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| 2/14/2015 10:00:00 PM

La ola del escándalo del HSBC llega a Colombia

Aunque aún no se ha revelado quiénes son los 286 clientes colombianos con cuentas del banco HSBC, corren riesgos enormes.

Un terremoto trasnacional de 10 grados sobre la escala de Richter. De esa magnitud fue la sacudida que vivió el mundo financiero con la publicación de las cuentas en Suiza del banco británico HSBC. Las cifras de la mayor filtración de datos bancarios de la historia son vertiginosas: una lista de 100.000 clientes temblando, 20.000 depósitos offshore reveladas, 200 países implicados y un botín de 100.000 millones de dólares expuesto. Los Swissleaks son al sistema bancario lo que Wikileaks a la diplomacia mundial: una cruda revelación de prácticas oscuras con las que miles de personas lograron evadir los impuestos de sus países y ocultar sus fortunas. En Colombia el escándalo podría afectar hasta 286 personas, que recurrieron directamente o a través de sociedades fantasma a los servicios de HSBC, el segundo grupo bancario del mundo.

Un nombre es el epicentro de este seísmo financiero: el ingeniero de sistemas franco-italiano Hervé Falciani. Traicionero para unos, héroe para otros (ver recuadro), en 2008 le robó los datos al HSBC, donde trabajaba, y se los entregó a las autoridades francesas que persiguieron sin piedad a sus defraudadores. En 2014 el diario Le Monde obtuvo la totalidad de los documentos secretos y se los transmitió al ICIJ (Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación) para lanzar una cacería mundial.

Durante varios meses 140 periodistas de 45 países se sumergieron en la filtración y, finalmente, la semana pasada se publicaron los primeros hallazgos de la Lista Falciani. Esta demuestra que HSBC ayudó e incluso incitó a sus clientes a evadir. También expuso las cuentas de 66 personas, que incluyen deportistas, supermodelos, grandes industriales, ‘rockeros’, actores de Hollywood, políticos, testaferros de dictadores, traficantes de armas, negociantes de diamantes.

Las revelaciones son explosivas y podrían dar pie a multimillonarias multas e incluso, en algunos países, a años de cárcel. A miles les va a tocar justificar el origen de sus fortunas y explicar por qué guardaban millones de dólares en cofres suizos. En Colombia hasta ahora no se ha publicado la identidad de los clientes del banco, pues muchos no responden a los criterios que maneja el consorcio: figuras públicas, delincuentes reconocidos o montos exagerados.

Pero Connectas, una plataforma de periodismo investigativo latinoamericano que trabajó de la mano del ICIJ y tiene acceso a la filtración, explora nuevas revisiones de los datos para una eventual publicación. SEMANA, sin embargo, pudo establecer que entre los clientes colombianos de la filial suiza de HSBC Private Bank hay industriales, comerciantes, clanes familiares y, como lo resaltó Connectas en su página web, algunos de los “hombres más ricos” del país.

Por ahora se sabe que 286 clientes del banco tienen alguna relación con Colombia. El 24 por ciento tiene pasaporte colombiano, mientras que el resto están asociados con el país ya sea porque el dinero viene de una empresa nacional o porque en algún punto de la transacción dejaron un rastro en Colombia. En total hay 318 cuentas, abiertas entre 1988 y 2006, por las que transitaron 276 millones de dólares, unos 665.000 millones de pesos.

El mayor depósito alcanza 57 millones de dólares pero la gran mayoría tiene sumas menores. Según el consorcio, 106 colombianos tuvieron entre 0 y 3 millones de dólares, 24 entre 3 y 9 millones, siete entre 9 y 18 millones y hay dos personas con más de 18 millones de dólares.

Aunque esos montos parezcan escandalosos, a nivel latinoamericano las cuentas colombianas son inferiores a las de Venezuela (reservas totales de 14.800 millones de dólares), Brasil (7.000 millones de dólares) o Argentina (3.500 millones de dólares). Y es que en estos países los periodistas encontraron casos llamativos como el de Miguel Abadi, un comerciante de diamantes argentino que depositó 1.100 millones de dólares, o las cuentas de altos funcionarios chavistas que suman 12.000 millones de dólares.

