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| 6/5/1995 12:00:00 AM

ESTOY A LA OFENSIVA

En entrevista exclusiva con SEMANA el Jefe de Estado se refiere a los temas más candentes que afectan a su gobierno.

SEMANA: SEÑOR PRESIDENTE: muchas personas opinan que su gobierno ha pasado tanto tiempo defendiéndose de todos los ataques de que ha sido objeto que no ha podido gobernar.
ERNESTO SAMPER: Eso es lo que piensan los protagonistas de esos ataques. Les confieso que, al contrario, nunca había trabajado tanto ni con tanto entusiasmo. En estos primeros meses ya tenemos presupuesto, Red de Solidaridad, Pacto Social, Plan Nacional de Empleo y Plan de Desarrollo, sólo pará enumerar algunas cosas. Digamos que aburrido, lo que se dice aburrido, no he estado.
SEMANA: ¿Entonces por qué la versión generalizada de que su gobierno está obsesionado con todos esos episodios?
E.S.: YO creo que los obsesionados son algunos medios de comunicación que se dedican a cubrir más lo anecdótico que lo sustancial. Por ejemplo, la semana pasada presentamos el Plan de Empleo, que para mí es una de las obras más importantes que este gobierno va a dejar. Se le va a dar empleo a un millón y medio de personas. Y ni siquiera ustedes en SEMANA lo consideraron digno de registro. Entonces el problema no es que no estemos gobernando por estar concentrados en defendernos.
SEMANA: Aceptamos el regaño en lo que se refiere al Plan de Empleo, pero no compartimos su posición de que los medios de comunicación colombianos registren lo que publican los medios de comunicación extranjeros
E S.: Yo respeto la opinión de los periodistas. Ni más faltaba. Simplemente expresé una opinión en la que sigo creyendo. Algunos medios internacionales publican unas supuestas acusaciones sin sustento. En Colombia esta información es reciclada sin verificar ningún dato, utilizando como único apoyo el hecho de haberse publicado por fuera. Todo esto se convierte en un círculo vicioso en el cual se retroalimentan unos con otros sin que en ninguna de las dos partes haya una solidez informativa.
SEMANA: A usted se le han reconocido siempre virtudes de conciliador, de persona enemiga de la confrontación y amiga de arreglar las cosas por las buenas. Nos sorprende verlo en este estado de ánimo. ¿Significa esto que usted está pasando de la defensiva a la ofensiva?
E.S.: En las circunstancias de Colombia hoy el Presidente tiene que estar siempre a la ofensiva. Los problemas son tan grandes que no se puede ser pasivo. Hay que ser activo, hay que liderar, hay que frentear situaciones. Esto no implica que no se concilie. La gente ignora que a veces la conciliación es más difícil que la confrontación. Conciliar requiere más esfuerzo, más tiempo, pero lo que se consigue es más permanente.~Otra cosa es que hay temas en los cuales se necesite tirar línea.
SEMANA: ¿Como cuáles?
E.S.: Hay temas en los que el Presidente de la República tiene que estar permanentemente a la ofensiva y nunca puede bajar la guardia. Por ejemplo, la erradicación de cultivos, la solución política al problema de la violencia armada, el fuero militar, la defensa de la libertad de prensa, el mantenimiento de la disciplina alrededor del Pacto Social. Sobre temas como estos no sólo es conveniente sino indispensable que el gobierno señale una ruta, y eso precisamente es lo que he venido haciendo en los últimos días. Si a eso le llaman pasar a la ofensiva, entonces, sí, estoya la ofensiva.
SEMANA: Vamos a aprovechar ese tono directo suyo para hacerle algunas preguntas igualmente directas., No creé que usted se demoró mucho para solicitar la reapertura de la investigación de los narcocasetes?
E.S.: No hay ningún colombiano al que le convenga más que se aclaren estos hechos que al Presidente de la República. Por eso me extraña que a ustedes y a mucha gente se les olvide que fui la primera persona que pidió que se reabriera el caso, al día siguiente de las elecciones. Volví a solicitarle al Fiscal en enero de este año que reexaminara el proceso. Lo que sucede es que algunos no entienden o no quieren entender que el Presidente ni abre ni cierra investigaciones judiciales.
