Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/03/12 00:00

“Uber ha sido el 'conejillo de indias' en el país": Diego Molano

SEMANA habló con el exministro de las TIC, quien por primera vez desde que se retiró del gobierno toma posición en el debate de Uber y hace un llamado a regular en vez de prohibir.

Diego Molano Foto: Guillermo Torres

SEMANA: En Estados Unidos, donde usted ahora vive, Uber ha sido regulado en más de 60 ciudades. ¿Por qué allá sí ha sido posible?

DIEGO MOLANO: Uber es un caso típico de la nueva economía digital: un avance tecnológico da a luz a un nuevo servicio que, en poco tiempo, transforma totalmente un negocio. Pero hay muchos ejemplos más. Solo en el sector del transporte están también Lyft, que le compite a Uber, así como ZipCar y Car2Go, que permiten alquilar un carro en cualquier momento y cualquier lugar. Lo que Estados Unidos ha demostrado es que hay espacio para todos.

SEMANA: Pero allá también ha habido debates.

D.G.: Sí, pero debates que han permitido concluir que la nueva economía va a revolucionar todos los sectores y que es mejor acomodarse a ella y sacarle provecho que declararle la guerra. Airbnb, la aplicación para alquilar habitaciones en casas privadas, ya afecta a los hoteles, y el comercio electrónico tiene en jaque a las grandes superficies. Y dele una mirada al caso de los servicios educativos, que es apabullante. Harvard y MIT ya tienen sus cursos completamente gratis para el mundo entero en internet. ¿Alguien se ha preguntado si el ministerio de Educación colombiano ya lo autorizó? ¡Por supuesto que no!

SEMANA: ¿Si eso es así, porque en Colombia el debate gira solo en torno a Uber?

D.M.: La empresa ha sido el conejillo de Indias en el país. Es como el hijo primogénito con las reglas que imponen sus padres: le toca abrirse espacio y por eso le dan palo. Pero, repito, este es no es un tema de ‘Uber sí o no’. La innovación tecnológica es un fenómeno que seguirá beneficiando a mucha gente y, por eso mismo, afectará a toda la economía tradicional.

SEMANA: Los taxistas sienten que los afecta a ellos. Por eso andan indignados…

D.M.: Vea, cuando era ministro de las TIC yo hice un ‘focus group’ para entender a los taxistas. Los resultados fueron que a ellos les preocupa, en primer lugar, su calidad de vida porque la ven amenazada por el tráfico, los huecos y el desorden de ciudades como Bogotá. Lo segundo que les preocupa son sus condiciones laborales. No tienen seguridad social, trabajan demasiadas horas y cargan con los riesgos que conlleva su trabajo. En esa lista de preocupaciones Uber está en el lugar cinco o seis.

SEMANA: Pero en las 11 ciudades colombianas donde está Uber lo que se ve es taxistas molestos con la aplicación. ¿Por qué las protestas no reflejan esas otras preocupaciones?

D.M.: El 90 por ciento de los taxistas no son dueños de su taxi, sino que trabajan para los dueños de los carros. Y algunos dueños abusan de ellos. No importa si un taxista se estrella o está enfermo porque al final del día, pase lo que pase, debe entregarle al dueño el producido. Hoy en Colombia un taxista es un esclavo moderno. Si uno entiende esa lógica, entonces uno también entiende que los que generan las protestas no pertenecen realmente a la base de los taxistas. Las mueven otros con otros intereses.

SEMANA: ¿Quiénes?

D.M.: No sé quiénes. A los que les interesa que el negocio no cambie. Lo cierto es que hay que acabar con esa esclavitud moderna, y la regulación de los nuevos servicios es una oportunidad para ayudar a acabar con eso.

SEMANA: Pero los taxistas tienen argumentos. El más crítico tiene que ver con los cupos.

D.M.: En el debate hay varios argumentos válidos, y eso es lo que pasa cuando nos enfrentamos a la nueva economía. El dueño de un taxi debe pagar una licencia y está sometido a un montón de reglas. El señor de Uber, no. Los hoteles deben acogerse a lo que dicte el viceministerio de Turismo. Airbnb, no. Los proveedores de televisión por cable necesitan una licencia de regulación de contenido y deben pagar un porcentaje de sus ingresos para financiar la televisión pública. Netflix, no. Los operadores de telefonía deben pagar impuestos, deben pagar por usar el espectro y tener oficinas de atención al cliente. WhatsApp, la aplicación más usada en Colombia para mandar mensajes y hacer llamadas, no. ¿Usted conoce a alguien que se haya leído el contrato de WhatsApp?

