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| 3/19/2012 12:00:00 AM

"Es el momento de las grandes decisiones" dicen académicos en carta a 'Timochenko'

Un importante grupo de académicos nacionales y extranjeros, muchos de los cuales suscribieron hace pocas semanas una carta al presidente Santos, se dirigen ahora en términos propositivos a las FARC, en una publicación divulgada en el portal Razón Pública.

Además de saludar su nueva posición frente al secuestro extorsivo, los firmantes señalan la relevancia de un acuerdo de regularización de la confrontación, propuesta hecha por esta guerrilla, a quien invitan a una manifestación contundente de palabra y de hecho. "La paz se fertiliza con hechos de paz", puntualizan.
 
Este es el texto completo de la comunicación
 
Carta abierta de académicos a Timoleón Jiménez, comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP
 
Desde el plano académico que ha constituido nuestro proyecto de vida, seguimos con mucho interés el cruce epistolar entre usted y nuestro colega Medófilo Medina. Ha sido materia de análisis en nuestros escritos, de examen en nuestra actividad cotidiana ligada a la cátedra, y de discusión en grupos de investigación y trabajo con nuestros estudiantes. El contenido y el tono de su carta exaltan la función intelectual por encima de las contradicciones.
 
Con similar interés hemos develado la 'Declaración Pública' emitida por el Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP el pasado 26 de febrero. Dicha comunicación constituye una importante novedad que arroja alternativas al conflicto armado colombiano. Le damos la bienvenida porque incluso, en una primera versión de la presente carta que quedó desactualizada, era esa nuestra petición central: el abandono, por parte de las Farc, del secuestro extorsivo.
 
Reflexionar sobre la guerra
 
El país necesita pensar la guerra e interpretar a sus actores, de la misma manera como aspiramos a que tales actores interpreten los anhelos de Colombia. Valoramos el intercambio epistolar porque no nos sentimos ajenos a la guerra; nos preocupa y nos afecta, la padecemos. Su continuidad es una realidad que pisa los umbrales de la desesperanza. Nos duele la sangre derramada por cada colombiano. No desconocemos los poderosos intereses que se benefician con la continuidad de la guerra pero nos golpea su irracionalidad básica. Nadie tiene títulos suficientes para exigirnos que no nos inmiscuyamos, porque de hecho lo estamos.
 
Pertenecemos a ese importante sector del pensamiento social que no solo espera sin prevenciones lo que las Farc puedan decir, sino, sobre todo, que espera lo que en algún momento histórico puedan hacer y dejar de hacer por la paz en Colombia. No somos pocos los colombianos hastiados por la violencia dispuestos a emprender los caminos posibles y necesarios para recuperar la ilusión de una salida política que nos permita economizar los costos de toda índole que la guerra genera.
 
Queremos mantener abierta la discusión en torno a lo que usted llama la "inevitabilidad" de la guerra y las posibilidades de la búsqueda de la paz. En ese sentido celebramos el reconocimiento explícito de que las Farc no se planteen como meta la toma del poder en una guerra de posiciones. Esa aclaración debería, en consecuencia, poner los objetivos estratégicos en otros planos.

La lucha armada revolucionaria es hija de la dominación colonial con cuerpo presente, de las ocupaciones e invasiones extranjeras, de las dictaduras sangrientas y de la más aberrante negación de libertad. Pero, tal como lo reconoció Ernesto Guevara en su “Obra Revolucionaria”, pierde su vigencia histórica cuando esas condiciones políticas que la propician no existen o desaparecen, así prevalezcan condiciones económicas y sociales que aparentemente la justifiquen.
 
Hoy se plantea, además, un aspecto crucial en esta controversia: la eficacia o la inanidad del ejercicio de las armas para conquistar reformas económicas y sociales de orientación progresista. Más aún: se ha llegado a una situación en la que los resultados de la acción armada son contrarios o debilitan y distorsionan los altos objetivos que se han propuesto quienes la afrontan.
 
Las vías de la Democracia
 
No es fácil construir y re-construir las reglas de la democracia, conforme usted lo reconoce. Ha sido ese, precisamente, un objetivo de la humanidad por el que han trabajado a lo largo de la historia los científicos sociales; desde Platón con 'La República' o Aristóteles con 'La Política', hasta los más contemporáneos, sin excluir, por supuesto, a Marx, ese “profeta sin armas”, según el historiador Eric Hobsbawm.
 
Existen diversas definiciones de Democracia que con acento diferenciado ponen en primer plano uno u otro contenido de la noción pero que parten de un aserto común: la Democracia es un sistema político llamado a resolver problemas de ejercicio del poder, pero también un principio de legitimidad y, ante todo, un ideal.
 
Las nuevas manifestaciones de la izquierda en América Latina le apuntan a ello. La legitimidad de la democracia radica en sus procesos y mecanismos de construcción, en sus reglas y valores. La democracia se yergue como el conjunto de condiciones que permiten liberar la inteligencia de todas y todos para ponerla al servicio de la solución de los problemas sociales.
 
Si bien aceptamos que no ha sido posible fundar una democracia desde la ética de la opinión, es claro que ello es menos posible bajo la lógica de las armas. Por el contrario, el ruido de estas, desde uno u otro ángulo, termina destrozando a la opinión, manipulándola, coartándola; atentando contra la misma democracia, pervirtiéndola. Los ejemplos que la realidad nacional ofrece recientemente son innegables y a ellos se refirió con acierto Medófilo Medina.
 