SEMANA: A propósito del Fiscal, ¿cómo van sus relaciones con él?
E.S.: La verdad es que mis relaciones con el fiscal Valdivieso son muy buenas, no sólo en términos institucionales sino personales. Soy un convencido de que la única forma para que haya una efectiva política criminal del Estado es que haya un binomio Gobierno-Fiscalía. Estoy seguro de que el Fiscal piensa lo mismo y en eso estamos.
SEMANA: ¿ Y qué cree usted que va a pasar con Alfonso Valdivieso como consecuencia del fallo del Consejo de Estado en el sentido de que los argumentos indicados para retirar a De Greiff fueron inconstitucionales?
E.S.: No me quiero meter en la polémica jurídica, pues hay puntos de vista contradictorios sobre la posición jurídica del Fiscal. Siempre me he fijado la norma de acatar los fallos jurisdiccionales. Pero sí quiero fijar mi posición como Presidente: considero que Alfonso Valdivieso está llevando a cabo una labor muy importante que no puede interrumpirse. Si por alguna circunstancia, que no veo en el aire, su elección llegara a ser declarada nula y me correspondiera enviar una nueva terna a la Corte Suprema, esta sería encabezada por Alfonso Valdivieso.
SEMANA: La Fiscalía ha hecho unas denuncias sobre camisetas de la campaña supuestamente financiadas por el cartel de Cali que segun algunos' parlamentarios no eran para sus campañas al Congreso sino para la campaña presidencial. ¿ Qué opina de ello?
E.S.: Todo el que ha hecho política sabe que en una campaña el candidato no tiene ninguna posibilidad física de estar al tanto de cómo se manejan o se distribuyen las camisetas. Y no sólo las camisetas, también hay esferos, gorros, pasacalles, etc., que con frecuencia son distribuidos independientemente en cada departamento. Recuerdo que en una de mis campañas llegué a un departamento donde a alguien se le había ocurrido la brillante idea de sorprenderme con unas camisetas donde aparecía mi cara, con anteojos y todo, dentro de la espesa melena del Che Guevara. Aún no estoy convencido de que no hubieran sido mis enemigos quienes hicieron tan significativo aporte a mi imagen. Esto es sólo una anécdota, pero lo que quiero ilustrar es que una campaña es una situación llena de espontáneos, llena de situaciones imprevistas que nadie controla. Sobre las denuncias de la Fiscalía yo pienso lo mismo que piensan todos los colombianos: que todo se esclarezca y que si hubo irregularidades que se sancionen.
SEMANA: Pero esta es la primera vez que usted se refiere al tema.
E.S.: Es que si yo no puedo estar encima de unas camisetas siendo candidato imagínese si voy a estar pendiente ahora que soy el Presidente de la República. Ese es un tema importante pero es un asunto de la justicia, no de la Presidencia.
SEMANA: Después de todos estos episodios muchos colombianos están decepcionados de la política y del sistema electoral ¿Concretamente se podría hacer algo?
E.S.: Todo el mundo es consciente de las limitaciones que tiene nuestra democracia y todos estamos interesados en purificar las costumbres políticas. Yo creo que un gran paso hacia adelante sería la financiación por parte del Estado de los partidos políticos y de las campañas. El gobierno está preparando un proyecto de ley en este sentido dentro de una propuesta general de reforma de los partidos políticos. Vamos a consultar con las fuerzas políticas representadas en el Congreso para ver qué opinan. La Constitución de 1991 legisló sobre la reforma política, pero francamente no avanzó en la renovación de los partidos como actores principales de la escena política. Si se tratara de una reformá al sistema de salud, sería tanto como quedarse con los hospitales y sin médicos para cuidarlos.
SEMANA: Las reacciones de varios parlamentarios investigados por la Fiscalía han sido interpretadas como un chantaje velado a usted. ¿Usted lo ha registrado así?
E.S.: Algunas personas me han dicho que mi apoyo a las decisiones del Fiscal han generado ese tipo de sentimiento en algunos parlamentarios. Debo confesar que yo no lo considero así. Simplemente creí que era mi deber brindarle al Fiscal todo el apoyo del gobierno para adelantar sus investigaciones y para que ellas se cumplieran dentro del respeto al debido proceso y el legítimo derecho de defensa de los acusados. Eso es lo de fondo, el resto es anecdótico.
