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| 11/6/2010 12:00:00 AM

¡Eureka!

Con la nueva terna, Juan Manuel Santos parece haber encontrado la fórmula para desbloquear la elección del Fiscal.

Después de 460 días, por fin apareció una fórmula para destrabar el nudo que se había armado en el proceso de elección del nuevo Fiscal General de la Nación. El presidente Juan Manuel Santos, en una carambola a tres bandas, decidió cambiar los candidatos que le heredó Álvaro Uribe, sin ofender a este y dejando así feliz a la opinión pública. Para el país los nombres de la nueva terna no pueden ser mejores. Se trata del ex constituyente, ex ministro de Defensa y ex embajador en Washington Juan Carlos Esguerra; el ex procurador, ex magistrado del Consejo de Estado y ex embajador en los Países Bajos Carlos Gustavo Arrieta, y la ex congresista Vivianne Morales. Hay pocos juristas en Colombia con una trayectoria pública tan nutrida y que generen tanto consenso como estos. Es más, en un país en el que se habían puesto en duda las leyes de la matemática –pues se volvió costumbre hacer ternas de uno– causó una grata sorpresa descubrir que todos los miembros de esta terna tienen tanto la calidad como las posibilidades suficientes para ocupar el cargo.

Sin embargo, en la Corte Suprema, o por lo menos en un sector de ella, la noticia no provocó el mismo entusiasmo. Fue tan evidente el desgano con que se recibió la nueva terna que en la sala plena del jueves pasado, al día siguiente de su anuncio, no se discutió el tema. Y lo que es peor, se aplazó la discusión para dentro de tres semanas. Es decir, con las vacaciones judiciales que comienzan a mitad de diciembre, será muy difícil que haya Fiscal General en propiedad en 2010.

¿Qué le pasa a la Corte? La pugna del gobierno anterior con el alto tribunal dejó como secuela una profunda división interna. De un lado estaba el bando del voto en blanco, que era el grupo de magistrados que más sufrió con los ataques del entonces presidente Uribe y con la persecución ilegal del DAS, el cual no estaba dispuesto a elegir Fiscal de nombres postulados por el ex mandatario. Y del otro lado estaba un grupo, de 13 magistrados o más, que no tenía esa prevención y votaba por los candidatos en contienda. Como la elección requería una mayoría calificada de 16 de los 23 magistrados de la Corte Suprema, el proceso se bloqueó. Con el paso del tiempo, y las fallidas votaciones, Uribe dejó de ser el motivo de división y el malestar interno se convirtió en crónico, haciendo casi imposible hoy que la Corte se ponga de acuerdo sobre algún tema.

Hay otra razón menos importante, pero que también contribuye a la falta de entusiasmo con respecto a la nueva terna. La Corte Suprema está conformada, en su mayoría, por jueces de provincia que a pulso llegaron a ser magistrados, y no les cae en gracia que les pongan a escoger entre tres candidatos, que si bien respetan como profesionales, son percibidos como la élite jurídica de la capital. Un ejemplo antológico de cómo este sentimiento antielitista ha llegado a salir a flote tuvo lugar en la elección de Fiscal General en 1994. Entre los candidatos en ese entonces estaban, curiosamente, dos de los hoy ternados, Juan Carlos Esguerra y Carlos Gustavo Arrieta. La opinión estaba convencida de que cualquiera de ellos sería el elegido. El Tiempo de ese día tituló: “Esguerra y Arrieta por la Fiscalía”. Esa misma noche, el bumangués Alfonso Valdivieso salió elegido con 15 de los 20 votos.

Pero esas razones no quieren decir que la Corte no vaya a elegir. Los magistrados son lo suficientemente inteligentes para entender que seguir en esta indefinición es un suicidio político. Y si antes, con sus vacilaciones, parecían estar asomándose al vacío, no elegir de esta terna sería lanzar a la Corte definitivamente en él. Por ahora toca esperar las primeras discusiones o votaciones para ver si la nueva terna sirvió o no para resanar esas fisuras.

