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| 11/20/2012 12:00:00 AM

"Estamos muy tristes, destrozados"

En el litigio fronterizo entre Nicaragua y Colombia se perdió algo más que mar territorial, los pescadores sienten que les arrebataron uno de sus tesoros más preciados y aún no entienden por qué. Este es el conmovedor testimonio de una mujer sanandresana.

Si me preguntan que cómo estamos no puedo decir que bien, como se acostumbra responder por educación. Acá todos caminamos de un lado a otro, tal vez sonreímos, pero no estamos bien. Estamos graves, con el corazón destrozado.

Nadie se esperaba ese fallo maquiavélico. Sí, nos habían explicado quizás perderíamos un pedacito de mar o de tierra, pero resultó que nos quitaron un pedazote y no cualquier porción de mar. Nos arrebataron el corazón de la isla, el motorcito que hace mover a San Andrés y nos alimenta a mí y a otras 300 familias.

En un buen día, depende del tiempo, en esta zona se pueden llegar a recoger 500 o 600 libras de pescado. Nos es cualquier pedazo de mar y eso, el gobierno no lo supo entender. Allí se produce el 80 por ciento de la langosta y del pescado rojo que consumimos en la isla. Además es una zona de gran riqueza petrolífera.

No sé que será de mi ni de los demás pescadores, grandes o pequeños, ahora que no podamos ir a Quitasueño y Serrana, que navegan en el mar de Nicaragua. Los cayos son unos pedacitos de tierra que no significan nada sino tenemos el agua. Sería terrible pensar que termináramos aventurándonos en esas aguas, que ya no son nuestras sino de Nicaragua, y que al final resultemos encarcelados y con nuestros barcos decomisados.

Aún no entendemos porqué el gobierno permitió esto. Por qué tomó la iniciativa sin consultarnos, sin preguntarnos a nosotros, los isleños, si queríamos que pusieran en juego algo tan importante. No había porqué tomar semejante riesgo. Ahora esa decisión es inapelable, no hay marcha atrás. Para Nicaragua fue muy fácil pues no tenían nada y ahora lo tienen todo.

Lo que si sabemos es que quedamos encerrados como en una cajita. Sería terrible imaginar que los sanandresanos tengamos que importar productos del mar. Es muy triste saber que el día de mañana nuestros hijos van a tener que hacer dibujitos de pescados y langostas porque no van a tener la posibilidad de conocerlos y mucho menos, de comerlos.
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