Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/07/24 00:00

“Estar civilmente casados era lo que queríamos”

Gonzalo y Carlos se convierten en la primera pareja del mismo sexo en unir sus vidas ante un juez.

Este miércoles la pareja de homosexuales se pudo casar por lo civil. Foto: Guillermo Torres / SEMANA.

Sin lugar a duda, el 24 de julio del 2013 pasará a la historia como el día en que dos personas del mismo sexo pudieron casarse por lo civil en Colombia, esto tras varios años de lucha para que se les permitiera hacer el trámite al igual que las parejas heterosexuales.

Gonzalo Ruiz y Carlos Hernando Rivera son dos empresarios que después de convivir 20 años juntos pudieron formalizar su relación ante una juez que, contra muchos pronósticos, decidió que ellos podían ser cónyuges, por lo que luego de una audiencia de casi cinco horas, los declaró “civilmente casados”.

La pareja no podrá decir que son un matrimonio, pues el Código Civil Colombiano contempla que ese nombre se le da al contrato por el cual el hombre y la mujer se unen jurídicamente con la intención de formar una vida en común. Lo único que permitiría usar esa palabra es que el Congreso cambie el artículo.

Ante la norma, la juez no podía usar el término, sin embargo, les dejó claro a Carlos y Gonzalo que los derechos y deberes que adquirían al formalizar su unión. Para los dos hombres el hecho que no puedan referirse al trámite como un matrimonio no tiene ninguna afectación.
 
Así vivieron los novios su día
 
A las 9:50 a. m. Carlos y Gonzalo llegaron caminando hasta el juzgado 67 civil municipal en el centro de Bogotá, allí se casarían por lo civil. Antes de entrar y pese a que habían sido citados con semanas de anticipación, sus declaraciones dejaban ver que no estaban seguros de que les permitieran el trámite.

Carlos aseguró que si no les permitían casarse, volverían a intentarlo ante otro juez, mientras Gonzalo dijo que sólo iba con la intención de unir sus vidas a través del trámite civil.

Los dos empresarios, vestidos de manera impecable, caminando el uno al lado del otro, le pidieron a la prensa que los dejara avanzar, pues temían llegar tarde y que el juez no los casara. Mientras eso ocurría, un joven atrás de ellos, con un cartel en el que se veía imagen de una pareja conformada por un hombre y una mujer, intentó hacer oposición al acto que estaba a punto de ser realizado.

Después de subir siete pisos y esperar unos minutos frente la puerta del despacho de la juez Carmen Lucía Rodríguez, hicieron el ingreso. No hubo marcha nupcial, ni pajecitos y mucho menos flores, sólo la algarabía de los curiosos, amigos y medios de comunicación, que esperaban saber en qué terminaba la diligencia.

El privilegio de presenciar el histórico momento sólo lo tendrían los testigos, un delegado de la Procuraduría, la juez y su asistente.

Como testigos, Carlos y Gonzalo escogieron a Marcela Sánchez, la directora de Colombia Diversa, y Julio Martínez, un amigo de la pareja de toda la vida.

Luego de la larga espera, el primero en dar aviso de que el trámite había terminado fue el delegado del Ministerio Público, quien con un paso apurado salió del despacho sin dar declaración alguna. Minutos después, los nuevos esposos, salieron con la noticia de que ya estaban casados pero que no podrían llamar a su unión matrimonio, pero eso era lo que menos les importaba.

Llovió arroz

En el primer piso una gran algarabía los esperó con gritos de júbilo en los que señalaban “¡Están casados, están casados!”, al tiempo que batían las banderas del orgullo gay, símbolo de su comunidad en el mundo. A la euforia se unió una lluvia de arroz y una multitud de cámaras que querían registrar el momento y las declaraciones de la pareja.

Gonzalo aseguró que se había estresado durante la diligencia porque la juez le había leído muchos códigos. “Quería que nos quedara claro que seríamos casados por lo civil y por eso nos demoramos. Cuando nos dijo que estábamos civilmente casados, nos pusimos muy contentos”, aseguró.

También dijo que como no sabían si efectivamente se casarían, no prepararon ninguna celebración con sus amigos y familiares, por lo que sólo el sábado será el festejo. Luego irán a Cali, donde su familia los espera para hacer una fiesta.
 
Carlos dijo que la demora se debió al recurso de nulidad que había interpuesto la Procuraduría con el cual se intentó evitar que se casaran. “Escuchamos con toda la paciencia”, aseguró que lo que importa ahora es que son pareja y cónyuges.
 
Este hombre contó que tiene pensado hacer un viaje en un mes de luna de miel a Cuba. Que no lo realizan de manera inmediata porque han adquirido compromisos laborales en la empresa de la cual los dos son propietarios.
 
La pareja, ante los interrogantes de la prensa decidió contar cómo se conocieron hace ya dos décadas. Recuerdos ya lejanos. “Hace mucho tiempo, ya ni me acuerdo, fui en un bar en el centro. Empezamos a salir y a tener una relación muy cercana”, dijo Carlos.

No piensan adoptar

Los dos hombres dijeron que no están interesados en solicitar hijos en adopción, pues ya son dos hombres mayores. Los ahora cónyuges según el contrato firmado están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. Tendrán beneficios jurídicos, compartirán sus bienes y podrán heredar al otro en caso que uno de los dos fallezcan.

Fuentes consultadas por Semana.com aseguraron que nadie podrá solicitar la nulidad ante el contrato que corrobora que la pareja se casó, pues ese trámite sólo les compete a las dos personas. Que la expresión "civilmente casados" es una cuestión gramatical, de las tantas que ya se usan, para tratar de dar igualdad a las parejas del mismo sexo.

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