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| 1/24/2014 12:00:00 AM

La paz: ¿se mueve o se estanca?

Acabó otra ronda en La Habana y no hubo siquiera un comunicado conjunto, pero las FARC sorprenden ahora con una declaración sin precedentes. ¿Qué significa esto?

¿Qué será lo más relevante para evaluar la marcha de las negociaciones en La Habana: el lánguido final de la ronda número 19, que acabó este jueves sin avances aparentes y con duros cruces de declaraciones entre las partes, o el comunicado de este viernes en el que las FARC, por primera vez en su historia, reconocieron y criticaron haber cometido un atentado, el de Pradera, que dejó un muerto y 60 heridos?

Esta ronda, la tercera en que se discute el tema de drogas ilícitas y narcotráfico, acabó sin que las partes hicieran un pronunciamiento conjunto, como es habitual. Tampoco hablaron del tema en sus pronunciamientos por separado.

Humberto de la Calle, jefe negociador del Gobierno, no hizo ninguna declaración y se limitó a publicar, un par de días antes del final, un artículo sobre los “mitos” del proceso en el que, además de salir al paso de las críticas del uribismo, buscó poner los puntos sobre las íes a las FARC en algunos temas. Aseguró que no habrá impunidad para responsables de delitos de lesa humanidad, insistió en que no se reducirán las Fuerzas Armadas en caso de llegar al fin del conflicto y ratificó que todo lo pactado está dentro del Estado de Derecho.

Todo indica que esto molestó a las FARC. El último día, su jefe negociador, 'Iván Márquez', leyó un mensaje en el que ripostaron con ocho “mitos” más. Le dijeron al Gobierno que es un mito creer que están en la mesa por estar doblegadas militarmente, insistieron en que la agenda se debe interpretar a la luz del preámbulo y exigieron que se discuta la doctrina militar y poner fin al latifundio, entre otros. Además, 'Márquez' criticó fuertemente los anuncios del presidente Santos en Europa de “escalar la guerra como si no hubiese conversaciones”.

Este tono de las partes y la falta completa de anuncios sobre la discusión en la ronda de conversaciones llevan a creer que poco se avanzó. Las partes intercambiaron propuestas y trabajaron casi todo el tiempo por separado. En un punto tan complejo como el de drogas, es de suponer que la negociación no será fácil.

Pero, más allá de esas lógicas dificultades, la gran pregunta que empieza a plantear cada vez con mayor agudeza el proceso de paz entre el Gobierno y las FARC por estos días es qué tanto –o más bien, qué tan poco– se avanzará hasta las elecciones.

Hasta el día de los comicios parlamentarios, el 9 de marzo, habrá dos rondas más (la próxima empieza el 3 de febrero). Es poco probable que se logre redondear un acuerdo antes de esa fecha. Y después, el resultado de la votación tendrá sin duda su impacto en las conversaciones.

Es obvio que el Gobierno, por razones electorales, está interesado en mostrar avances y acuerdos. ¿Están las FARC en un ánimo de esperar los resultados electorales, no sólo de Congreso sino presidenciales, antes de avanzar de manera decisiva? Es más fácil hacer la pregunta que responderla, pero varias declaraciones recientes, en las que la guerrilla viene insistiendo en que no vino a Cuba a someterse y que el Gobierno debe aceptar discusiones sobre temas de fondo, apuntarían en esa dirección.

La ronda también estuvo marcada por fuertes golpes militares. Como por coincidencia, el día en que terminaba, el Ministerio de Defensa hizo un balance de varios bombardeos y operaciones que, al 23 de enero, habían cobrado las vidas de 36 guerrilleros y dejado otros 76 capturados, según los militares. Hubo golpes fuertes en Puerto Rondón (Arauca) el 19, en Planadas (Tolima) el 22, y en Vista Hermosa (Meta), el mismo día.

A esto también reaccionaron con fuerza las FARC. Su máximo jefe, 'Timochenko', hizo un parte de guerra el 23, también al final del ciclo, en el que, además de aceptar algunos golpes recibidos, sostuvo que sus fuerzas derribaron un helicóptero en Briceño (Antioquia), en diciembre, y otro en Anorí, en enero, además de impactar varios y causar la muerte de numerosos soldados en un campo minado en el bajo Cauca, entre otras acciones.

Gran sorpresa

Pero la gran sorpresa fue un comunicado, el viernes 24, en el que el Secretariado de las FARC aceptó que una de sus unidades, el bloque móvil Arturo Ruiz, cometió el atentado con una moto bomba en Pradera, Valle, el 16 de enero, que cobró un muerto y 60 heridos civiles, y manifestó su “reproche abierto” y anunció “la aplicación de los correspondientes correctivos disciplinarios”.

Es la primera vez que se conoce un pronunciamiento público de este tipo por parte de las FARC, que siempre han sido reacias a proclamar la autoría de este tipo de acciones y, aún más, a llamar al orden a quienes las cometen en sus filas. Este bloque móvil está bajo mando directo de Pablo Catatumbo, segundo hombre de la delegación de la guerrilla en La Habana. Por ello es aún más elocuente esta inusual aceptación de responsabilidad.

Y llama a sopesar en toda su complejidad lo que está ocurriendo en la isla. Mientras la confrontación arrecia en Colombia, como lo muestran los partes de combate de ambos lados, la negociación en Cuba marcha lentamente y el lenguaje público de los contendientes se endurece.

Probablemente, las elecciones harán la negociación aún más lenta y el lenguaje más áspero. Sin embargo, no todo depende del ritmo que los comicios impriman o del tono con que se ventilen públicamente las cosas. Que no haya resultados importantes en las próximas semanas no es, por supuesto, lo más saludable para el proceso. Pero que las FARC acepten públicamente por primera vez su responsabilidad en un atentado como el de Pradera es algo que también hay que contar entre los resultados de la negociación. Y algo muy significativo.
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