SEMANA: No.

D.M.: Pues yo sí lo hice y me tomó mucho tiempo leerlo y entenderlo. Y lo primero que se desprende es que ellos están sometidos a las leyes de California, no a las colombianas. Esto de Uber es solo la punta del iceberg. Todos los sectores de la economía tendrán que cambiar sus reglas.

SEMANA: ¿Entonces el país tiene que aceptar que, en esta nueva economía, ni siquiera se pague impuestos?

D.M.: No, pero lo que hay que hacer es regular en vez de intentar prohibir. Vea, hoy hay mucha gente haciendo teletrabajo para compañías fuera del país. Al carecer de una regulación, esas personas no saben qué norma laboral les aplica. Hay una oportunidad muy grande en la nueva economía para generar empleos. Pero al frenar su adopción, no logramos disfrutar de todos sus beneficios.

SEMANA: ¿Y esos cuáles serían?

D.M.: La innovación ha permitido abrir nuevos nichos, segmentar el mercado para necesidades cada vez más específicas y crear fuentes de ingreso y empleos para satisfacerlas. Llegará el día en que haya una aplicación en Colombia que le ayude a alguien que todos los días hace un viaje, por ejemplo, entre Ibagué y Girardot a llevar en su carro a otras personas y así ahorrar costos y ser más eficiente. Una aplicación así entraría directamente a competir con los buses intermunicipales.

SEMANA: ¿Qué opina de UberX, un servicio que ofrecen particulares?

D.M.: Que hace parte de esa ola de servicios nuevos y específicos que antes no había. En Estados Unidos, Uber tiene unos seis servicios distintos: lleva comida, permite compartir carros, da la opción de pedir un carro elegante, etcétera. Aquí en Colombia me pasó una vez que pedí dos veces taxi para ir al aeropuerto y ninguno me sirvió porque no tenía espacio para mi equipaje. Yo estaría dispuesto a pagar más si puedo pedir un carro que me sirva para hacer ese viaje. La vieja economía hacía a la gente ajustarse a una sola solución. La nueva economía se acomoda a las necesidades de la gente.

SEMANA: Los representantes del gremio se empeñan en decir que Uber es ilegal.

D.M.: Eso es tapar el sol con las manos. ¿Usted cómo va a frenar la nueva economía? Todo lo contrario: hay que montarse en este nuevo mundo y liderar.

SEMANA: ¿Qué opina del decreto de taxis de lujo del gobierno?

D.M.: A mí ese decreto me parece positivo. Es un buen avance porque permite un nuevo segmento y reconoce que las plataformas tecnológicas ya son una realidad en el transporte. Pero es insuficiente porque deja demasiadas zonas grises.

SEMANA: ¿Qué consejo les daría a los gobernantes?

D.M.: Hay dos mensajes grandes. A los gobernantes les quiero decir que aprovechemos la nueva economía para dar un gran salto, que seamos líderes y transformemos las ciudades y el país. Esto exige no solo regular a Uber, sino sobre todo proponerse a hacer ciudades inteligentes. Esto requiere meterles tecnología y capturar y generar el talento. El gobierno Santos ha incentivado esto, y las iniciativas de Findeter han sido clave acá. Pero falta.

SEMANA: ¿Cuál es el otro mensaje?

D.M.: Que este no es un tema exclusivo del gobierno. La empresa privada en Colombia se está quedando atrás en este tema. Hace solo dos semanas, el Banco Mundial presentó un informe que muestra como el sector empresarial nacional está relegado al no ajustarse a la nueva economía.

SEMANA: Ponga un ejemplo concreto.

D.M.: El caso más claro es el del comercio tradicional, que en Colombia se ha quedado en sus almacenes y sus grandes superficies y no logra moverse hacia el ‘e-commerce’. En la nueva economía, la gran superficie no se necesita. Se necesita, más bien, una operación virtual. Si las empresas acá no se espabilan, una compañía extranjera va a llegar al país y va a capturar ese mercado. Entonces, van a perder clientes y empleados.

SEMANA: Aplicaciones colombianas como Rappi ya andan en esas.

D.M.: He oído hablar de que está creciendo mucho.

SEMANA: Cuando era ministro a usted le dieron palo porque confesó que había usado Uber. ¿Lo ha vuelto a usar?

D.M.: Lo uso con mucha frecuencia, y en el mundo entero. Y no solo uso Uber, sino también su competencia Lyft y cualquier otra solución que me ayude a hacer mi vida más fácil.

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