A priori en Colombia no hay perfiles de este tipo en la Lista Falciani. Pero, como le dijo a SEMANA el director de la Dian Santiago Rojas, “en otros bancos y en otras jurisdicciones, los colombianos pueden ser los que más dinero ocultan”. Según estimó hace unos meses el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, los colombianos tendrían unos 50.000 millones de dólares en paraísos fiscales (unos 120 billones de pesos), lo que en plata blanca significa una pérdida de 15.000 millones de dólares en tributos.

Hace cerca de diez meses una misión de la Dian estuvo en París y le pidió la Lista Falciani al gobierno francés. Aunque aún no la tienen, confían en obtenerla en los próximos días. Ahí entrarán a revisar caso por caso, pues no es ilegal que un colombiano tenga una cuenta en el extranjero. Lo censurable es no declararla para evadir impuestos o que el dinero tenga un origen ilícito.

De todos modos los evasores tienen una segunda oportunidad. Como explicó Rojas, “la reforma tributaria abrió la puerta para que aquellos que tienen activos en el exterior los declaren antes del 31 de diciembre de 2015 y paguen un impuesto de normalización del 10 por ciento”. Con los años esa multa, que permite sanear el dinero, escalará paulatinamente. Pero si no revelan sus cuentas del exterior y la Dian lo comprueba, la sanción va hasta el 160 por ciento de los haberes. En otras palabras, una verdadera ruina.

Y las probabilidades de caer son cada vez mayores, pues el secreto bancario es una especie en vía de extinción. Hoy la presión contra los paraísos fiscales aumenta y hay nuevas armas para rastrear la evasión. En octubre pasado Colombia firmó, junto a 51 países, un acuerdo de intercambio automático de información fiscal que ayudará a combatir el flagelo. Se supone que en 2018 Suiza, Liechtenstein, Singapur y las Islas Caimán también se unirán al pacto. Este es el único camino, pues como dijo Hervé Falciani esta semana en una entrevista al diario Le Parisien, “las filtraciones en los medios de las cuentas del HSBC en Suiza son solo la punta del iceberg”.

¿Ángel o demonio?

Este es Hervé Falciani, el hombre de los 100.000 millones de dólares.

Donjuan, jugador empedernido de póquer, crupier de casino, genio de la informática, mitómano oportunista, héroe internacional, ladrón de alto vuelo. A ciencia cierta, nadie sabe exactamente quién es Hervé Falciani, el ingeniero de sistemas franco-italiano que se robó y filtró las cuentas suizas del HSBC.

Hijo de un banquero, nació en 1972 en Mónaco, donde trabajó varios años para HSBC. Al ver sus talentos en programación, la sucursal de Ginebra lo contrató para liderar una complicada migración hacia un nuevo sistema informático que mejoraría la interfaz con los clientes. En ese momento Falciani empezó a copiar y guardar gigas y gigas de datos.

Aunque ahora diga que su intención era denunciar prácticas “escandalosas”, entonces eso no era tan claro. En febrero de 2008 viajó al Líbano con falsos papeles, acompañado de su amante y colega Georgina Mikhael, al parecer para revender las listas a bancos del Oriente Medio. El periplo, que según él era para lanzar una alerta, fue un fracaso y cuando regresó las autoridades suizas lo tenían en la mira.

A finales de 2008 allanaron su oficina y lo citaron a indagatoria, pero Falciani nunca llegó. Alquiló un carro, embarcó a su esposa y a su hija, y se entregó a las autoridades francesas con los que inició una larga colaboración. Pero tenía demasiados enemigos como para seguir su vida como si nada. Suiza lo busca con saña, dice que su vida corre peligro y alcanzó a pagar cinco meses de cárcel en España por un pedido en extradición.

Ahora trabaja en Francia en un instituto de investigación informática, dice ganar poco y tener un contrato temporal. También colabora con Podemos, el partido español de izquierda y se presentó el año pasado a las elecciones para el Parlamento Europeo. Para el ‘Snowden’ de las finanzas, “los nombres son una distracción. Quienes los publican esconden el verdadero problema: el funcionamiento de los bancos”.

