Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/08/03 22:49

Adonaí Sánchez, el periodista injustamente condenado por extorsión

Respetado y admirado en el mundo del periodismo, fue injustamente implicado en un intento de extorsión a la familia de un empresario secuestrado. Murió esperando las excusas de la justicia.

Adonaí Sánchez se desempeñaba como uno de los más destacados ‘llamadores’ de las emisoras Colombia en Radio Súper. Foto: Archivo particular

A sus 59 años de edad falleció en la madrugada de este lunes el periodista bogotano Adonaí Sánchez, el famoso ‘llamador’ de Radio Súper que les arrancó más de una lágrima a varios comunicadores que lo vieron caer en prisión hace unos 13 años, según dicen, víctima del más abominable falso positivo judicial.

Este hombre, vinculado insólitamente a un intento de extorsión a los familiares del empresario venezolano Richard Boulton, condenado por un juez y absuelto por el Tribunal Superior de Bogotá, murió esperando una muy merecida excusa de una justicia que lo alejó de lo que amaba y donde todos lo querían y admiraban: el periodismo.

Semana.com consultó a algunos de los colegas que trabajaron con él, que no dudan en reconocerle un don de gentes envidiable y un profesionalismo difícil de superar, pese a una enfermedad ocular degenerativa que lo dejó prácticamente ciego desde los 15 años.

Adonaí Sánchez se desempeñaba como uno de los más destacados ‘llamadores’ de las emisoras Colombia en Radio Súper. Se dedicaba a conseguir los números telefónicos de las personalidades y a contactarlos para entrevistarlos en los noticieros de la cadena, la misma labor que hoy desempeñan los productores radiales con la ayuda de los reporteros.

Muchos dicen que Adonaí era uno de los tres más hábiles ‘llamadores’ del país; que ningún personaje, por difícil que fuera de contactar o por aversión que les tuviera a los medios, se atrevía a decirle que no. “No había presidente que no le pasara al teléfono ni funcionario que se atreviera a ignorarlo, dice Fidel Franco, periodista de Caracol Radio que trabajó con él en el momento que marcó el punto de giro de su carrera.

Pero ese incansable afán por otorgar a su audiencia el privilegio de oír en exclusiva a los más impensables protagonistas en el ámbito de las noticias terminó jugándole una mala pasada. Ocurrió cuando el país todavía se preguntaba por la suerte de la excandidata presidencial Íngrid Betancourt y los periodistas se peleaban, cabeza a cabeza, la oportunidad de obtener primicias relacionadas con el tema.

En medio de ese panorama, el ‘llamador’ de Radio Súper fue contactado por un hombre que decía ser Iván Ríos, el famoso guerrillero de las FARC que muchos años después fue entregado por uno de sus compañeros a las autoridades. El hombre prometía tener la capacidad de contactar no sólo la aspirante a la Presidencia sino al empresario venezolano Richard Boulton, secuestrado en Caracas (Venezuela) en el 2000.

Según lo afirman al unísono todos sus conocidos, el periodista creyó estar ayudando a la familia del plagiado cuando decidió servir de puente con los supuestos captores. Pero lo que parecía ser una labor humanitaria más que plausible terminó en el drama personal más doloroso de la vida profesional del comunicador. Las conversaciones fueron interceptadas por la Fiscalía y el periodista terminó enredado en un proceso judicial por medio del cual terminó condenado a 30 meses de prisión por intento de extorsión. En realidad, ni las FARC habían tenido en su poder al empresario ni la llamada que recibió había sido hecha por alguno de los secuestradores.

La verdad era que a Boulton lo tenían paramilitares de los Llanos Orientales que lo liberaron en el momento en el cual el comandante de las Autodefensas Carlos Castaño los denunció públicamente de ser los autores del plagio y que la llamada que recibió el querido Adonaí no era de ningún insurgente sino de un preso de la cárcel El Barne, cerca de Tunja (Boyacá), quien se cree que intentaría extorsionar a la familia.

Esa terrible equivocación le valió a este periodista una condena de más de dos años de cárcel que tiempo después fue revocada por el Tribunal Superior de Bogotá. Al parecer, tan convencida estaba la Fiscalía de su error, que ni siquiera intentó que la Corte Suprema ratificara la condena, pues se abstuvo de demandar el fallo absolutorio en casación.

Para Fidel Franco, excompañero del comunicador, es evidente que su colega y amigo fue víctima del afán desbordado que tenía la Fiscalía de entonces de mostrar resultados. A su juicio, la entidad mostraba entonces unas ansias enormes de impactar a la opinión. Este periodista de Caracol Radio dice recordar que cuando fue citado a declarar en el proceso, la delegada del Ministerio Público le advirtió que era evidente que la representante del organismo investigador quería incriminarlos a él y sus demás compañeros, por lo que le recomendaba reducir sus respuestas a un sí o un no, si no quería que lo dicho terminara siendo sacado de contexto, como aparentemente ocurrió con la interceptación a las comunicaciones entre Adonaí y su fuente.

Franco recuerda con especial amargura ese caso. Para él, es imposible que un hombre que actuaba con tanta transparencia, ecuanimidad y profesionalismo hubiera tratado de aprovecharse del dolor de los familiares de una persona secuestrada. De él, dice recordar la sorpresa y admiración que les causaba a todos verlo contactando hasta a tres personajes al mismo tiempo. Nadie se explica cómo hacía para recopilar tan eficientemente sus datos, a pesar de su limitación visual. Se precia de guardar en su memoria la capacidad de su compañero y amigo para improvisar y accionar su convencional grabadora de casete, luego de sus repentinas labores de reportería en las centrales obreras.

Él y Narda Gómez, otra compañera de este hombre en la cadena radial, dicen recordarlo con su poderosísima libreta escrita en lenguaje braille, en la que registraba los números que inicialmente guardaba en una de las tantas grabadoras que conservaba en el bolsillo, una de ellas dedicada exclusivamente a mantener el registro de sus contactos telefónicos.

La periodista no duda en calificarlo como un ser humano lleno de virtudes y capacidades. Dice que ante el enorme aprecio que ella y sus demás compañeros guardaban hacia él, ni siquiera titubeó a la hora de acercarse al entonces fiscal general, Luis Camilo Osorio, para advertirle que lo de Adonaí era un muy injusto montaje judicial.

La misma opinión tienen de él y del drama que padeció en vida el jefe de prensa de la Corte Constitucional, Asdrúbal Guerra, y el jefe de comunicaciones de la Rama Judicial, Reinel Beleño. El primero compartió con él en Radio Súper y el segundo atendió varias de sus inquietudes relacionadas con las decisiones de las altas cortes. Ninguno de ellos cree haber sido testigo de una injusticia similar hacia un hombre “al que solo le cabían elogios”.

A su lado hicieron sus pinitos algunos de los reporteros con mayor proyección que hoy tiene el país y todos, sin excepción, coinciden en reconocerlo como ser humano excepcional que nunca perdió su sencillez, ni las incansables ganas de reponerse a las adversidades.

Por desgracia para su familia y quienes lo recuerdan con cariño, un cáncer impidió que Adonaí Sánchez lograra hacer limpiar su nombre de las acusaciones injustas que lo llevaron a permanecer por más de dos años en la cárcel La Modelo de Bogotá, pagando una culpa que pocos creen que ha debido pagar.

El periodismo y los allegados a este hombre lamentan que haya partido sin que la justicia hubiera hecho el mínimo esfuerzo por resarcir su nombre y reparar el daño a su honra, tan letalmente herida que nunca volvió a ser el imponente personaje que fue en el mundo de la información noticiosa, pese a haber demostrado que era inocente.

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