Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/05/02 00:00

ESPIONAJE TELEFONICO

Julio Mario Santo Domingo oye las conversaciones telefónicas de la revista SEMANA.

ESPIONAJE TELEFONICO

EL VIERNES 25 DE MARZO, ALREDEDOR DE las cuatro de la tarde, el presidente de Bavaria, Augusto López Valencia, llamó a Carlos Pérez Norzagaray, quien se encontraba en su casa. López le comunicó que, por orden de Julio Mario Santo Domingo, le informaba que quedaba destituido de la junta directiva de Avianca. El motivo invocado era que Santo Domingo tenía conocimiento de unas conversaciones de Pérez que "no podian ser negadas ", en las cuales se criticaba a la compañía. López le hizo saber que, por ese acto de deslealtad, no sería reelegido como miembro de la junta en la asamblea general de accionistas que se celebró la semana pasada.
Pérez Norzagaray escuchó en silencio durante varios segundos y luego, en términos destemplados, le manifestó a su interlocutor que Avianca era de Santo Domingo y que si él quería sacarlo de la junta directiva, no tenía por qué inventar ninguna disculpa y mucho menos hacérselo saber a través de un intermediario.
Carlos Pérez es un hombre muy conocido en los círculos económicos, empresariales y políticos del país. Aunque hace muchos años no ha desempeñado ningún cargo público, es considerado uno de los colombianos con mejores relaciones en América Latina, particularmente en Venezuela, donde es reconocido como el colombiano más influyente. Su cercanía a figuras como Carlos Andrés Pérez, Ramón J. Velásquez, Fidel Castro y Omar Torrijos ha sido objeto de múltiples crónicas. En los últimos años ha venido incursionando, junto con su hijo Carlos Alejandro, en el mundo de los grandes negocios en Colombia, como accionista importante del Banco Latino y como participante en la licitación de la telefonía celular por intermedio de la sociedad Movicel, que cuenta entre sus accionistas a El Tiempo, la familia Cisneros de Venezuela y la multinacional Bell South.
Por otro lado, es concuñado de Santo Domingo. Está casado con Josefina Dávila Rocha, hermana de Beatriz Dávila, la esposa de Julio Mario Santo Domingo. A pesar de este parentesco las relaciones entre ambos, hasta la semana pasada, habían sido cordiales pero distantes. Sus vidas giran alrededor de órbitas diferentes y la única vinculación de Carlos Pérez Norzagaray con el Grupo Santo Domingo era su participación en la junta directiva de Avianca. De ésta había sido miembro principal desde hace más de 10 años. Por todo lo anterior, la orden de destitución de la junta de la aerolínea por parte de Santo Domingo era un episodio de mucha trascendencian no sólo en términos empresariales sino familiares.
Como quiera que Augusto López Valencia había argumentado que existían conversaciones que "no podían ser negadas", la familia Pérez le solicitó a la Santo Domingo una explicación concreta. Después de 48 horas de diálogos telefónicos permanentes, de fricciones y de mucha tensión, Beatriz Dávila de Santo Domingo fijó la posición oficial de su familia. Manifestó que tenía en su poder "varios cazetes" donde estaban grabadas conversaciones entre Carlos Pérez Norzagaray y Felipe López Caballero, presidente de la revista SEMANA. Agregó que, tras haber escuchado detenidamente el contenido de esas charlas, no le quedaba ninguna alternativa diferente a respaldar a su marido en la decisión adoptada. Procedió entonces a relatar en términos casi textuales conversaciones que efectivamente tuvieron lugar entre el cuñado de Julio Mario Santo Domingo y el presidente de la revista. También precisó la fecha en que se llevaron a cabo: septiembre de 1993.
Interrogada sobre el origen de esos casetes, la señora Dávila de Santo Domingo afirmó que se los había entregado recientemente su marido, explicándole que los había llevado a Nueva York el presidente de Bavaria, Augusto López Valencia. Según Julio Mario Santo Domingo, Felipe López Caballero se había presentado en el despacho de López Valencia para entregárselos personalmente. La explicación habría sido que en la revista SEMANA graban las conversaciones para luego hacer uso discrecional de esa información.
Sorprendido ante la existencia de unas grabaciones, Carlos Pérez Norzagaray se comunicó telefónicamente con Felipe López Caballero y le informó en forma detallada lo que le había hecho saber su cuñada, interrogándolo sobre la veracidad de la versión según la cual López Caballero le habría hecho entrega de los casetes a Augusto López Valencia.
Que un medio de comunicación grabe conversaciones telefónicas de terceros no sólo es un delito, sino una falta a la ética de las más grandes proporciones. Pero además, que haga uso de esa información para perjudicar a esos terceros es todavía mucho más grave. Y, como es obvio, SEMANA no lo hace. Por tanto, después de aclararle al señor Pérez Norzagaray que la versión de Julio Mario Santo Domingo carecía de todo fundamento, se consideró que la gravedad de la acusación era tal que no podía quedar a nivel de aclaraciones coloquiales entre particulares.

