Viernes, 20 de enero de 2017

| 1992/11/16 00:00

ESPERANDO AL MAESTRO

París prepara para Botero el más grande homenaje que se le haya rendido a un artista en vida.

ESPERANDO AL MAESTRO


LOS CAMPOS ELISEOS DE París son famosos porque por ellos se pasean las mujeres mas hermosas del mundo. Por estos días, sin embargo, las que se están robando las miradas de los turistas y de los propios parisinos son unas cuantas gordas descomunales que han empeñado a posar desnudas a lado y lado de la gran avenida. Miden de dos a cuatro metros y pesan entre 800 kilos y cuatro toneladas. Son las gordas de Botero, con sus anchas caderas de bronce patinado. Las mismas que aprendió a moldear precisamente allí, en París, hace ya 20 años. Esta semana los grandes plásticos que las rodean serán retirados y las 31 estatuillas del colombiano entrarán en contacto con las hojas secas del otoño.
Pero las deformadas figuras humanas de Botero no sólo se tomarán los Campos Eliseos. Todo París será una fiesta, a partir del miércoles 21, por cuenta de este artista que poco a poco se ha ido consagrando como uno de los grandes del presente siglo. Ese mismo día se encenderán las luces del Grand Palais, y el público del arte tendrá frente a sus ojos 120 óleos de la serie La Corrida, 40 de los cuales fueron pintados especialmente para la ocasión. Cualquiera de estos dos eventos sería suficiente para asegurar que se trata de la consagración definitiva de Fernando Botero. En los Campos Eliseos jamás se había visto cosa parecida. Y en el Grand Palais, considerado como el salón del arte más importante de los franceses, son muy pocos los pintores a los que se les ha organizado una exposición individual en vida. Es algo asi como si a Botero le estuvieran entregando el Nobel del arte.
Sin embargo, eso no es todo. Al mismo tiempo una de las galerías más reconocidas de París, la de Didier Imbert, estará exhibiendo 50 obras en papel y 20 esculturas de Botero en pequeño formato. La revista París Match colgará durante dos semanas -también en el Grand Palais- 50 fotografías del artista trabajando en sus talleres de Pietrasanta, París, Nueva York y Cajicá. El rond point de los Campos Eliseos será adornado con la firma del colombiano, elaborada en flores de diversos colores. Unos días después llegará al Centro Pompidou lo más selecto de la colección de arte latinoamericano del Museo de Arte Moderno de Nueva York, y también ahí el show correrá por cuenta de Botero.
Lo curioso es que todo este despliegue tuvo su origen en una decisión politica. Desde poco antes de las celebraciones del bicentenario de la Revolución Francesa, el presidente Francois Miterrand y el alcalde Jacques Chirac han estado peleando el honor de hacerle el mejor regalo a los parisinos. La competencia, tan dura como su famosa cohabitación, ha incluido adecuación de parques, restauración de monumentos y programación de verdaderos sucesos culturales. En una jugada que muchos consideran maestra, Chirac decidió reunir estas tres condiciones en un solo evento. Se propuso volver a ganar para los Campos Eliseos su calificativo de "el paseo más hermoso del mundo". Y así, mientras construye un estacionamiento subterráneo para hacer de esta una zona peatonal, y define un estilo único para las fachadas de los edificios de la zona, decidió llamar la atención con las gordas de Botero, seguro de estar llevando a su ciudad al más grande de los artistas vivos.
De cualquier manera, para Fernando Botero, un pintor que posa para American Express y que se codea con lo más granado del jet set internacional, el homenaje que le están rindiendo los franceses no es sólo la garantía de un éxito aún mayor en el futuro, sino también la oportunidad de mirar con nostalgia algunos de los momentos claves de su carrera. Porque fue a París a donde llegó para afianzar su estilo, en 1973, y fue allí donde comprendió que además de ser pintor también podía sorprender de las técnicas escultóricas. Pero sobre todo porque según cuentan sus más viejos amigos cuando era incapaz de aguantar un segundo más entre las cuatro paredes de su estudio parisino, salía a buscar de nuevo la inspiración, caminando lentamente por los mismos andenes de la avenida de los Campos Eliseos donde a partir de esta semana se encuentran sus desnudos en bronce.
Botero ya tiene un lugar asegurado en la historia del arte universal. Y cuando se hable de él, seguramente siempre se hablará del artista colombiano que logró tomarse a París con sus descomunales figuras.

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