Sábado, 25 de octubre de 2014

| 2013/06/12 00:00

Este es el carro en el que iba el sacerdote asesinado

Aún no se esclarece el misterioso caso en el que se vieron envueltos dos religiosos.

Las autoridades investigan, entre otras pistas, el vehículo Peugeot 306 Foto: .

Cuando encontraron los cuerpos sin vida del sacerdote de la Iglesia Apostólica Anglicana y del abogado Marco Rodríguez pocos imaginaron que se trataba de un caso que reviviría el nombre de la tristemente célebre DMG.


Los datos que trascendieron el miércoles anterior según los cuales los ocupantes del vehículo iban por una supuesta caleta de esa captadora ilegal en Villavicencio, hacen pensar que todavía hay mucho dinero escondido perteneciente a esa firma, recordada por la estafa que protagonizó contra miles de personas. Muchas de ellas lo perdieron todo.

Las autoridades investigan, entre otras pistas, el vehículo Peugeot 306 de placas BHS 384, en el cual iban el sacerdote, el abogado, un vigilante y monseñor Rosendo Úsuga. Los dos primeros fueron asesinados tras un supuesto robo, mientras que Úsuga y el vigilante resultaron ilesos en un hecho que es, por lo pronto, extraño.




Según la investigación el móvil del crimen sería el robo de unos 200 millones de pesos -cuya existencia no está comprobada-que irían en el vehículo y que serían entregados a cambio de la caleta. Ese escondite presumiblemente contiene una fuerte suma en dólares, explicó Jorge Eduardo Saavedra, director seccional del CTI Bogotá.

El acuerdo para el intercambio se habría dado a través del vigilante Miller Arley Silva, ocupante del vehículo y desaparecido desde el extraño suceso. Si bien no tiene orden de captura, la Fiscalía dio a conocer su retrato hablado, pues su versión se considera clave para esclarecer los hechos.

“Podemos señalar que a través de esta persona (Silva) se dice que en Villavicencio se encontró una caleta dólares y tarjetas de DMG. Los que la hallaron estaban interesados en dar dinero a esta iglesia Apostólica Anglicana, pero que a cambio requería una recompensa de 200 millones de pesos, que serían los que llevaban el día de los hechos”, confirmó Saavedra.

Según los datos recabados, el viaje fue organizado por el sacerdote Germán Giraldo, quien contactó al abogado Marco Rodríguez para que los acompañara. Se cree que se trataría de un engaño del que había sido objeto el religioso y que hace parte de un modus operandi de organizaciones delincuenciales.

“Ellos (Giraldo y Rodríguez) contactaron al obispo para que los acompañara a esta ciudad, toda vez que este vigilante había hablado con unos campesinos en Villavicencio. Personas que indicaron que tenía una caleta y que ellos requerían para entregar los dólares que estaban allí, la suma de 200 millones de pesos. El padre Germán había conseguido 175 millones de pesos y el faltante lo tenía desde la semana anterior”, indicó el vocero de la Fiscalía.

Pocos se explican de dónde salió el millonario botín que iba a ser trasladado a la capital del Meta. La Fiscalía avanza a pasos agigantados en esta investigación a la que indudablemente le faltan piezas, vacíos que dejan entrever que alguien no está diciendo toda la verdad. Monseñor Úsuga y el supuesto vigilante, quienes terminaron con vida, tienen las claves del misterioso episodio.




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