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| 11/26/2011 12:00:00 AM

"Estoy dichoso de que en México nadie sabe quién soy"

José Gabriel Ortiz, el embajador de Colombia en México, habla de su paso de la televisión a la diplomacia, de su trabajo, de su amistad con Carlos Slim y de sus relaciones con Uribe.

MARÍA JIMENA DUZÁN: ¿Cómo es eso de pasar de ser Yo, José Gabriel a Yo, el embajador?

JOSÉ GABRIEL ORTIZ: Eso me lo pregunto todos los días. No sé en qué momento di ese paso. Yo cerré la ventana de la televisión y abrí este nuevo capítulo. Y quiero decirle algo: he descubierto, a mis 64 años, que esto es lo que más me gusta. Estoy en el momento más feliz de mi vida y me atrevo a decir que también lo es para mi familia. Por eso le doy gracias al presidente Santos de que me haya escogido para representarlo a él y al país en México.

M.J.D.: Y siendo usted un hombre tan vanidoso, ¿no añora los autógrafos ni el reconocimiento público … No le creo.

J.G.O.: Obviamente, como a los políticos, a la gente de la televisión lo que le fascina es que los reconozcan en la calle. Pero se lo repito: estoy dichoso de que aquí, en México, nadie sepa quién soy. Ese cierto anonimato me agrada.

M.J.D.: El mexicano Ricardo Salinas acaba de ganarse la licitación del tendido de la fibra óptica en Colombia. Él es un empresario muy importante, dueño de TV Azteca, del Banco Azteca, de Elektra y de Total Play, entre otras… ¿Es cierto que usted fue quien le insistió para que fuera a Colombia a invertir?

J.G.O.: Sí, eso es cierto, modestia aparte. La verdad es que él estaba muy reacio a venir a Colombia cuando lo conocí. Pero también le insistí a don Carlos Slim que fuera a Colombia a invertir no solamente en telecomunicaciones, donde ya estaba presente, sino en petróleos, infraestructura y minería.

M.J.D.: ¿Y le hizo caso?

J.G.O.: Suena pretencioso, pero sí. Y en efecto, se fue a Colombia a hacer sus estudios de prefactibilidad y creo que ya le sonó la flauta en esos tres negocios.

M.J.D.: ¿Y no estará furioso su amigo Carlos Slim de que su gran contrincante, Ricardo Salinas, no solamente haya ido a Colombia, sino que se hubiera ganado la licitación, cuando todo el mundo pensaba que quien se la iba a ganar era Slim?... Por lo que se cuenta de 'el ingeniero', es bastante probable que ande hecho una tatacoa.

J.G.O.: No. No creo que esté como una tatacoa, pero sí debió quedar muy sorprendido de que el Grupo Salinas haya ganado esa licitación. Creo que no se lo esperaba.

M.J.D.: Usted ha hecho una buena relación con Carlos Slim, el hombre más rico del mundo. ¿Cómo lo describiría?

J.G.O.: Es un gran visionario en los negocios, un hombre con un gran sentido del humor, y lo que más me impacta es que es un tipo auténticamente sencillo. Prácticamente maneja su propio carro, anda con relativa poca seguridad para la que es habitual en México y todo lo que se pone o usa es de Sanborns o de Sears, que son dos compañías de su propiedad. Pero estoy seguro de que no usa nada de Saks, que también es de él, porque le parece carísimo y ostentoso.

M.J.D.: ¿Me va a decir que Slim, que es el hombre más rico del mundo, no compra en Saks porque le parece carísimo?

J.G.O.:
Mire, le cuento una anécdota: un día me ponderó mis calzonarias: "!Ahh… las mías son de clips, ¿dónde las compraste?", me preguntó. "Pues allá en Saks, su almacén", le respondí. Y él me contestó: "¡Uyyy!, deben ser carísimas". Mire, cuando va en su barco por el Mediterráneo, prefiere no bajarse en los puertos para evitar que la gente lo aborde con una propuesta de negocios.

M.J.D.: Mmm… eso me suena más a 'El avaro' de Molière.

J.G.O.: No, créame, él es un hombre auténticamente sencillo y austero. Creo que le hace honor a su origen y a su raza, que es la siriolibanesa.

M.J.D.: ¿A qué otros inversionistas mexicanos ha convencido de ir a Colombia?

J.G.O.: Mire, María Jimena, el problema que tenemos es el siguiente: imagínese que la balanza comercial entre Colombia y México está desbalanceada. Nosotros les compramos 3.500 millones de dólares a los mexicanos y ellos nos compran 600. Tratar de compensar ese desbalance a punta de calzoncillos y brasieres pues no es suficiente. Tenemos que hacer un gran esfuerzo y eso es en lo que me estoy concentrando: en llevar grandes capitales de empresarios mexicanos a Colombia para que inviertan en el país. Además del grupo del ingeniero Slim y del grupo azteca de Ricardo Salinas, hice un acercamiento entre Ecopetrol y el monstruo de Pemex para impulsar un intercambio de productos y servicios entre las dos compañías. Ellos nos prestan tecnología y servicios petroleros y nosotros les vendemos un subproducto que en Colombia es muy bueno y que se llama el combustolio, en el cual México es deficitario.

M.J.D.: ¿Cómo funciona aquí la Unidad Nacional? Se lo pregunto porque no debe ser fácil manejar al expresidente Uribe, quien no solo viene con más frecuencia a México que el presidente Santos, sino que tiene grandes fans entre importantes sectores políticos.