SEMANA: ¿Pero esos malentendidos no afectan sus relaciones con el Congreso?
E.S.: No veo porqué. Al contrario, esta ha sido una de las semanas más productivas en términos legislativos desde que se inició el gobierno. Se aprobó el plan de desarrollo y se definieron proyectos de mucha importancia como el Estatuto Anticorrupción y la Ley del Ministerio de Cultura.

SEMANA: Presidente, cambiando de tema, es evidente que se está endureciendo su posición frente al cartel de Cali. ¿Tiene esto que ver con la presión de Estados Unidos?
E.S.: No acepto la premisa de que la posición del gobierno se está endureciendo frente al narcotráfico. Puede haber habido algunos cambios en la estrategia, como los ofrecimientos de recompensas de esta semana, pero la lucha contra el narcotráfico ha sido sin cuartel desde el inicio de este gobierno y ha sido directamepte supervisada por el propio Jefe del Estado. Acabar con este flagelo para nosotros es un imperativo ético y una exigencia de seguridad nacional. Ningún país puede darnos lecciones sobre la necesidad o la forma de luchar contra el narcotráfico. Y mucho menos presionarnos, pues todos los colombianos saben que nada ni nadie le ha hecho tanto daño al desarrollo institucional del país como la influencia corruptora y desestabilizante de los narcotraficantes.
SEMANA: En estos días han resurgido los rumores sobre posibles entregas a la justicia de los jefes del cartel de Cali. ¿Qué va a haber de ahora en adelante: plomo o negociación?
E.S.: Las dos estrategias son complementarias. La política de sometimiento está vigente. Pero el sometimiento no es, como piensán algunos, una alternativa a la persecución sino una consecuencia de ella. La comisión que constituí para evaluar la política de sometimiento conceptuó que esta se venía aplicando mal, reduciéndola a una fórmula para conceder rebajas máximas y penas mínimas. Con las reformas introducidas, especialmente en la Fiscalía, la política es mucho más clara. Puede que sea más restrictiva, pero está mucho más definida.
SEMANA: Pasemos al Pacto Social. En círculos empresariales el asunto no se ve muy bien. Aunque la inflación ha cedido, ni los gremios ni los sindicatos creen que la meta del 18 por ciento se va a poder cumplir.
E.S.: Si no hubiera existido el Pacto Social la inflación sí que estaría hoy disparada. Al contrario, el Pacto ha contribuido a disciplinar las expectativas de muchos sectores, lo cual sin duda alguna se ha traducido en menores alzas del costo de vida. La meta del 18 por ciento es posible, aunque algunos piensen lo contrario. Así lo prueba la inflación anualizada, que está dos puntos por debajo de la del año pasado.
SEMANA: Una crítica que se le hace, Presidente, es que usted hace muchos pfrecimientos sin que exista la partida financiera necesaria para respaldarlos. Concretamente, que para dejar contento a su auditorio no hay discurso sin regalo.
E.S.: Eso simplemente no es verdad. Cualquiera que se tome la molestia de estudiar el Plan de Desarrollo lo puede comprobar. Todas las metas sociales de mi gobierno están ya contenidas y financiadas en el Plan de Desarrollo que acaba de ser aprobado por el Congreso. Hoy en día no se puede cañar con los objetivos del desarrollo. Cada propuesta debe estar incluida en el plan y cada meta debe tener su respectiva partida financiera que la avale. Le aseguro que metas como las de empleo e inversión social son absolutamente posibles.
SEMANA: Usted se había comprometido en tiempos de la campaña a no aumentar los impuestos. Pero la reforma tributaria está llena de artículos que parecen ir hacia allá. ¿Por qué?
E.S.: Yo me comprometí a no aumentar los impuestos, eso es verdad. A lo que no me comprometí es a que la gente no pagara los impuestos que debiera pagar. Y eso, nada distinto, es lo que conforma la reforma tributaria: mecanismos para que la gente pague, como el control a la evasión del IVA, el ordenamiento del leasig financiero, la tributación presuntiva sobre actos brutos o el aumento al impuesto de los vehículos, que espero contribuya a disminuir los trancones en ciudades como Bogotá.