EXPLOTA EL ESCANDALO
Por esto Felipe López Caballero, a nombre de la revista SEMANA, le solicitó una cita al fiscal general de la Nación, Gustavo de Greiff. Este lo recibió en su despacho en la mañana del martes de la semana pasada. Después de informarle de la situación, se acordó que, ante las implicaciones penales que tenían los hechos, era necesario confrontar la versión de la señora Beatriz Dávila de Santo Domingo con la del presidente de Bavaria, Augusto López Valencia, quien, según ella, era la persona que le había informado a su marido que los casetes se habían originado en SEMANA.
Para simplificar las cosas, se decidió realizar una comunicación inmediata con Augusto López Valencia para que expresara sus puntos de vista Así se hizo y al pasar el presidente de Bavaria al teléfono se le dijo que se trataba de una conversación por altoparlante en presencia del doctor Gustavo de Greiff para aclarar unas acusaciones que se habían formulado. Silenciosamente, López Valencia escuchó el recuento de la totalidad de la versión de la señora de Santo Domingo. Una vez oído el episodio, manifestó que consideraba de la mayor importancia que el Fiscal General de la Nación conociera su versión al respecto. En resumen, afirmó que Felipe López nunca había estado en su despacho, que no tenía conocimiento de la existencia de ningún casete y que, en consecuencia, no podía haber llevado ninguna cinta de estas a Nueva York.
Por otro lado, Carlos Pérez Norzagaray consideró que el asunto era de suficiente trascendencia como para informar al presidente de la República, César Gaviria Trujillo. En una conversación telefónica que duró unos quince minutos, y después de felicitarlo por su elección como Secretario General de la OEA, le narró los hechos y le puso de presente que si el grupo Santo Domingo tenía la posibilidad de obtener casetes con conversaciones telefónicas privadas, algo muy serio estaba sucediendo en Colombia. El presidente Gaviria se limitó a escuchar de manera prudente y sin comentarios el planteamiento.
Posteriormente, Pérez decidió denunciar el hecho ante el director del periódico El Tiempo, Hernando Santos Castillo. Santos, quien se considera una autoridad en la personalidad de Julio Mario Santo Domingo por cuenta de una larga y cíclica amistad, escuchó el incidente con asombro. Con las denuncias ante la Presidencia de la República, la Fiscalía General de la Nación y el diario El Tiempo, el episodio de los casetes se convirtió en el tema caliente con que los círculos políticos y empresari al es se fueron a descansar en Semana Santa.
Al igual que en el caso de monseñor Nel Beltrán alguien tenía que estar mintiendo. Pero sólo había cuatro posibilidades: o Julio Mario Santo Domingo le mintió a su señora, o doña Beatriz Dávila de Santo Domingo le mintió a la familia Pérez Dávila, o Carlos Pérez Norzagaray se había inventado toda la historia, o Augusto López Valencia no había revelado toda la verdad en la conversación presenciada por el Fiscal General de la Nación.
De lo único que no había duda era de que los casetes sí existían. El contenido de éstos, que Beatriz de Santo Domingo le reveló a la familia Pérez Dávila, correspondía a conversaciones que efectivamente habían tenido lugar con el contenido y en la fecha que ella afirmaba. Así lo reconoció el propio Pérez cuando le comunicaron los detalles del dialogo. Carlos Pérez y Felipe López no hablan con frecuencia. Por tanto, se trataba de las únicas conversaciones telefónicas que habían sostenido durante 1993.

