí hubo un distanciamiento con el presidente Pastrana que me entristece.

M.I.R.: Como embajador de Colombia en Estados Unidos, ha tenido uno de los cargos más importantes y difíciles, pero vitrineros del país. ¿Por qué resolvió cambiarlo por la presidencia del BID?

L.A.M.: Uno no puede demorarse muchísimos años en un puesto. Echando globitos, y ante los rumores de que el BID iba a quedar vacante por la renuncia de Iglesias, decidí, en febrero del año pasado, visitar al presidente Gavira, y él me dijo que la idea no era una locura. El presidente Uribe también me dijo que me apoyaba. Y de ahí en adelante no hice absolutamente nada, hasta cuando, en noviembre del año pasado, en la reunión de la Cumbre Iberoamericana a la que el Presidente me pidió que lo acompañara, destapamos la candidatura.

M.I.R.: ¿Y por eso el actual presidente del BID, Enrique Iglesias 'se delicó'?

L.A.M.: Las elecciones se ganan haciendo buenas campañas y haciéndolas a tiempo. Yo era una persona más bien desconocida en América Latina. Necesitaba salir y hacerme conocer.

M.I.R.: ¿Cómo se hace una campaña para el BID?

L.A.M.: Lo primero, lo segundo y lo tercero es Álvaro Uribe, presidente de campaña.

M.I.R.: Hay muchos preocupados de que usted se vaya en este momento clave para las relaciones con Estados Unidos?

L.A.M.: Yo agradezco mucho esa preocupación, pero pienso que es un poco agrandar mis capacidades. Colombia está camino de moverse a una relación mucho más estratégica con Estados Unidos. Yo aspiro a que antes de irme pueda lograr lo mínimo que espera Colombia: que le den un compás de espera para aplicar la Ley de Justicia y Paz. La implementación de esa ley es muy difícil y compleja, y eso es lo que preocupa aquí. Queda también el TLC, que yo aspiro a que a más tardar en septiembre, quede negociado?

M.I.R.: ¿Así de optimista está?

L.A.M.: Me hubiera gustado estar en la embajada colaborando con el cierre de la negociación, que es muy difícil. Pero como el Tratado no sólo vincula a Colombia, sino a otros países, yo desde el BID voy a cabildear por él.

M.I.R.: ¿En algún momento peligró su candidatura por la oposición del presidente Chávez?

L.A.M.: Él fue neutral hasta última hora, cuando puso su propio candidato, pero yo nunca sentí que me viera como un enemigo de Venezuela.

M.I.R.: Es que el enemigo de Chávez no era usted, sino su esposa Gabriela, a quien considera muy oposicionista?

L.A.M.: El presidente Chávez sabe bien que las mujeres venezolanas, además de su belleza, tienen carácter e independencia. Estoy casado con una mujer que reúne todas esas condiciones y que, además, no es sumisa, y eso él lo sabe muy bien.

M.I.R.: ¿Cómo ha hecho para estar en esa embajada bajo dos presidentes tan distintos como Pastrana y Uribe?

L.A.M.: Nunca me imaginé ser embajador del presidente Uribe. Al día siguiente de la elección, durante una entrevista que le hacía Julio Sánchez, me llamaron y me pidió ¡al aire! que me quedara en la embajada?

M.I.R.: Como ya es embajador de salida, se lo voy a preguntar: ¿qué opina de la reelección?

L.A.M.: Es interesante su pregunta, porque si algo preocupa de Colombia en el exterior es la falta de continuidad de sus políticas. Y todo lo que el Presidente ha hecho por el país justifica su reelección.

M.I.R.: ¿No es un poquito preocupante que los demás países latinoamericanos nos aíslen, porque nos perciben como un socio demasiado cercano a Estados Unidos?

L.A.M.: Si estuviéramos aislados, nunca habríamos conseguido esta elección en el BID. Es evidente que Colombia tiene una relación estratégica con Estados Unidos que se basa en una creciente confianza, que no es normal con otros países latinoamericanos.

M.I.R.: ¿No ha sido trabajoso para una persona con esa cara de niño chiquito que usted tiene, conseguir una hoja de vida tan importante? Porque es que la presidencia del BID puede ser comparable a ganarse un Nobel...

L.A.M.: Los norteamericanos, por todas las prevenciones que tienen sobre lo que dicen o dejan de decir, y aunque uno les ve en los ojos que se hacen la misma pregunta, no se atreven. Yo, quizá con el paso de los años, me he acostumbrado a eso, y, por el contrario, me ha servido muchísimo. Siendo joven, cuando me tocaba vender aspiradoras puerta a puerta, me aconsejaron que como vendedor había que tener una marca. Me acuerdo mucho de eso porque mi marca nunca ha sido la de aparecer con cara convencional, de embajador, o de ministro. A mi todavía me confunden con un novio de mi hija.

M.I.R.: ¿Y cómo fue lo de las aspiradoras?

L.A.M.: Un trabajo que hice en la universidad. Timbraba en una casa, regalaba una canasta de coca cola, y la señora, muy agradecida, decía: "Venga, hágame la demostración...". No vendí sino dos, pero me sentí como un héroe.

