Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1990/12/10 00:00

ESCOBAR QUEMA LAS NAVES

Con el secuestro de Maruja Pachón de Villamizar, cuñada de Galán, "Los Extraditables" comunican que exigen menos conversaciones y más resultados.

ESCOBAR QUEMA LAS NAVES


Hasta hace poco, el país creía saber lo que quería Pablo Escobar. A través de una estrategia de secuestros, crear un clima de presión para que "el sistema" le abriera las puertas a la posibilidad de darle un tratamiento político al narcoterrorismo. Después de seis años de buscar un diálogo con el Gobierno por diferentes métodos, el jefe del cartel de Medellín optó finalmente por la estrategia del secuestro colectivo. Las bombas y los asesinatos, que habían sido la estrategia anterior, no habían funcionado por el rechazo que despertaban en la población.

La primera vez que Escobar intentó el secuestro colectivo fue a finales de 1989, cuando una docena de importantes industriales desaparecieron simultáneamente con un hijo del secretario General de la Presidencia, Germán Montoya, y con dos prestantes damas de la sociedad antioqueña, Patricia y Dina Echavarría. Fue entonces cuando se produjo el intento fallido de rendición. En esa oportunidad se había acordado la creación de una comisión por parte del Gobierno, para tramitar la rendición que "Los Extraditables" habían ofrecido a través de un comunicado. El Gobierno respondió creando la Dirección Nacional de Estupefacientes, con rango ministerial, pero con funciones que parecían estar más relacionadas con el manejo de las propiedades decomisadas que con el trámite de una rendición. De ahí surgió el malentendido que "Los Extraditables" consideran como "el conejo" que les puso el Gobierno.

Ese malentendido es el que hace que la situación sea tan difícil de manejar ahora que "Los Extraditables" tienen en su poder a un grupo de periodistas. Si el experimento anterior consistió en entregar a los secuestrados y esperar los resultados, ahora la cronología parece haberse invertido: esperar los resultados para luego liberar a los rehenes. Por eso acaba de fracasar la ronda de cartas y de buenos oficios entre notables, intermediarios y extraditables. Aunque se hizo lo que se pudo, no se logró romper el círculo vicioso: Escobar no está dispuesto a entregar a nadie sin resultados concretos y el Gobierno no está dispuesto a cambiar la legislación bajo chantaje.

El secuestro la semana pasada de Maruja Pachón de Villamizar y de su cuñada Beatriz Villamizar de Guerrero es una etapa más en la escalada de presiones de este conflicto. Al día siguiente de los hechos, dos hombres que se identificaron como "Zapatoca" y "El Mugre" dijeron que el secuestro de las dos damas constituía una respuesta a la posición de "Los Notables", quienes habían señalado que dialogar no necesariamente implicaba compromisos con contraprestaciones. Con el secuestro de la cuñada de Galán y de su pariente, Escobar quería dejar categóricamente claro que sí esperaba contraprestaciones. Sus voceros manifestaron que el Gobierno sabía exactamente qué era lo que ellos querían -diálogo directo- y que esperaban más resultados que discusiones al respecto. Amenazaron con que si ese diálogo no se llevaba a cabo pronto, la organización estaría dispuesta a realizar un sorteo para enviar a uno de los periodistas "entre un costal a la Casa de Nariño."

En el pasado, "Los Extraditables" han desautorizado a quienes se han identificado como sus voceros, pero estas desautorizaciones no han significado que los mensajes enviados no sean verdaderos. Ante esta nueva situación, Guido Parra, el ya tradicional intermediario para este tipo de situaciones, se retiró del ruedo y dijo que las cosas ya quedaban en manos de "Los Extraditables" y del Gobierno. Por su parte, Diego Montaña Cuéllar, dirigente de la izquierda y miembro de "Los Notables", declaró que tal vez había llegado el momento de poner punto final a la gestión de mediación de ese grupo. En otras palabras, todo llegaba a un punto muerto, y el conductor de las dos damas asesinado no hacía sino recordar que la sangre seguía rodando.

Más grave aún, la reivindicación por parte de "Los Extraditables" de dos secuestros con dos asesinatos de por medio, constituían una bofetada a la iniciativa del Gobierno de crear condiciones favorables para los narcotraficantes que se entregaran voluntariamente a las autoridades y eran clara muestra de que habían decidido quemar sus naves. Ahora la pelota pasó a, manos del Gobierno sin que las posibilidades de solución del problema aumenten. El Gobierno ha reiterado una y otra vez que el Estado colombiano no cederá en cuestiones de principio bajo presiones de naturaleza alguna.

La única salida que parece quedar en todo este laberinto, es que las decisiones sobre estos delicados asuntos pasen al terreno de la Constituyente, que es soberana, omnímoda e independiente del Gobierno. Las decisiones que allí se tomen no lo comprometen. Sin embargo, todo esto es a seis meses vista, pero mientras más presiones se hagan sobre la Constituyente con actos de violencia, menos posibilidades habrá de que ella se le mida al tema ante posibles acusaciones de que deliberó con un cañón apuntándole en la sien. Carlos Lemos Simmonds, candidato a la Asamblea, ya pidió que estos temas fueran retirados de la agenda hasta que los rehenes sean puestos en libertad. Hasta ahora no es más que una voz aislada, pero el último secuestro ha ido sumándole adeptos a la propuesta de Lemos.

Si llegara a cumplirse la amenaza de la última llamada de "Los Extraditables", se estaría llegando aún más a un callejón sin salida, pues la Constituyente, que es la única instancia que queda por fuera del Gobierno para buscarle una solución a este drama, se encontraría, como el Gobierno mismo, incapacitada por razones de principio para tratar el tema.

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