EL CONTENIDO DE LOS CASETES
Pero, ¿que contenían las grabaciones? En realidad nada muy espectacular para quienes conocen a Pérez. Una de ellas tuvo lugar cuando destituyeron de la presidencia de Avianca a Alvaro Jaramillo Buitrago, acusado de haber realizado la negociación de la venta de la base aérea de Soledad (Atlántico) sin autorización de la junta directiva. El caso fue muy sonado en su momento y fue objeto de la carátula de la revista SEMANA el 28 de septiembre de l 993. La llamada se originó en la revista con el propósito de preguntarle a Pérez su opinión sobre la salida de Jaramillo, cuya integridad había quedado en tela de juicio con motivo de unas acusaciones de falsificación de actas. Pérez comenzó la conversación afirmando que él no había estado presente en la junta en la que se había generado toda la controversia. Por ende, no tenía mayor conocimiento del tema. Procedió entonces a expresar que tenía un muy buen concepto de Jaramillo y a manifestar que lo consideraba un hombre honesto. Finalmente agregó que, por sus frecuentes viajes, él estaba bastante distanciado de la junta de Avianca; pero que esto no le molestaba puesto que el Grupo Santo Domingo era bastante complicado.
Ese mismo día, antes de escribir el artículo en cuestión, Felipe López habló con otras fuentes entre quienes estaban el ex presidente de Avianca, Edgar Lenis Garrido; Alfonso Palacio Rudas, miembro de la junta directiva de Avianca, y Augusto López Valencia, presidente de la misma. La versión publicada fue esencialmente la de López Valencia, el mayor conocedor de la situación.
La otra cinta que, según Pérez, fue mencionada de manera explícita por doña Beatriz Dávila de Santo Domingo estaba relacionada con Alberto Zalamea y la revista Cromos. Según élla, en esta ocasión, el que llama es Pérez, quien procede a expresarse en forma bastante agresiva sobre la calidad de la revista y su director. Los términos utilizados son más fuertes que los empleados en el caso de Avianca.
Estas fueron las dos conversaciones que la señora de Santo Domingo le mencionó a la familia Pérez Norzagarav como justificación nara la destitución de su cuñado de la junta directiva de la aerolínea. Manifestó estar impresionada por el tono y los términos utilizados, y concluyó que su marido consideraba que una persona que se expresaba de esa manera del Grupo Santo Domingo, no tenía por qué representarlo en una de sus juntas. Durante todo el proceso de este bochornoso episodio, que duró tres días, Julio Mario Santo Domingo y Carlos Pérez Norzagaray nunca hablaron personalmente, pues las relaciones entre los dos están totalmente rotas. Siempre fue a través de la esposa de Santo Domingo.
Pérez es una persona bastante vehemente. Si bien no es absurdo que estos comentarios le parezcan desleales al dueño de Avianca, la verdad es que para quienes conocen su forma habitual de hablar, el contenido es relativamente rutinario. Pero el punto de fondo en todos estos episodios no es ni la lealtad de Pérez, ni la sensibilidad de doña Beatriz Dávila de Santo Dominpo frente a la actitud de su cuñado. Lo grave, lo verdaderamente grave, no es el contenido sino la existencia de las grabaciones. Nadie entiende por qué si se trataba de conversaciones que tuvieron lugar hace seis meses salieron a flote apenas la semana pasada. Y tampoco se entiende por qué Santo Domingo se las entregó a su señora como justificación para destituir a su cuñado. La única explicación es la cercanía con la fecha de la asamblea general de accionistas de Avianca en la que Carlos Pérez acabó siendo reemplazado por el político conservador Juan Diego Jaramillo.
De otra parte, no deja de ser audaz informarle de frente a Carlos Pérez y a su señora que existen conversaciones privadas grabadas. Aun tratándose de un suceso de familia, confesar la existencia de unas grabaciones es algo sumamente delicado y Santo Domingo se exponía, desde el principio, a una reacción extrema como la que ha tenido Carlos Pérez Norzagaray, quien no sólo lo denunció ante el Presidente de la República, sino que considera que debe ser de conocimiento público que el Grupo Santo Domingo graba conversaciones telefónicas de terceros.
Al cierre de esta edición existían dos posiciones contradictorias sobre los casetes dentro del Grupo Santo Domingo. La de Augusto López quien manifiesta que no existen y que, en consecuencia, si Carlos Pérez o cualquiera otra persona está afirmando eso, estaría mintiendo. La otra es la de Beatriz de Santo Domingo, quien no se retracta ante la familia Pérez Dávila y manifiesta que ella tiene la posesión de los casetes, los ha escuchado muchas veces y le cree a su marido si él afirma que fueron grabados en SEMANA. Manifestó desde Nueva York que no tenía ninguna intención de hacerlos públicos pero que los traería personalmente el martes de pascua a Colombia para que los Pérez Dávila los escucharan y, ante sus ojos, le dijeran si eran falsos o no.