M.I.R.: Entonces, el que lo conoce, no lo olvida?

L.A.M.: Pero también tiene sus problemas. Hace dos años me fui a tomar una cerveza con mi hijo en un barcito aquí cerca, y me pidieron una tarjeta de identidad? Y un canciller de un país centroamericano me dijo: "Mire, vamos a votar por usted, pero eso sí, déjese una barba o algo?".

M.I.R.: ¿Es cierto que cuando se quedó de embajador del presidente Uribe, se distanció del ex presidente Pastrana?

L.A.M.: Sí hubo un distanciamiento con el presidente Pastrana, que me entristece. Creo que él hizo una gran labor en Colombia, y pagó un precio que sólo quizá la historia le reconocerá.

M.I.R.: ¿Dejaron de hablar de un día para otro?

L.A.M.: No quiero ahondar en eso. Sencillamente hubo un distanciamiento ocasionado por él, que yo lamento.

M.I.R.: ¿Cree que el ex presidente Pastrana ha sido exageradamente pugnaz con el presidente Uribe?

L.A.M.: Él podría perfectamente mirar el ejemplo de Misael Pastrana, quien como ex presidente fue un visionario. Cuando nadie hablaba de informática, él ya era un experto. Cuando la ecología no existía como tema de la agenda global, hacía rato que Misael lo había convertido en uno de sus temas centrales. Andrés debería utilizar todos los recursos que tiene quien ha sido Presidente de Colombia. Él es querido y respetado en variados rincones del mundo. Podría movilizar muchas ideas. Ojalá lo haga. Espero que lo haga.

M.I.R.: ¿Quién le gustaría que fuera su sucesor en Washington?

L.A.M.: Le digo cómo debe ser el perfil. Totalmente bilingüe, ojalá bicultural -que haya vivido un tiempo en este país-, que tenga el contexto de la historia americana, curiosidad de saberse todos los cuentos sobre fulano y zutano, porque todo eso se le vuelve a uno en la vida diaria un recurso importante.

M.I.R.: ¿Me está describiendo a Carolina Barco?

L.A.M.: ¿Le parece? Lo otro es saber dejar el ego en la casa. Uno está de embajador ante el imperio. Si uno se excede en autopromoverse, o se excede en el diálogo con la gente, eso cuesta, y cuesta mucho.

M.I.R.: ¿Qué es excederse en el diálogo con la gente?

L.A.M.: Ser muy contestatario. Si lo es aquí, poco a poco se le van cerrando las puertas, y no sabe uno ni a qué horas.

M.I.R.: ¿Me está describiendo a Marta Lucía Ramírez?

L.A.M.: (Risas) Lo que pasa es que esta es una ciudad donde el poder no es vertical, sino muy horizontal. Todo el mundo importa: desde el staffer más pequeño, hasta el senador. Es una dinámica que se demora en aprender.

M.I.R.: ¿Me está describiendo a C Ll de la F?

L.A.M.: (Risas)Y otra cosa muy importante es que la gente sepa que el embajador de Colombia tiene línea directa con el Presidente de la República. No con el Canciller, sino con el Presidente. Yo la tuve tanto con Pastrana como con Uribe. Y por cosas de la vida, terminé muy amigo del presidente Clinton y del presidente Bush.

M.I.R.: ¿Cuáles cosas de la vida?

L.A.M.: Con Clinton lo fui dentro del contexto del Plan Colombia y de sus amigos. Y con el presidente Bush, porque cuando él era gobernador de Texas, lo visité dos veces y establecí un diálogo con él. De manera que cuando lo eligieron Presidente y llegó a Washington, como dicen los campesinos, "ya me distinguía". Y después lo visitamos con el presidente Pastrana. Los opositores de Pastrana lo llamaron un acto de lagartería internacional. Y cuando el Plan Colombia se trancó en el Congreso, todo el mundo se lo atribuyó a que Clinton estaba bravo por esa visita, cuando la habíamos consultado previamente con la Casa Blanca.

M.I.R.: ¿Si el proceso de paz no fuera con los paras sino con la guerrilla, Estados Unidos lo estaría viendo de manera distinta?

L.A.M.: También lo vería muy difícil, porque la verdad es que esos procesos son muy frágiles y de inmenso riesgo para los gobiernos que los asumen. El problema con los paramilitares no está tanto en la ley, sino en su implementación, que es un tema muy grueso.

M.I.R.: A propósito, haber escogido un Fiscal que es viceministro y que ayudó a impulsar la ley,¿ no tiende un manto de duda a la hora de implementarla?

L.A.M.: Yo conocí al nuevo Fiscal la semana pasada, y pasó una prueba muy difícil: se sentó cuatro horas con las ONG y uno a uno los fue sorprendiendo con su solidez, su ponderación, su disposición a oír, elementos muy importantes para construir confianza. Se ganó una oportunidad de demostrar lo que es capaz de hacer.

M.I.R.: Qué curioso: mientras hacemos esta entrevista, oímos la noticia de que el presidente Uribe le ofreció la embajada en Washington a Andrés Pastrana?¿Cómo le parece

L.A.M.: Como todo lo del presidente Uribe, me parece de una audacia infinita. No tengo duda de que debería aceptar.

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