Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/12/2006 12:00:00 AM

Espíritu invencible

La muerte de un indígena en las protestas de Caldono es un síntoma preocupante de los extremos a los que puede llegar el problema de tierras en Colombia.

Los ojos rojos por los gases de la Policía, la cara sucia y la ropa gastada hablan de los 30 días que lleva el líder indígena Gilberto Yafué, junto con otros 600 indígenas del resguardo Caldono, metido a la fuerza en la hacienda Japio ubicada en inmediaciones de Caloto, Cauca. Es una finca de 960 hectáreas que en su parte plana tiene caña, y en la parte alta, un bosque nativo en proceso de ser tumbado para sembrar pino. La toma de tres haciendas por parte de los indígenas, que comenzó el 12 de octubre pasado, ha desestabilizado la zona y con el paso de los días el riesgo de que ocurran más muertes, por los duros enfrentamientos entre la Fuerza Pública y los invasores, aumenta. Mientras velan el cuerpo de Belisario Tamayo Buitoto, su compañero muerto en las refriegas en la madrugada del jueves, Gilberto Yafué confirma que "el gobierno ha incumplido su palabra, no ha entregado miles de hectáreas pactadas en acuerdos anteriores, lo que nos obliga a realizar las ocupaciones porque la tierra es vital para el desarrollo de nuestras comunidades, que crecen en número". Pero el ministro del Interior, Sabas Pretelt de la Vega, ha sido enfático en que el gobierno no negociará mientras los predios sigan invadidos. Ante las posiciones cada vez más radicales, se buscan espacios que permitan acercar a las partes y evitar así que se derrame más sangre. El gobernador de Cauca, Juan José Cháux, quien califica como nefasta la incursión indígena en el Japio, anunció que el próximo martes se reunirá con el presidente Álvaro Uribe y confirmó su participación en el debate sobre la situación de las tierras en Cauca que se adelantará en el Congreso ese mismo día. Y el senador indígena Jesús Antonio Piñacué señaló que el gobierno nacional debe preservar la vida de los indígenas aunque no esté de acuerdo con sus posiciones. Piñacué le pidió al Presidente algo simple: "Que se siente con los voceros del Consejo Regional Indígena de Cauca para que acuerden términos de entendimiento duraderos y ajustados a las aspiraciones de la sociedad indígena". El movimiento indígena, que ha servido de inspiración para muchos colombianos a través de la resistencia civil frente a los grupos armados, esta vez enfrenta voces en contra que consideran desmedidas sus pretensiones por la tierra. ¿Por qué tienen los indígenas más derecho a ella que campesinos que lo han perdido todo por culpa de la violencia y a quienes el Estado no tiene cómo atender? El malestar es tanto, que las comunidades negras de Caloto manifestaron su descontento con una marcha por las calles de la ciudad hace 15 días. Y es que con su alto grado de organización, la minoría indígena del país se ha hecho al control del 30 por ciento de las tierras de Colombia, según datos del Ministerio de Agricultura. Lo cierto es que en el Japio tanto los indígenas como la Policía seguían frente a frente al cierre de esta edición. La situación, que amenaza con desbordarse, vuelve inaplazable el debate sobre la tenencia de la tierra y le debe servir al gobierno como espejo de lo que puede suceder en el futuro con las tierras que los paramilitares han usurpado a lo largo y ancho del país. Por ahora, los indígenas del Cauca han tomado una decisión que demuestra su inquebrantable voluntad y, sobre todo, su fatalismo: van a capacitar a un grupo de jóvenes en las artes de la ebanistería, debido al alto costo que tienen los ataúdes que han tenido que comprar en los últimos meses.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.