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| 11/25/2006 12:00:00 AM

“Estamos apagando la guerra”

El Premio Nacional de Paz enalteció a dos entidades de Medellín. Una señal de que los paisas, hastiados de la violencia, decidieron decir 'No más'.

Hay pocas ciudades en Colombia tan cansadas de la guerra como Medellín. Durante 20 años la ciudad ha sido trinchera de narcos, guerrilla, paramilitares y delincuencia común. Pero los paisas decidieron decir 'No más'. Las víctimas asumieron un papel protagónico: las Madres de la Candelaria -Caminos de Esperanza, ganadoras del Premio Nacional de Paz de este año- lo han hecho y de qué manera, El premio es otorgado por la fundación alemana Friedrich Ebert Stiftung en Colombia (Fescol), que lo convoca junto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y los diarios El Tiempo y El Colombiano, Caracol Radio, Caracol Televisión y SEMANA.

Desde hace siete años y ocho meses, las Madres de la Candelaria se reúnen en el Parque Berrío para exigir que aparezcan sus hijos. "Los queremos vivos, libres y en paz", repiten mientras exponen las fotos de sus seres queridos. Cada semana van llegando nuevas madres (y padres, hermanos, primas) que hacen la misma exigencia. El miércoles, por ejemplo, llegó una mamá desde Cúcuta cuyo esposo militar está desaparecido desde hace dos meses. Con ella eran 125 madres.

"Muchas madres llegan sólo a llorar. Eso les basta", dice Teresita Gaviria, la líder. Las Madres de la Candelaria se han convertido en un refugio sinigual para las víctimas, que consideran que nadie las acompaña en su dolor. Pero al acercarse a la pequeña sede, las madres convierten ese dolor tan privado en algo público. Se dan cuenta de que son muchas las que conviven con el mismo sufrimiento. "Nosotras no tenemos más qué ofrecer que la compañía... y lo más importante: las escuchamos", cuenta Teresita, quien hace ocho años tiene a su hijo desaparecido.

Teresita reparte su tiempo entre escuchar a las madres destrozadas y repasar los nombres y las fotos de los desaparecidos y los secuestrados, que se acumulan en carpetas. La idea con cada una de las fotos es hacer cuadros para formar un gran 'salón de la memoria' en Medellín. Según Carlos Iván Lopera, quien las apoya jurídicamente, la idea es fortalecer la asociación para que pueda ser un modelo emblemático y acceder a todo el proceso de la Ley de Justicia y Paz. Lo que significa probar la efectividad en cuanto a la reparación en el proceso con los paramilitares.

Por dicha razón, todas las madres, durante los últimos meses, han tenido talleres sobre verdad, justicia y reparación. Les están diciendo qué hacer, cuáles son sus derechos y qué riesgos pueden asumir.

Son muchas las expectativas de las Madres de la Candelaria. Ninguna hace referencia al posible dinero de la reparación. Sólo quieren saber dónde están sus hijos, ninguna pierde la esperanza. "Aún hoy -dice Teresita- cuando llego a mi casa y suena el teléfono, sigo pensando que es mi hijo para decirme: estoy vivo y libre, mamá".

Hay otras manifestaciones del hastío de los paisas con la violencia. "Es que es muy difícil acostumbrase a la sangre", dice Mario León Villada, un desmovilizado del Bloque Cacique Nutibara (BCN) y hoy inscrito al Programa Paz y Reconciliación de la Alcaldía.

Villada es uno de los 3.700 muchachos del Programa que esta semana obtuvo una Mención Especial en el Premio Nacional de Paz. Es una mención no sólo para los desmovilizados, sino para las 100 personas -entre sicólogas, investigadores y abogados- que desde la Alcaldía han hecho de esta oficina una apuesta para la reconstrucción del tejido social de la capital antioqueña.

Lo que más agradece Mario Villada en estos tres años del Programa es el trabajo con las sicólogas. Ellas se han convertido en sus nuevas 'comandantes'. "Cada ocho días dictan talleres de todo tipo a nosotros o a nuestras familias y casi a diario nos están llamando a cada uno para saber cómo estamos o qué necesidades tenemos", comenta. Además del apoyo sicosocial, cada uno de los muchachos recibe un salario mensual de 600.000 pesos, apoyo jurídico, posibilidades de estudio, vinculación laboral y asesoría para proyectos productivos. "Yo, por ejemplo, -dice Villada- estoy montando, con 11 compañeros, Asoeventos, para organizar todo tipo de eventos, ya que tenemos experiencia por estar trabajando en el Centro Internacional de Convenciones".

Y ese entusiasmo se multiplica en la mayoría de los desmovilizados. Iniciativas que van desde la culinaria hasta la mecánica y la música, lo que cuenta es que se sientan productivos y reintegrados a la sociedad. .

"Esta mención es un reconocimiento a una apuesta seria por la paz", comenta Gustavo Villegas, secretario de Gobierno, quien ha liderado el Programa desde cuando comenzó, en noviembre de 2004. Las dudas eran frecuentes cuando el BCN tomó la decisión de ser el primer grupo paramilitar en entregar las armas. "El reto era enorme -dice Villegas-, teníamos que demostrarles al país y al mundo que la paz sí es un alcanzable".

Las cifras lo demuestran. Este año Medellín puede alcanzar una cifra récord en homicidios, con menos de 600 muertos. Hay que tener en cuenta que esa misma cifra era la cantidad de muertos en un solo mes durante la década de los 90. Incluso, en 1991, Medellín se desangraba con 6.349 homicidios al año.

Las secuelas de la guerra han sido enormes. Miedo, desplazamiento... secuelas que, poco a poco, y gracias a Programas como el de Paz y Reconciliación, van quedando atrás.
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