Esta discusión, la participación misma en la construcción permanente de la democracia, no puede hacerse con armas en la mano. La Constitución de 1991 con la proclamación del Estado Social de Derecho, fue posible por la intervención de una parte de la insurgencia en el proceso constituyente. En este caso, la lucha armada pudo dar frutos pero justamente cuando dio paso a la vocación de participación política sin armas de sus protagonistas. Creemos que para todos es hora de hacerse cargo de tan aleccionadora paradoja.
 
La elección popular de alcaldes y gobernadores, así mismo, no puede negar su relación filial con los paros cívicos en la década de los setenta, expresión legítima del descontento popular. A propósito, consideramos que el balance contenido en la carta a la que usted dio respuesta sobre el Paro Cívico Nacional de 1977 no ha sido bien entendido. No se intentó en tal evaluación poner un hecho histórico por encima de otros o poner en disputa la primacía de uno u otro en el devenir social.
 
Lo sucedido el 9 de abril de 1948 es un referente como ninguno para comprender los desarrollos ulteriores de la Violencia. Pero, con respecto al Paro Cívico, la intención fue señalar con sentido crítico la lectura que diversas organizaciones asumieron subjetivamente: se consideraron maduras las condiciones para combinar la lucha armada con los supuestos propósitos insurreccionales de la población. El paso de los años se encargó de mostrar las consecuencias de un análisis político distorsionado.
 
Matices en la política
 
Otros puntos de su carta merecerían igual discusión. Un aspecto, por ejemplo, son los matices de la política y sus actores. López Pumarejo no fue lo mismo que Eduardo Santos y ello, desde el punto de vista historiográfico, no tiene hoy discusión.
 
En política la forma cuenta tanto como el contenido y termina cambiando, en ocasiones, la esencia misma de las cosas. Sobre todo porque en política los actores son diversos, múltiples, influyentes y, por consiguiente, los resultados finales no pueden calcularse en un laboratorio. Los juegos del poder se balancean y de ello también hay muestras concretas: la Asociación de Usuarios Campesinos que impulsó el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, no fue la ANUC que finalmente se gestó con desalambradas e invasiones de tierras. Las miradas totalizadoras, estructurales, constituyen guía del análisis pero no sustituyen el examen concreto de fenómenos y acontecimientos históricos.
 
Creemos que es preciso mirar la coyuntura y sus actores con especial detenimiento.
 
Políticas como aquella que induce la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, con todas las limitaciones que a nuestro juicio ella presenta, no corresponden a un gobierno cualquiera y no pueden pasarse por alto como muestra ejemplar de diferencia y avance
 
El propósito
 
Sin embargo, no es nuestro propósito entablar una discusión que pueda salirse de los corrientes marcos que el colombiano del común exige y que reclama la alarmante agudización de la violencia. Tras la Declaración del Secretariado, consideramos que corresponde ahora fijar posiciones claras frente a puntos que demandan urgente atención.
 
Es el momento de las grandes decisiones.
 
Los expertos en resolución de conflictos se preguntan una y otra vez, por el momento en que sea factible transformar la idea de la victoria absoluta por aquella de la conciliación con pérdidas razonables. Y, en ese momento, son tan importantes las percepciones y las decisiones de los actores y sus líderes, como las mismas condiciones estructurales y sistémicas, pues en última instancia son personas quienes interpretarán dichas condiciones y decidirán, en parte, la suerte de las rutas históricas. Nuestro primer llamado es a pararse con criterio y nuevo lenguaje frente a dicha alternativa.
 
Los distintos procesos de negociación que ha vivido Colombia, tendientes a despejar el camino hacia la paz, desde las guerras civiles del siglo XIX hasta los acuerdos alcanzados en diferentes momentos con varias organizaciones guerrilleras, incluidas las Farc, han entregado experiencias abundantes sobre lo que podría hacerse si tomáramos la decisión, en grande, de hacer de Colombia un país más justo y democrático.
 
Desde luego, saludamos la nueva posición de las Farc frente al secuestro extorsivo como una decisión que esperamos ponga punto final a lo que hasta ahora se constituyó en una tremenda espiral de odio y retaliación. Colombia exige la liberación de todos los secuestrados y la verdad sobre la realidad actual de dicha práctica. Ustedes tienen la palabra.
 
Igualmente saludamos la propuesta hacia la búsqueda de un acuerdo de regularización de la confrontación. Es el momento de nuevos gestos y pasos significativos que pueden comenzar con la aplicación cabal del Derecho Internacional Humanitario en toda su extensión. Esta ha sido una exigencia de la sociedad que las Farc deben examinar con la disposición estratégica de resolver el conflicto. Ello puede contribuir, también, a configurar una importante situación: un consenso frente a asuntos críticos en derechos humanos y derecho humanitario que responda a exigencias de la población y, en especial, de las víctimas del conflicto.
 
Lo invitamos a una manifestación contundente, de palabra y de hecho, en ese sentido, sin dilaciones ni eufemismos. Estamos convencidos de que la paz se fertiliza con hechos de paz.
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