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| 1/12/2013 12:00:00 AM

Familia que delinque unida...

El clan que terminó enfrentado y con cinco muertos en una barriada del norte de Bogotá no es el primero ni el único que se dedica al crimen en las grandes ciudades.

El jueves de la semana pasada los barrios Villa Nidia y El Codito, localizados en un deprimido sector de los cerros al norte de Bogotá, estuvieron por segunda vez en una semana en los titulares de los medios. Ese día en la empinadas calles del sector estaba el presidente Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, el alcalde Gustavo Petro, los altos mandos de la Policía y el Ejército, junto a media docena de asesores presidenciales y distritales. La razón de la presencia de los altos funcionarios no era otra que la de realizar un consejo de seguridad y anunciar una serie de medidas tras la masacre de cinco personas en la tarde del domingo 6 de enero, que sacó del anonimato nacional a uno de las partes más pobres de la capital. Tanto para Santos como para Petro se trataba de un asunto de gran importancia,  pues era un lunar que opacaba la significativa reducción de homicidios alcanzada en el último año, la más baja de los últimos 30 años, que convirtió a Bogotá en la joya de mostrar en materia de seguridad, un logro que los dos mandatarios han reclamado como propio.

Desde hace cerca de seis años en Bogotá no se registraba la muerte de cinco personas en un solo hecho, lo que explica la inquietud y la preocupación de los funcionarios y la ciudadanía. Sin embargo, la realidad es que la masacre de El Codito, como se le conoce, tiene una explicación. Fue el resultado de un desacuerdo entre integrantes de una banda de delincuentes conocida como Los Pascuales, conformada por cerca de 20 personas, la mayoría integrantes de una familia. “Son hermanos, tíos, sobrinos y primos que llevan más de 15 años delinquiendo básicamente en la misma zona de la ciudad. Aunque son criminales curtidos no es la banda más peligrosa que hay en Bogotá”, explicó un veterano investigador de homicidios de la Policía. 

SEMANA tuvo acceso a la declaración, hasta ahora desconocida, del único sobreviviente de la masacre que contó a las autoridades lo que ocurrió. Se trata de Carlos Núñez, alias Mompy Costeño, quien estaba en el asadero donde ocurrió el tiroteo. Contó que a la una de la tarde se encontraba con su hermana Ruth y el esposo de esta, Mauricio Guerrero, quien tres días antes había salido de la cárcel por quinta vez en los últimos diez años. En la misma mesa también estaban Pascual y Luis Guerrero, hermano y padre de Mauricio. Según el testigo, en ese momento entraron al lugar Luisito, casado con una familiar de los Guerrero, Stuart y los hermanos Carlos y Mauricio Piñeros, alias Mochilón, y comenzaron a disparar. Mauricio, Pascual y Luis Guerrero murieron, pero antes de caer alcanzaron a matar a Mochilón y Stuart,  y dejaron herido a Carlos. El testigo, que salió ileso al igual que su hermana, contó que desde hace años todos trabajaban juntos esencialmente dedicados al microtráfico, extorsiones y atracos. Según su declaración, cuando Mauricio Guerrero cayó preso hace dos años se repartieron la zona en dos sectores, de tal forma que una parte de la banda controlaba la parte alta de Villa Nidia y los demás la parte baja del sector de Barrancas. Al regresar a la libertad Mauricio no estuvo de acuerdo con esa división y quiso quedarse con el control de todo como siempre lo tuvieron los Guerrero. Luisito y esa parte de la banda no estuvieron de acuerdo y eso detonó la masacre. Como consecuencia de esa vendetta y de la fuerte presencia de las autoridades, los integrantes de los dos bandos que sobrevivieron escaparon del sector y las autoridades los buscan pues 18 de los 20 integrantes tienen órdenes de captura por varios delitos. 

Aunque es excepcional que miembros de una misma familia de delincuentes termine aniquilándose, lo que no es raro es que existan este tipo de clanes dedicados al crimen, y no solo en Bogotá. Desde finales de la década de los noventa en Medellín es tristemente célebre la banda de Los Triana. Liderada por los hermanos Elkin y John Freddy Triana y su primo Carlos Mario Triana, comenzaron en la comuna dos como sicarios que prestaban sus servicios a la Oficina de Envigado y otras redes mafiosas que actúan en la capital del país. Desde hace más de 15 años han entrado y salido de prisión, y aún tras las rejas, esta familia controla un nutrido grupo de sicarios al mejor postor. En Cali no son menos famosos los integrantes de la familia Pavoni, conocidos por ser los mayores falsificadores de dólares del mundo. El abuelo de esa familia, Nectario de Jesús Pavoni, nacido en 1932, fue detenido por primera vez en 1977 por ese delito. En los siguientes 20 años, 15 integrantes de esa familia, incluidos sus dos hermanos, tres hijos, cuatro primos y dos nietos, han sido arrestados por falsificar monedas. Ellos, al igual que Los Triana o Los Pascuales, parecen haber optado por aplicar aquello de que familia que delinque unida permanece unida. Aunque, en el caso de estos últimos, la balacera de la semana pasada parece haber acabado con esa siniestra tradición.

Dinastía de falsificadores

El apellido Pavoni es conocido en un amplio sector del Valle. Pero también es fue muy popular entre los autoridades colombianas y especialmente para el servicio secreto de Estados Unidos. La razón es que varios de los integrantes de esa familia formaron una dinastía que durante varias generaciones se dedicó a la falsificación de dólares, llegando incluso a ser considerados los mejores del mundo. El primero de ese clan en ser  capturado fue el patriarca Nectario de Jesús Pavoni, arrestado en 1977. Pagó sólo dos años de prisión debido a que ese delito contempla penas muy bajas. Algunos de sus hijos, hermanos, sobrinos, se unieron al “negocio”. Luis Pavoni Hernández, Raúl Pavoni Restrepo y Guillermo Pavoni, fueron tan sólo algunos de los diez integrantes de esa familia que de acuerdo con los registros de la Dijín han entrado y salido de prisión a lo largo de los últimos 25 años en los que han seguido con el negocio.

Plomo familiar

En la larga historia de grupos delincuenciales que han azotado a Medellín en las últimas dos décadas solo uno ha logrado perdurar. Se trata de la  banda de Los Triana. A finales de los años noventa, los hermanos Elkin y John Fredy Triana Bustos y su primo Carlos Mario Triana Vásquez, conformaron el grupo que nació en la comuna 2 (Santa Cruz) y  se expandió al municipio de Bello. Comenzaron con robos de carros, atracos a viviendas , microtráfico y rápidamente incursionaron en una actividad por lo que se han hecho macabramente conocidos: el sicariato. Conformaron una de las más efectivas redes de asesinos que incluso realizó trabajos para la llamada Oficina de Envigado. Aunque han sido capturados varias veces, entran y salen de prisión, aun desde la prisión nunca han perdido el manejo de su grupo, calculado por las autoridades en cerca de 80 integrantes.
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