Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/11/22 00:00

¿Es cierto que usted y el TLC van a dejar sin trabajo a Beto y a Laisa Reyes?

El ministro de Comercio Exterior, Jorge Humberto Botero, le contesta esta pregunta a María Isabel Rueda.

El acelerado crecimiento de la televisión cerrada es la verdadera amenaza para la producción nacional.

M.I.R.: ¿Por qué cree que el TLC se está convirtiendo en un coco para la gente del común, para los consumidores? J.H.B.: En estos procesos los consumidores son ganadores netos. Lo que ocurre es que en los foros de opinión pública emergen con fuerza los que se sienten perdedores, mientras que quienes resultan ganadores piensan que defender el tratado es labor exclusiva del gobierno. M.I.R.:¿Le está jalando las orejas a algún sector en particular? J.H.B.: Los que ya son claramente ganadores, los industriales, deberían salir en defensa del TLC, porque en este campo logramos una negociación espléndida. Le garantizamos el ciento por ciento de ingreso a Estados Unidos a toda la producción manufacturera nacional. También es cierto que habrá acceso para el 80 por ciento de los productos norteamericanos. Pero en esa proporción están los bienes de capital y materias primas que no producimos. En la prensa no hay eco para quienes salen a defender la negociación: lo máximo que han dicho los periodistas es que la industria no sale lesionada. Pero decir, como lo saben los industriales, que son claramente ganadores, jamás. A veces parecería que los periodistas creen que difundir noticias positivas es contrario a la ética de la profesión. M.I.R.: ¿Qué responde a quienes dicen que los beneficios del TLC serán muy pequeños y que en cambio los riesgos son muy grandes? J.H.B.: Les diría que miraran otros procesos exitosos en el mundo. Que miren el Asia. Es cierto que algunos estudios serios muestran beneficios de carácter marginal, pero esos estudios no miden, porque no son medibles, impactos positivos derivados del incremento de la inversión y de las mejoras en tecnología, factores ambos que tienen enorme impacto en la tasa de crecimiento. M.I.R.: ¿Y el caso mexicano, país en el que la pobreza no ha disminuido sino aumentado? J.H.B.: En el caso mexicano el 'efecto tequila' coincidió con la firma del tratado. Es seguro que si no lo hubieran firmado, estarían peor que hoy. Los enemigos de la negociación pronostican que la perspectiva es de llanto y crujir de dientes, pero los que estamos en la línea opuesta no somos capaces de pronosticar ríos de leche y miel. ¿Por qué? Recurriendo a la conocida expresión de Arquímedes, los TLC pueden ser una estupenda palanca para mover el mundo, pero necesita un punto de apoyo. Este consiste en una buena política macroeconómica y una buena agenda interna. M.I.R.: La mayoría de empresas de este país son pequeñas y medianas. ¿Cómo se defenderán de las economías a escala que maneja la industria norteamericana? Es como David contra Goliat? J.H.B.: Buen punto. Siendo nosotros David, y salvo en la historia bíblica, Goliat siempre ha ganado. Pero en el caso del TLC, las sinergias positivas son mayores mientras más distintas sean las estructuras económicas de los países que se integran. Sólo así se logra que mutuamente los países se aporten lo que no tienen. Integrar con un país cuya economía es idéntica a la colombiana produce un estrellón en el que sólo sobreviven los más idóneos. Con Estados Unidos, entonces, esa diferencia es una ventaja. M.I.R.: ¿Lo que me está diciendo es que resulta mejor tener un mercado de 285 millones de personas con un ingreso per cápita de 35.000 dólares, que uno de 44 millones de personas con un ingreso per cápita de 2.400 dólares? J.H.B.: La economía de Estados Unidos es un múltiplo sumamente alto de la economía colombiana. Esta última es menor que la economía de Nueva York, por ejemplo. Cifrar nuestras posibilidades de desarrollo en el crecimiento de nuestro mercado doméstico nos condenaría a una tasa de crecimiento de largo plazo sumamente baja. Pero la pequeñez de nuestro mercado doméstico es precisamente el incentivo para buscar mercados más grandes. M.I.R.: Vamos a casos muy concretos. ¿Es cierto que usted y el TLC van a dejar sin trabajo a los actores de la televisión colombiana? ¿Que Beto Reyes no va a poder decir "voy" cuando entra a su oficina, por culpa del TLC? ¿Y que Laisa Reyes no va a volver a decir "molto chic" en la pantalla nacional? J.H.B.: La gran amenaza para la producción audiovisual colombiana no es el TLC con Estados Unidos ni el grado de flexibilidad que se introduzca en la cuota de pantalla. El acelerado crecimiento de la televisión cerrada, de la televisión por cable, satelital, donde no es posible establecer la cuota de pantalla, es la verdadera amenaza para la producción de televisión nacional, de cuyo valor cultural estoy convencido. M.I.R.: Ya hasta los indígenas están defendiendo el 'patrimonio cultural nacional' que dizque encarna nuestra televisión?