Jueves, 19 de enero de 2017

| 1983/07/18 00:00

¿ESTA DIVIDIDO EL M-19?

El M-19 vive las consecuencias de lo que algunos consideran su mayor error político

¿ESTA DIVIDIDO EL M-19?

En los meses que han transcurrido desde la aprobación de la ley de amnistía hasta hoy, el M-19 habría sufrido un fuerte retroceso el su nivel de popularidad, y su imagen pública se habría deteriorado notablemente. Así lo atestiguan las cifras de una encuesta realizada por "Consumer" publicada recientemente en Cromos si la aceptación de que gozaba en septiembre de 1981 era de 18 puntos, en abril del 83 habría bajado a 13, mientras que el rechazo que suscita habría ascendido, en el mismo lapso de tiempo, de 16 puntos a 35. Evidentemente, ha habido un cambio brusco. ¿Cuándo se precipitó la curva hacia abajo?
Aunque no hay encuestas que la corroboren, es innegable que durante el período previo a la aprobación de la ley de amnistía, la popularidad del M-19 parecía llegar a la cima. Ante los ojos de la opinión pública tenía el aura que le daba el haberse constituido en la más vistosa oposición al gobierno de Turbay Ayala. La coyuntura parecía la más propicia para que el M-19 pudiera recoger la corriente de simpatía hasta ese momento dispersa que lo rodeaba, y canalizarla hacia un movimiento político de masas. La aparición de algunos de sus miembros en la legalidad, así como la salida de sus presos de la cárcel, tuvieron un indudable impacto en la opinión pública. Cualquier frase de Bateman o de los demás dirigentes era reproducida a grandes titulares por la prensa, y la expectativa de los miles de colombianos ansiosos de paz se centraba en ellos.
Hasta ese momento, los dos grandes héroes de la amnistía eran ellos, que la aceptaban, y el presidente Betancur, que la concedía. Empezó entonces la competencia entre el M-19 y el Presidente para ver cuál de los dos ganaba más prestigio político, carrera en la que, a lo largo de los meses, Belisario Betancur ha demostrado ganar por muchas cabezas de ventaja.
MANEJO POCO CLARO
El primer indicio de que el manejo de la situación no era claro por parte del M-19 fue el inexplicable golpe de Chía, que hizo dudar por primera vez de la sinceridad de la vocación de paz del M-19. Los elementos contradictorios siguieron sobreponiéndose --bombas en las embajadas que iban precedidas por declaraciones de confianza incondicional en el Presidente por ejemplo-- hasta que la opinión pública quedó totalmente confundida sobre las verdaderas intenciones de ese movimiento. Se generalizó la versión de que el M-19 había "puesto conejo ": que acataba la amnistía para liberar a sus presos, y que la negaba cuando se trataba de deponer las armas.
En realidad, eran miles los obstáculos que se les presentaban para salir de la clandestinidad: el MAS seguía matándolos impunemente, la persecución en el campo por parte del ejército no cesaba, las promesas de ayuda de rehabilitación no se hacían efectivas... Sin embargo, el M-19, lejos de alertar sobre estos problemas desde un principio, había contribuido a ignorarlos al difundir el espíritu de confianza sin reservas en el gobierno.
Detrás de todo esto, pareció haber un error clave de concepción: los dirigentes del M-19, en vez de ver en la coyuntura de la aministía su gran oportunidad política, la vieron como la ocasión propicia para hacer una maniobra de bajo vuelo: sacar a los presos de la cárcel, utilizar el margen de legalidad y, a la vez, mantener intacto el aparato militar.
La actual situación de división en varias alas, y de pérdida de influencia que hoy acusa el movimiento, parece ser el estallido interno que vino como consecuencia de una derrota política.
A pesar de que muchos empezaban a señalar que el Presidente iba restringiendo su inicial actitud de apertura a medida que cedía ante la presión de los militares, ante los ojos de la mayoría la imagen de Betancur salía bien librada pues aparecía como el hombre que luchaba por la paz a pesar del MAS, de los militares y aun de la propia guerrilla, mientras que el M-19 perdía credibilidad por lo ambiguo de su posición.
El doble juego debilitó inclusive su estructura militar. Su red urbana se venía abajo por inactividad pero la organizacion tampoco ganaba verdadero apoyo en el campo. Al quedarse a medio camino entre el movimiento clandestino y el movimiento legal, el M-19 vio venirse abajo sus fiananzas, y debilitarse sensiblemente su estructura organizativa: en su momento de mayor ascenso, le había abierto las puertas a cientos de personas que, si bien simpatizaban con sus ideas, no estaban preparadas ni dispuestas para asumir la clandestinidad ni sus consecuencias. El resultado, nefasto para ellos, fue que se hicieron mucho más permeables a la filtración de la delincuencia común y aun de la propia inteligencia militar.
En materia internacional, el panorama tampoco parecía favorecerlos. Cuba y Nicaragua, ante la actitud amistosa del presidente Betancur, que había logrado el ingreso a los No-Alineados, empezaron a mostrarse más interesados en mantener las buenas relaciones diplomáticas con el gobierno colombiano que en seguir impulsando los focos guerrilleros en este país.
LA DIVISION
La famosa "declaración de Panamá", donde el M-19 anunciaba su retorno definitivo a la lucha armada fue, según afirmó el propio movimiento, unánimemente votada por el conjunto de la organización. Sin embargo, este viraje abrupto en relación a la posición anterior no podía dejar de implicar división y roces. Según algunas versiones, estarían actualmente divididos en una línea sectaria, que se habría mantenido siempre reacia a cualquier coqueteo con la amnistía y con la legalidad, una línea intermedia --supuestamente encabezada por el propio Bateman-- que estaría por aprovechar los resquicios legales sin que eso implicara deponer las armas, y una línea "blanda" o parlamentarista, claramente representada por Andrés Almarales y Ramiro Lucio, que estaría por el acatamiento inmediato a la amnistía y por el abandono definitivo de la lucha armada.
De resultar ciertas las versiones de la muerte de Bateman, todos estos elementos de crisis se verían reforzados por la ausencia de la figura que, debido a su carisma y a su energía, había logrado mantener cohesionado el movimiento durante los años anteriores.-

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