Lunes, 16 de enero de 2017

| 2004/12/19 00:00

¿Está marchando la reforma política?

Este año se demostró, una vez más, que los políticos no quieren renovarse. El proyecto para fortalecer los partidos languideció en el Congreso.

El Congreso desaprovechó oportunidades para concretar las nuevas reglas de juego que consagra la reforma política.

Existe controversia acerca de los alcances que tendrá la reforma política. Si bien es cierto que durante 2004 han sido otros los temas que han abarcado los titulares en prensa y la agenda política del país, hay hechos que indican que la reforma política ha seguido su marcha y tendrá implicaciones profundas en nuestro sistema de partidos.

En julio de 2003 el Congreso aprobó el acto legislativo 01 de 2003, que es lo que se conoce como la reforma política. Mediante éste se reformó la Constitución con el objetivo de fortalecer los partidos y obligarlos a actuar de forma más disciplinada. Sin embargo varias de las disposiciones contenidas en dicha reforma requieren que se expidan leyes que las reglamenten. Así, hablar del desarrollo de la reforma política implica discutir tanto los avances que ha hecho el Congreso en términos de la reglamentación necesaria para cumplir sus objetivos como la forma en la que se han modificado las prácticas políticas, en especial las de los partidos.

En cuanto a los avances en la reglamentación, en este año se adelantó el debate de financiación estatal de campañas, aunque por otra parte se hundió el proyecto que establecía el estatuto de la oposición, pieza clave en la profundización de la democracia en el marco de la reforma. Al hundimiento del Estatuto se sumó el posible archivo del proyecto que buscaba determinar el régimen de bancadas en el Parlamento, los concejos y asambleas. La Comisión Primera de la Cámara postergó su discusión y con ello tristemente se vio mermada la posibilidad de alcanzar uno de los objetivos principales de la reforma política: el de crear mecanismos para que los partidos y movimientos se comporten como verdaderos organismos colectivos y no como colecciones de individuos con escasos vínculos entre sí. El proyecto establecía, entre otros, que los miembros de las corporaciones públicas elegidos por un mismo partido se constituyeran en una bancada, representada por voceros y con mecanismos democráticos internos para tomar decisiones.

Sin embargo diversos sectores políticos empezaron a discutir la forma como se presentarán a las próximas elecciones, ya que el umbral electoral hará prácticamente imposible que las listas unipersonales resulten victoriosas en 2006.

Un proyecto que reglamenta la financiación de campañas, presentado en el Senado, fue acumulado con el proyecto de código electoral y fue incluido como un capítulo de este. Al momento de escribir este texto la comisión primera del Senado había aprobado partes sustanciales del código electoral y discutía algunos artículos específicos. Se espera que el proyecto sea aprobado en esta legislatura, incluyendo lo relacionado con la financiación de las campañas.

En el proyecto en curso se indica la estructura financiera que deben tener las campañas políticas con el fin doble de facilitar la asignación de recursos que le haga el Estado y generar mecanismos de control que garanticen la transparencia del origen y el manejo de los recursos económicos con los que cuentan las campañas. El esquema de financiación propuesto fortalece los partidos porque implica un manejo centralizado de los recursos por el partido.

Desafortunadamente el Congreso también perdió la valiosa oportunidad de avanzar en la reglamentación de las garantías para la oposición cuando en días pasados miembros de la comisión primera del Senado torpedearon con su ausencia la discusión de un proyecto en este sentido y obligaron a que éste fuera archivado. La ausencia masiva de los senadores de las distintas bancadas impidió que, independientemente del resultado de la votación, la materia fuera siquiera objeto de un debate sin duda indispensable para avanzar en el proyecto democrático que supuestamente pretende consolidarse en nuestro país. Este desplante reveló el desinterés de los ausentes y sus bancadas por deliberar abierta y concienzudamente acerca de un tema que, como el de la oposición, es consustancial a un auténtico régimen democrático.

La reforma política tiene también efectos notorios en la composición del sistema de partidos. Las nuevas reglas obligan a los partidos a actuar cohesionadamente para sobrevivir políticamente. El umbral hace que sea prácticamente imposible que los votos obtenidos por los políticos a título individual sean suficientes para obtener escaños en las corporaciones públicas. El caso del Senado puede ser ilustrador. En 2002 se presentaron 321 listas avaladas por 66 partidos o movimientos. Si agregáramos los votos obtenidos por cada partido, tan sólo nueve de

ellos obtendrían votaciones superiores al umbral del 2 por ciento del total de votos, con lo que estos partidos serían los únicos con derecho a recibir escaños. La lista única obliga a los políticos a agruparse bajo el rótulo de algún partido para competir en las elecciones, lo cual implica que los miembros de los partidos negocien unas reglas de juego de lo que implica precisamente llamarse copartidarios.

En los últimos meses se han visto avances en este sentido en distintos sectores del espectro político. Tanto el Partido Liberal como el Partido Conservador han iniciado discusiones sobre reformas a sus estatutos internos y tienen previstas sendas convenciones para 2005. A pesar de que estos procesos apenas comienzan, existen tensiones fuertes en estas colectividades tradicionales que enfrentan a quienes respaldan al actual gobierno y a aquellos congresistas que han adoptado posiciones más críticas. Es difícil pronosticar cómo se resolverán estas tensiones y si los partidos tradicionales resultarán fortalecidos o escindidos con este proceso. Sin embargo es probable que se produzca una realineación partidista en la que se separen sectores de estos partidos de acuerdo con su posición ideológica.

Igualmente, la izquierda democrática tiene una oportunidad histórica de consolidarse como una fuerza política significativa que altere de forma definitiva el sistema de partidos. Los miembros de Alternativa Democrática y el Polo Democrático Independiente se han comportado como una bancada de facto en el Congreso y han declarado su intención de lograr acuerdos de unidad de cara a las próximas elecciones. De lograrse dicho acuerdo y presentar una lista única, los partidos de izquierda podrían conquistar un porcentaje importante de curules en el Congreso y aumentar su figuración política.

Es posible, entonces, que la reforma política logre modificar aspectos medulares del sistema político actual y algunas de las costumbres tan cuestionadas de nuestros políticos. Hacer pronósticos sobre cuáles van a ser sus efectos particulares sobre la estructura del sistema de partidos es una actividad delicada y las posibilidades de errar en el intento son significativas. Sin embargo no es descabellado pensar un escenario en el que el espectro político sea copado a la derecha por los sectores uribistas del liberalismo y el conservatismo; la centroderecha sea dominada por los liberales y conservadores independientes; la centroizquierda, por el liberalismo de mayor compromiso social, y la izquierda, por una alianza entre Alternativa Democrática y el PDI.

El verdadero alcance de la reforma sólo lo conoceremos cuando la Registraduría publique los resultados de las próximas elecciones en marzo de 2006.

* Profesor del departamento de ciencia política de la Universidad de los Andes

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