¿Cuándo la televisión nacional se ha ocupado de los indígenas? Y ahora los tienen haciéndole 'lobby'? J.H.B.: Mire este ejemplo. En la franja triple A, la cuota de pantalla nacional es del 70 por ciento, y la programación es del ciento por ciento. El crecimiento de la televisión cerrada en Colombia fue del 58 por ciento en 2004. Los colombianos que tienen la oportunidad de elegir entre toda la programación del mundo, al capricho de su mano, están eligiendo el producto nacional. Compite fuertemente en el mercado doméstico. La amenaza es la tecnología, no el TLC. M.I.R.: Vamos al tema agrícola. Se ha vendido la idea de que el TLC va a arruinar al campesinado colombiano? J.H.B.: El campo gana: uno, abriéndole mercados. Dos, protegiéndolo. Y hay que combinar con inteligencia ambas estrategias. La producción nacional de productos agropecuarios crece más que el consumo nacional. Y, por otro lado, la producción nacional de muchos productos está saturada. Por ejemplo la leche, el aceite, el arroz? No tenemos mercados para continuar creciendo. Aquí hay que optimizar las ventajas competitivas del país, porque al mismo tiempo ofrecemos muchos productos que Estados Unidos demanda. No se puede reconvertir el campo de un día para el otro, pero tampoco exponer el campo a una competencia ruinosa apalancada en subsidios. M.I.R.: Tercer punto clave: ¿usted les podría garantizar a los colombianos en esta entrevista que los medicamentos no se encarecerán con el TLC? J.H.B.: Les puedo decir a los colombianos que no vamos a fortalecer los derechos de los titulares de patentes y datos de prueba, que es la principal causa de ese temor. Lo que incide en los precios de los medicamentos es la existencia o no de alternativas terapéuticas, no la existencia o inexistencia de patentes de datos de prueba. Me explico: hay productos que pueden tener protección a la propiedad intelectual, pero respecto de los cuales existe alternativa terapéutica, patentada o no, y allí la competencia cumple su función moderadora de los precios; como puede haber productos genéricos que carezcan de alternativa terapéutica, ya ahí se pueden configurar situaciones de monopolio. El dilema, desde el punto de vista de la dinámica de los precios entre productos patentados y no patentados, es falso. El dilema es frente a los productos que carezcan de alternativa terapéutica. Por último, la expectativa legítima, de acuerdo con la experiencia de otros países exitosos, es que si la economía crece más, habrá más gente afiliada a la seguridad social contributiva y a la subvencionada. Los precios importan mucho, pero el acceso importa también, y ese depende a su vez del crecimiento económico que puede ser jalonado por el tratado. M.I.R.: ¿El Presidente no fue aventado al afirmar que el TLC se va a firmar porque se va a firmar? ¿No es entregarnos al contendor? J.H.B.: Es un secreto a voces que tenemos prisa, derivado del vencimiento de nuestro acceso preferencial al mercado de Estados Unidos en diciembre próximo, derivado de nuestro propio ciclo político, derivado del clima en contra del libre comercio en Estados Unidos, y derivado de que el TLC se convierta en motor del crecimiento económico. Sí, tenemos afán. M.I.R.: El TLC tiene un mal clima en el Congreso, que tendrá que ratificarlo. Ya están proponiendo un debate para acusarlo a usted de traición a la patria? J.H.B.: Sé qué tipo de tratado podemos conseguir y vaticino que puedo defenderlo con éxito en el Congreso. Cuando firmemos, muchas angustias se disiparán, y emergerán los ganadores a defenderlo. La votación va a ser por bancadas regionales, y no políticas, salvo la extrema izquierda. A cada región tendremos que demostrarle dónde están sus ventajas. M.I.R.: .¿A quién le teme más: a Regina Vargo, o al senador Jorge Enrique Robledo? J.H.B.: A ninguno de los dos. Para uno y otro creo ser capaz de dar respuestas y formular propuestas adecuadas. A la izquierda la vamos a combatir con argumentos, pero con lealtad. Yo me enfrento todos los días con Robledo de la manera más gentil y respetuosa posible. De la misma manera volveré a hacerlo.

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