TRASCENDIENDO FRONTERAS
Todos los episodios recientes del Grupo Santo Domingo, como sus guerras con la campaña de Andrés Pastrana, con la familia Santos, con Carlos Ardila Lulle, han estado, mal que bien -con excepción del caso del 'Doctor Cocoa' contra Enrique Santos Calderón-, dentro del marco de las reglas del juego del sistema. Incluso no han dejado de tener una dimensión humorística con los chistes sobre los 'Pejus' -Perseguidos por Julio Mario Santo Domingo y los 'Bejus'- Beneficiados por Julio Mario Santo Domingo-.
Pero lo revelado la semana pasada no tiene nada de humorístico. Que en algún rincón de Colombia pueda haber, en este momento, cuatro o cinco personas al servicio de Julio Mario Santo Domingo dedicadas de tiempo completo a grabar y a escuchar conversaciones de terceros, sería un asunto de la mayor gravedad. Porque en el mundo de las grabaciones se sabe donde se comienza pero no donde se termina. Si ya se tiene una infraestructura, ¿por qué no sumarle unas líneas más? Y si ya se está grabando un medio de comunicación, ¿por qué no a un Ministro que los investiga o a un competidor en una subasta o en una licitación?
Tal vez una de las frases más importantes que se han dicho recientemente en Colombia, la dijo el polítologo Fernando Cepeda en una entrevista. En relación con el tema de la penetración de los grupos económicos en los medios de comunicación afirmó: "En Colombia todo el mundo siempre se ha quejado, todo el mundo ha estado siempre descontento, pero una de nuestras tradiciones es que siempre se ha tenido el derecho -y la tendencia- a decir lo que a uno le viene en gana. Ahora, por primera vez, registro que hay cierto temor para expresar opiniones".
Con esta frase, Cepeda se refería a opiniones expresadas públicamente que, según él, pueden ahora generar riesgos, pues el poder económico "es mucho menos tolerante frente a la crítica que el poder político". Lo sucedido la semana pasada lleva el problema una etapa más allá y marca un hito sin precedentes en la historia del país. Los ciudadanos ya no sólo asumen riesgos en sus declaraciones públicas, sino también en sus conversaciones privadas. Y es particularmente grave que el primer colombiano de la clase dirigente tradicional acusado de grabar conversaciones telefónicas privadas, sea precisamente quien va a ser el mayor operador de telefonía celular del país. -

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