J.G.O.:
Efectivamente, el mexicano promedio, incluidos los políticos, tiene la lectura de que fue el presidente Uribe con la fórmula del presidente Santos como ministro de Defensa la dupla que logró devolverle al país su tranquilidad. Es un hecho que aquí lo admiran y lo quieren. Pero también admiran al presidente Santos.

M.J.D.: Pues yo diría que es mucho más grande la admiración que hay por el expresidente Uribe.

J.G.O.: Pues sí, porque él duró ocho años en el poder y se le conocen más sus realizaciones de presidente; en cambio, el presidente Santos apenas si lleva un añito. Pero siempre en los foros a los que me invitan recuerdo que fue el presidente Santos el que ayudó a montar el programa de seguridad democrática del gobierno Uribe.

M.J.D.: Usted, que fue un furibista integral, ¿sigue manteniendo buenas migas con el expresidente? ¿Sí le pasa al teléfono?

J.G.O.: Sí, sí me pasa. Y con alguna frecuencia hablamos. Obviamente tenemos discrepancias porque no estoy de acuerdo con la vehemencia con que maneja sus opiniones en contra del gobierno del presidente Santos; muchas de ellas me parecen infundadas, así en algunas pueda tener la razón. Yo lo que he procurado es impulsar un acercamiento personal entre los dos, para que subsanen sus diferencias. Y me consta que el presidente Santos estaría dispuesto a tener ese encuentro personal con Uribe. Y que quien está un poco reticente es el presidente Uribe.

M.J.D.: ¿Ya conoció a Enrique Peña Nieto, de quien se dice será muy seguramente el próximo presidente de México?

J.G.O.:
Sí, tuve la oportunidad de conocerlo en varias ocasiones.

M.J.D.: Me contaron que en varias entrevistas ha dicho que si llega a ser presidente, no quiere parecerse a Lula ni a Clinton, sino a Uribe…

J.G.O.:
¿Será...

M.J.D.: ¿Es cierto que Peña Nieto, cuando sale a la calle, parece como un personaje de la televisión a quien la gente toca, le pide autógrafos y lo considera todo un galán?

J.G.O.: Sí, definitivamente él tiene mucho carisma y reconocimiento. Pero de ahí a que con solo eso gane la Presidencia, hay mucho trecho.

M.J.D.: Colombia viene asesorando a México hace un buen tiempo en su lucha contra el narcotráfico. ¿Cómo va esa cooperación?

J.G.O.: Sí se ha establecido una gran cooperación a nivel de seguridad y justicia. Este año que termina, cerca de 15.000 mexicanos fueron instruidos aquí, en México, o en Colombia en temas de seguridad, inteligencia y justicia. En este último tema, son muchos los Estados que están aplicando nuestro Sistema Penal Acusatorio.

M.J.D.: Le tocó ser nuestro embajador en un momento interesante: después de que los colombianos éramos vistos como indeseables por cuenta del tema del narcotráfico -a nosotros nos piden visa hasta para entrar a Libia-, de repente los mexicanos nos miran con cierta admiración.

J.G.O.: Sí, realmente es muy satisfactorio lo que está sucediendo en México en ese sentido. Cuando yo llego a una reunión con políticos, empresarios, y saben que soy el embajador de Colombia, ¡me felicitan y hasta les parece linda Bogotá!, que, aquí entre nos, está vuelta naco. A donde voy me preguntan cómo hicimos para salir del problema del narcotráfico, y yo respondo que todavía no hemos salido del todo de ese problema, pero que ahí vamos.

M.J.D.: ¿Es cierto que aquí el general Naranjo es tan o más popular que Uribe?

J.G.O.:
Sí, esa es otra estrella aquí, en México. Me tocó acompañarlo a dictar una conferencia en Monterrey y eso fue como si hubiera llegado con Juanes y Shakira al tiempo, a quienes, de paso, idolatran aquí. Lo tocaban, lo saludaban. Se echó un discurso de dos horas y media, sin un papel, y puso a los 400 empresarios que lo escuchaban a llorar.

M.J.D.: Para no hablar de lo que ocurre con Gabo aquí, en México, cuando sale a la calle. Todo el mundo se le bota a pedirle un autógrafo. En Colombia me da la impresión de que la gente no lo aborda de esa manera.

J.G.O.: Sí, él es otro ídolo. Me he encontrado muchos mexicanos que incluso lo consideran mexicano. Lo mismo sucede con Álvaro Mutis.

M.J.D.: ¿Ya conoció a Fernando Vallejo, quien acaba de ser galardonado en la Feria de Guadalajara?

J.O.G.: Lo conocí y me pareció una persona encantadora. Le confieso que el día que lo conocí estaba temblando porque creía que me iba a insultar: estaba convencido de que yo era el típico personaje que le caía pésimo, y vea usted, la vamos de lo más de bien.

M.J.D.: ¿Sabe que para ser un verdadero amigo de Vallejo tiene que entregar por lo menos la mitad del sueldo para la protección de los animales?

J.G.O.: ¡Ahh!… entonces sí me sobé. Si les tengo que entregar a los perros la mitad de mi sueldo, me muero de hambre.

M.J.D.: Estamos de acuerdo en que los mexicanos tienen muchas virtudes, pero no tienen el sentido del humor nuestro. ¿Ni siquiera eso le hace falta?

J.G.O.: Debo reconocer que en ese aspecto y en el de la belleza femenina me hace mucha falta Colombia.

M.J.D.: Usted, que es tan mamador de gallo, ¿sí se ríe cuando Daniel Samper Ospina se burla de usted en su columna?

J.G.O.:
Sí. Me toteo de la risa con todas las pendejadas que dice.
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