Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1998/09/21 00:00

FALLAS DE ORIGEN

En una jugada audaz y controvertida, Andrés Pastrana toma el control de la Comisión Nacional de Televisión.

FALLAS DE ORIGEN

Si hay un tema lleno de aristas políticas en Colombia es el de la televisión. Por eso la salida a empujones de Mónica de Greiff y Jorge Valencia Jaramillo de la Comisión Nacional ha ocasionado el primer gran round entre el gobierno anterior y el presidente Andrés Pastrana. La televisión en Colombia siempre ha tenido un problema: cada presidente considera que debe ser autónoma e independiente, pero solo después de su gobierno. Esa filosofía la había practicado César Gaviria cuando adjudicó las concesiones, incluido el plato fuerte de los noticieros, por seis años prorrogables, cubrió con su licitación no solo su administración sino el período de Ernesto Samper y estipuló que de ahí en adelante no habría licitaciones. Samper, indignado por ser el primer excluido en la historia del manejo de la televisión y necesitado de amigos para sostenerse, le puso conejo político a la adjudicación anterior para armarse su propia televisión. Buscó con sus amigos del Congreso la manera de truncar los contratos vigentes y tramitó su propia ley, que le dio vida a la programación que actualmente está al aire por los canales Uno y A. El papel de la Comisión Nacional de Televisión había sido más bien gris, pues se limitaba a imponer algunas multas y a autorizar cambios de programas. Pero la controvertida ley del tema atribuyó a la Comisión el encargo de evaluar los noticieros que estaban al aire el año pasado y de adjudicar los canales privados y la programación que arrancó el primero de enero en los públicos. Con ello el organismo se convirtió en uno de los más poderosos del país.Ese poder les ocasionó a los comisionados tantas solidaridades como enemistades. Lo cierto es que en gran medida las antipatías que produce la Comisión se deben más a su poder omnímodo que a la gestión de sus miembros individualmente considerados. Sus atribuciones constitucionales tenían un propósito muy claro: dotar a la Comisión de una autonomía institucional similar a la de la Junta Directiva del Banco de la República. Es decir que sus decisiones no estuvieran sujetas a los vaivenes de los gobiernos. Sin embargo, cuando el mandato constitucional se tradujo en ley, ésta determinó que dos de los cinco miembros de la Comisión fueran designados por el Presidente, con lo cual la pretendida autonomía empezó a ser muy relativa. Pero lo único más absurdo que la participación del gobierno en un ente supuestamente autónomo es que el Presidente esté representado allí por sus enemigos. Tal era la interpretación que le daba el gobierno de Andrés Pastrana a la presencia de De Greiff y Valencia.En medio de esta controversia filosófica salieron a flote los vacíos jurídicos que tiene la legislación sobre televisión. Por una parte la ley señala que el período de los cinco miembros de la Comisión es de cuatro años, por lo cual su encargo se prolongaría hasta 1999 ya que se posesionaron cuando Samper llevaba casi un año en la Presidencia. Sin embargo a renglón seguido anota que el período debe coincidir con el del presidente (que elige a dos) y el Congreso (que elegía a otros dos). De esta ambigüedad se desprenden dos interpretaciones: la primera, que el período de los comisionados debía durar cuatro años; la segunda, que éste se venció el 7 de agosto para los designados por el Presidente, es decir Mónica de Greiff y Jorge Valencia, y el 20 de julio pasado para los elegidos por el Congreso, Alvaro Pava y Carlos Muñoz. Como si faltaran elementos para la controversia un artículo de la última ley de televisión señala que los miembros de la Comisión deben reemplazarse "al finalizar el período de cuatro (4) años para el cual fueron elegidos o designados sus miembros", es decir que tendrían derecho a estar en sus cargos hasta el 14 de junio de 1999. En esto lo único claro es que el presidente Pastrana no quería que lo representaran en el ente dos personas tan cercanas a Samper como Mónica de Greiff y Jorge Valencia. Lo que no sabía hasta ese momento era cómo sacarlos. La ministra de Comunicaciones, Claudia de Francisco, al comienzo de la semana pasada les insinuó de todas las maneras posibles que renunciaran. De las insinuaciones pasó pronto a la petición directa cuando De Greiff y Valencia contestaron que no se retirarían. El gobierno sacó de la manga un as: nombrar dos nuevos comisionados (Sergio Quiroz y Jorge Hernández) con el argumento de que a los antiguos se les había vencido su período. Lo que no era jurídicamente claro si tres días antes les estaba pidiendo que se retiraran voluntariamente. La controversia jurídica seguramente la dirimirá el Consejo de Estado, entidad ante la cual los dos ex comisionados podrían demandar la decisión. Para la opinión pública el más candente ahora es el debate político. El jefe liberal Horacio Serpa rápidamente buscó capitalizar los reemplazos en la Comisión. Dijo que "el cambio ha empezado, el de liberales por conservadores". Lo cierto es que la decisión del gobierno es lógica y comprensible en términos políticos, discutible en el campo jurídico y de lectura de opinión positiva o negativa según las preferencias políticas de quien la interprete. Lo que hay que ver ahora es por qué el Presidente está tan interesado en estos relevos ya que lo indudable es que un lapo de estas dimensiones no se lo da un gobierno para cambiar de horario El Pájaro Loco. La Comisión tiene importantes adjudicaciones por decidir (ver recuadro), lo que desde ya está descartado es que el gobierno se embarque en una nueva licitación de televisión, como la que le costó a Samper señalamientos por violaciones a la libertad de prensa y una agria controversia nacional e internacional en su momento.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.