El fin del secreto

Las revelaciones sobre las cuentas en Suiza de miles de figuras públicas representan un duro golpe para el secreto bancario en el mundo.

Presidentes, actores, monarcas, cantantes, diseñadores de moda, herederos, arquitectos, líderes religiosos, deportistas, fotógrafos, banqueros... Los perfiles de quienes aparecen en los documentos revelados el lunes por un conjunto de medios liderados por el diario francés Le Monde y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) son variados, pero comparten una característica. Se trata de personalidades nacionales e incluso mundiales que recurrieron entre 2005 y 2007 a un sofisticado sistema de ocultamiento de divisas y de evasión fiscal, auspiciado por la filial suiza del banco británico HSBC.

Aunque la información ya era conocida por muchos gobiernos y Le Monde le había dedicado al tema un informe a principios del año pasado, la difusión de los nombres de los cuentahabientes, los montos de los que disponían y los detalles de la trama urdida en torno al secreto bancario –uno de los pilares del sistema helvético– le permitieron a la opinión pública mundial hacerse una idea de la magnitud de la operación. Y el balance es desconcertante, pues en apenas dos años y por tan solo un banco de Suiza circularon más de 100.000 millones de dólares, de los cuales una buena parte pertenecía a traficantes de diamantes y de armas, y otra a los superricos del mundo alérgicos a pagar impuestos.

Pese a que el banco ya había enfrentado costosos procesos judiciales por motivos similares, como el que a principios de 2013 le evitó afrontar cargos criminales mediante el pago de una multa récord de 2.000 millones de dólares en Estados Unidos, la noticia puso contra la pared a sus directivos, que podrían enfrentarse a órdenes de arresto internacional. A sus pecados pasados, como haberles guardado la plata a narcos colombianos, se suma hoy el oprobio de haber continuado con sus prácticas, cuidando y ocultando las fortunas de dictadores como el egipcio Hosni Mubarak, el tunecino Ben Ali y el sirio Bashar al Asad. Todo a cambio de sustanciosas retribuciones. En buena medida, los bancos privados como el HSBC se convirtieron en un fondo de manejo de dinero ilícito.

Sin embargo, desde hace 15 años se viene cerrando el cerco sobre los paraísos fiscales y sobre aquellos que, con la excusa de proteger a sus clientes, albergan fortunas que han costado cientos de miles de vidas. Y no solo porque los dineros protegidos con el secreto bancario han servido para financiar guerras, sino también porque esas fortunas (bien o mal habidas) no han tributado a las arcas gubernamentales los recursos indispensables para financiar el desarrollo de sus respectivos países. Lo cierto es que hoy –tras la entrada en vigor a finales de 2014 de una serie de normas con alcance internacional, entre las que se destaca la Foreign Account Tax Compliance Act (Fatca)– sería imposible que se repitan fraudes masivos como el que la lista Falciani puso en evidencia.

Fernando Alonso
España
Piloto de Fórmula 1
42,3 millones de dólares


Joan Collins
Estados Unidos
Actriz
No disponible


Alejandro Andrade

Venezuela
Político
698 millones de dólares

Álvaro Noboa
Ecuador
Político
92,1millones de dólares

Phil Collins
Reino Unido
Músico
272.191 millones de dólares

Abdalá II
Jordania
Monarca
41,8 millones de dólares

Qabus bin Said

Omán
Monarca
44,6 millones de dólares

Heikki Kovalainen
Finlandia
Corredor de Fórmula 1
132.765 millones de dólares

Elle MacPherson

Australia
Modelo
12,2 millones de dólares

Mohamed VI

Marruecos
Monarca
9,1 millones de dólares

Emilio Botín

España
Banquero
82 millones de dólares

Valentino Rossi
Italia
Motociclista
23,9 millones de dólares

Li Xiaolin

China
Empresaria
2,5 millones de dólares

Diego Forlán

Uruguay
Futbolista
1,4 millones de dólares

Diane Halfin von Fürstenberg
Bélgica
Modista
6 millones de dólares
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