SEMANA: Dejemos el tema económico y pasemos al proceso de paz. Las directivas del Partido Conservador acaban de pedir la suspensión de los diálogos con la guerrilla. ¿Qué opina de esta posición?
E.S.: Yo siempre he creído, y sigo creyendo, que se debe buscar una solución política al problema de la subversión. Pero es un proceso lento, que toma su tiempo. El gobierno no tiene afán de llegar a una mesa de negociaciones para levantarse a los pocos días sin haber conseguido nada. Por eso, con el Alto Comisionado, que es un hábil y paciente negociador, hemos llevado las cosas con calma. Hasta el momento, es cierto, no hemos recibido una voluntad inequívoca de paz por parte de los grupos alzados en armas. Hay mensajes y propuestas pero no un deseo claro de llegar a donde todos queremos: un tratado de paz permanente.
SEMANA: ¿Y esa mano tendida unilateralmente no debilita la posición del gobierno?
E.S.: No porque el gobierno nunca ha renunciado a su obligación constitucional de mantener el orden público y la tranquilidad ciudadana. Todo el que cree que se puede sacrificar este principio como un elemento para una eventual negociación de paz, se equivoca. Eso nunca lo haríamos. De hecho estamos fortaleciendo las Fuerzas Militares, especialmente en inteligencia, comunicaciones y adquisición de helicópteros.
SEMANA: Por qué no nos da una chiva. ¿Cuándo va a ser la crisis ministerial?
E.S.: A mí me gustan más los ministros anuales que los mensuales. Creo que además es lo que más le sirve al país. Por ello, a menos que existan circunstancias excepcionales, me parece conveniente mantener esa regla.
SEMANA: ¿ Y qué piensa hacer con los conservadores y con Andrés Pastrana cuando se cumpla el año?
E.S.: Con Andrés Pastrana no he hablado desde el día del famoso debate de la televisión durante la campaña cuando Navarro entró de sorpresa al estudio. Esa fue la última vez que lo vi. Recientemente, sin embargo, recibí de parte suya un mensaje a raíz de una publicación aparecida en el diario La Prensa. Este gesto se lo agradezco sinceramente. En cuanto a los conservadores, me he sentido a gusto gobernando con ellos. Han sido socios leales y han contribuido eficazmente a lo que hemos hecho en estos meses.
SEMANA: El senador Helms le ha puesto plazos perentorios a Colombia para que obtengamos la certificación de Estados Unidos el año entrante. ¿ Usted qué va a hacer?
E.S.: Colombia no acepta ultimátums ni condicionalidades de nadie. Lo que hacemos y lo que seguiremos haciendo lo haremos por convicción y no por coacción. Ahora bien, ya como presidente, con los ultimátums que me fijan en mi casa mi mujer y mis hijos, me sobra y me basta.
SEMANA: Y ya para despedirnos queremos hacerle una pregunta a Ernesto Samper, el hombre y no el gobernante. No enumeremos todo lo que se ha dicho y publicado sobre usted en el último semestre en Colombia y en el extranjero, porque no es necesario. ¿Cuál ha sido su experiencia como ser humano durante este proceso?
E.S.: La experiencia ha sido difícil. Se siente algo de tristeza cuando los odios políticos se traducen en ataques personales. Esta situación me afecta particularmente por Jacquin y los niños, quienes, a su manerá, sienten el impacto. La gente piensa que los presidentes son todopoderosos, y no hay tal. No hay una persona a la cual se le nieguen más oportunidades de hablar o de expresarse que al Presidente de la República. Es que para hablar el Presidente debe tener momentos especiales. Y esos no se dan tan fáciles. Lo segundo, es que en los momentos de ciertas decisiones uno comprende la frase aquella del maestro Valencia sobre el frío que produce el poder. Es en los momentos en que uno quisiera estar más acompañado cuando interiormente está más solo. Ahora bien, yo soy hombre de cabeza fría y corazón caliente, y eso a veces no se combina fácilmente. Otra experiencia es que los problemas no escogen día y hora. Puden llegar todos un jueves a las 11 de la mañana o aparecerse un sábado por la tarde. Ser Presidente es perder esa deliciosa capacidad para gozar la diferencia entre un lunes por la mañana y un viernes por la tarde.
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