Así como en el Palacio de Justicia las cosas no son fáciles, el dilema en la Casa de Nariño sobre el cambio de terna ha sido de marca mayor. El solo gesto de cambiar la terna podía convertirse en el florero de Llorente para el rompimiento entre el presidente Juan Manuel Santos y el ex presidente Álvaro Uribe. En el búnker de la Fiscalía están sin definirse casos que involucran a personas muy cercanas al ex mandatario. Todavía están pendientes las investigaciones a los ex ministros Diego Palacio, por la yidispolítica, y Andrés Felipe Arias, por Agro Ingreso Seguro, y el caso de las ‘chuzadas’ ilegales del DAS ha tomado una dinámica tal que los fiscales siguen hurgando en archivos y no saben hasta dónde pueden llegar. Como si fuera poco, la Fiscalía, en su calidad de acusador, será protagonista en el juicio a Sabas Pretelt en la Corte, por la compra del voto que permitió la primera reelección de Uribe. Y hace apenas unas semanas empezó una investigación preliminar a Santiago Uribe, hermano del ex presidente, por el caso de los ‘Doce apóstoles’. Por todas estas razones es altamente probable que no haya tema que más preocupe a Álvaro Uribe que el nombre del próximo Fiscal.

Juan Manuel Santos tiene muy claro lo espinoso del tema y por eso actuó con estrategia. Desde que se posesionó, comenzó a explorar con sigilo la posibilidad de cambiar la terna, pero no destapó sus cartas. Al contrario, cuando hace un mes y medio comenzó a tomar fuerza la idea de cambiarla –el magistrado Jaime Arrubla le dijo a SEMANA que era el Presidente el que podía hacerlo–, el mismo Santos, para no atizar la hoguera, dijo desde Nueva York: “No he tenido la idea de cambiar la terna”. El gobierno, para blindar su decisión, elevó una consulta al Consejo de Estado. Este le dio vía libre, aunque con una advertencia: “No significa que el Presidente de la República goce de la facultad de cambiar a su antojo, una y otra vez, las ternas o los candidatos a la Fiscalía. Es indispensable que se presenten circunstancias excepcionales, no acordes con el ‘interés público o social’, o que ‘atenten contra él”.

Con todas las cartas a su favor, Santos se dedicó, con pinzas, a buscar nombres que no dieran el menor motivo para acabar la luna de miel que mantiene con Uribe. Se puso como meta hacer una terna que lo dejara tranquilo, y por eso cuando tuvo claros los nombres llamó al ex presidente. La respuesta de Uribe fue contundente: dijo que cualquiera de los tres sería un gran Fiscal.

La terna, definitivamente, no es antiuribista. Por el contrario. Carlos Gustavo Arrieta se declara “un gran admirador” de Uribe y en programas de opinión como Hora 20 en muchas ocasiones defendió su gestión. Vivianne Morales hizo parte de la Comisión que el presidente Uribe armó para la reforma política y, aunque era cercana al uribismo, se opuso a la segunda reelección del entonces Presidente. Y Juan Carlos Esguerra, si bien mostró siempre una posición independiente frente al uribismo, su esposa se desempeñó como directora de Parques Nacionales durante el gobierno anterior. Con cualquiera de los tres, Uribe queda tranquilo. Sin embargo, en privado, el que más les gusta, tanto a Uribe como a Santos, es el ex procurador Carlos Gustavo Arrieta. En ambos casos, además de lo ya dicho, ha sido asesor de primera línea en sus respectivas campañas presidenciales.

Pero hablar de los favoritos es por ahora prematuro. El camino todavía es largo. En primer lugar, la Corte tiene que volver a rearmarse. Hay cinco vacantes y en esas condiciones el quórum, de 18 magistrados, es precario para elegir Fiscal, cuando el mínimo de votos requeridos es 16. Ese rearme solo se podrá producir el año entrante, cuando regresen otros tres magistrados que están en comisión en el exterior. En segundo lugar, hay también un debate jurídico pendiente sobre la nueva terna, pues miembros de la anterior, como el ex presidente de la Corte Suprema Jorge Aníbal Gómez, aseguran que ellos todavía son candidatos. “Por el momento, lo que hay no es una terna sino un sexteto”, dijo. Y en tercer lugar, si los dos puntos anteriores se logran superar, la Corte tiene que escuchar a los tres candidatos para entrar a votar. Será entonces cuando se sabrá si las heridas entre los magistrados han cicatrizado y se ponen de acuerdo para elegir.

Lo importante es que Juan Manuel Santos dio un paso clave para un problema que ya se le estaba saliendo de las manos al país. Y lo hizo con mucho tacto. Era una difícil carambola a tres bandas, pero todo indica que le va a salir bien.
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