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| 3/3/2011 12:00:00 AM

Excoronel Aldana descubrió que su esposa le era infiel y decidió matarla: Juez

A 33 años de cárcel fue condenado el excoronel Joaquín Enrique Aldana por el asesinato de su esposa. La defensa apelará la decisión ante el Tribunal Superior de Ibagué.

A 33 años y nueve meses de prisión fue condenado el excomandante operativo de la Policía del Tolima, excoronel Joaquín Enrique Aldana.
 
El juez primero penal del circuito de Ibagué, Norberto Ferrer, lo consideró responsable del delito de homicidio agravado por el asesinato de su compañera sentimental, Érika Cecilia Yenerys Gutiérrez, con quien tenía dos hijas de 11 y 9 años.
 
Érika murió el 9 de septiembre del 2009, tras haber sido golpeada en cuatro ocasiones con un objeto contundente y después desmembrada, según el juez, para desaparecer cualquier evidencia y evitar a toda costa su identificación.
 
Pese a que la defensa de Aldana, en cabeza del abogado Jorge Enrique Lozano Guarín, trató de desvirtuar la tesis de la Fiscalía según la cual el homicidio de Erika tuvo móviles pasionales, el juez la confirmó.
 
El uniformado descubrió la infidelidad de su compañera con un hombre que vivía en Costa Rica a través de un programa espía que instaló en el computador, con el que guardó las conversaciones amorosas y apasionadas que se daban entre ellos. “Al descubrir que su esposa le era infiel y que lo iba a dejar por otra persona, decidió matarla”, indicó Ferrer.
 
Para el legislador resultó poco creíble la versión de la hija mayor de la pareja a quien identifican como ‘D’. Dice que se notó que la entrenaron para declarar, puesto que en cada entrevista hacía manifestaciones diferentes.
 
El juez también señaló que Aldana era la persona idónea para realizar el crimen, pues tenía conocimientos en criminalística que aplicó en el momento de descuartizar a su esposa.
 
Desvirtuó la versión según la cual no estaba en capacidad física de cometer el hecho porque sufría de tendinitis en su mano derecha (con la que se cometió el asesinato según los peritos) y había sido sometido a una cirugía (colesistetomía laparoscópica) y se encontraba incapacitado por dos semanas.
 
El juez Norberto Ferrer invalidó este argumento, al manifestar que una intervención de este tipo no requiere más de dos días de recuperación. En cuanto a la tendinitis, se conoció durante el juicio que esta enfermedad nunca le impidió al coronel realizar ejercicios como polígono o cortar carne.
 
También hizo referencia el legislador al vehículo que Aldana usó para supuestamente transportar las partes de su esposa. Según él, lo hizo en un carro que casi nunca era utilizado por la familia y que, según un testigo, permanecía guardado protegido con una pijama. No obstante, en los días del crimen éste apareció empolvado y extrañamente Aldana lo mandó a lavar.
 
Según Ferrer, fue Joaquín Enrique Aldana la última persona que estuvo y vio con vida a Érika, y el único cerca de ella que conocía detalles de su cuerpo, como que se le había realizado una cirugía de apéndice, una cesárea y que tenía prótesis mamaria. Estos órganos fueron extraídos en su totalidad, porque eran indicadores precisos para su identificación.
 
Para el juez, el crimen de Érika Cecilia se cometió en su propia casa, cuando ella estaba en completo reposo. Esto lo indica el hecho de que en el lugar donde fueron halladas las partes no estaban sus zapatos, ella estaba en pijama y su rostro no tenía maquillaje.
 
Ferrer señaló que se ha dejado guiar por la lógica y que en el caso de Érika Cecilia, varios hechos y actitudes comprometieron al excoronel. Por ejemplo, que no se hubiera preocupado por la desaparición de su esposa; que le hubiera mentido a su familia, asegurándoles que ella se había ido de viaje (primero les dijo que a Medellín y después que a Costa Rica); que no se hubiera sorprendido al conocer la noticia de la muerte; que haya solicitado vacaciones y haber tratado de desviar la investigación a punta de mentiras sobre su paradero.
 
Norberto Ferrer aseguró que el homicidio fue agravado porque lo hizo en la persona de su esposa. "Y no solamente mató a su esposa, sino que dejó sin madre a dos niñas".
 
El hallazgo
 
El 9 de septiembre del 2009, Jorge Édgar Perea Bríñez, trabajador de la hacienda San Isidro, realizaba labores de arado en la vía Alvarado- Ibagué. En ese lugar halló una bolsa negra en cuyo interior había una cabeza. El rostro tenía 58 cortes que impedían su identificación.
 
El aterrado hombre dio aviso a las autoridades, que realizaron un barrido en espiral en la zona y más adelante hallaron las extremidades superiores. A las manos les habían cercenado los pulpejos, con excepción del dedo meñique, que no se arrancó en su totalidad y que luego sirvió para la identificación.
 
El 11 de septiembre, cerca a la hacienda San José, en la misma vía, fue encontrado el tronco en esqueleto, que había sido eviscerado en bloque.
 
Al día siguiente, en un lote de la hacienda Leticia, fue localizado el muslo izquierdo con el pie y luego la pierna.
 
Mientras las autoridades realizaban la necropsia de las partes, con el fin de establecer su identidad y si se trataba de la misma persona, en Cartagena, familiares de Érika averiguaban por su paradero.
 
El 8 de septiembre fue la última vez que Enid Gutiérrez, su mamá, se comunicó con ella. “Me dijo que había enviado unas cositas para el bebé de mi otra hija que acababa de nacer”.
 
El 9 de septiembre ella llamó a la casa de Érika en Ibagué para agradecerle los regalos, pero, según Enid, el exoficial le contestó que no estaba y que se había ido para Medellín. 
 
A doña Enid le extrañó, pues asegura que su hija no viajaba sin avisarle. “Además, cuando se iba a ausentar por varios días me llamaba para que viniera a cuidar las niñas o siempre las dejaba bajo la custodia de alguien”, dijo.
 
“Desde ese día, no volví a saber nada de ella, y Aldana siempre nos evadía”, puntualizó.
 
Hoy, al conocer la decisión del juez, Enid afirmó a Semana.com que aunque se hizo justicia nada le va a devolver a su hija. "Él me quitó lo que más quería y nada me la va a devolver".
 
El abogado defensor, Jorge Enrique Lozano Guarín, dijo que apelará la decisión de manera escrita en los próximos cinco días y agregó que hay un culpable que no es su defendido. "Descartaron a un sargento del Ejército de quien se encontró una carta cerca del cuerpo y se descartó al hombre de Costa Rica, sin haber averiguado lo suficiente", aseguró.
 
La familia del excoronel espera que ante otras instancias se pueda demostrar su inocencia. Ellos aseguran que no fue Joaquín Aldana quien cometió ese crimen.

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