Martes, 24 de enero de 2017

| 1982/11/15 00:00

FARC: LA OTRA MITAD DE LA AMNISTIA

La oferta de amnistía aún no cuenta con la aprobación definitiva de uno de los principales grupos guerrilleros del país, las FARC.

FARC: LA OTRA MITAD DE LA AMNISTIA

Una vez despejada la situación del M-19-- que aceptó en términos generales el proyecto de amnistía, presentando algunas modificaciones menores a consideración--la incógnita sigue siendo la posición que finalmente adoptarán las FARC. Hay indicios de que tienen una actitud abierta, como el pronunciamiento favorable al diálogo y los elogios al presidente Betancur por parte de Jacobo Arenas, uno de los máximos dirigentes, y la carta presentada en la reunión de frentes del Caquetá, que también demuestra disposición a aceptar. Sin embargo, no se ha conocido un pronunciamiento definitivo y oficial por parte de este grupo.
Gerardo Molina planteó la gravedad de esta indefinición para la concreción de la amnistía y lanzó la hipótesis de que fuera una división interna en las FARC --con un sector a favor de la amnistía y otro en contra--lo que explicara la aparente contradicción entre la aceptación en el terreno de los pronunciamientos y el rechazo que implicarían las acciones ofensivas que la prensa ha venido atribuyéndole a este grupo en las últimas semanas.
Tales acciones, sin embargo, no parecen ser elemento de juicio definitivo, pues no han sido reivindicadas por las FARC e inclusive una de ellas, la que más trascendió, la "toma de Pacho" (ver recuadro), fue desmentida por los propios diarios que publicaron la noticia.
La importancia de una definición positiva por parte de las FARC radica en el peso del grupo en relación a las otras fuerzas guerrilleras. Es el único que tiene una tradición de más de 30 años de lucha en varias regiones del país, como los Santanderes, los Llanos y el Magdalena Medio.
El M-19 siempre ha sido más hábil para producir golpes de opinión, pero éstos causan impacto principalmente entre el estudiantado y las capas urbanas medias y bajas,-de donde parecen provenir la mayor parte de sus integrantes y simpatizantes. Las FARC, por el contrario, fueron ganando con el tiempo arraigo entre el campesino, acostumbrado en algunas regiones a su presencia desde las épocas de la "Violencia". En ese tiempo la guerrilla comunista con su política de "autodefensa campesina" agrupó franjas de la población en lo que se dió en llamar "républicas independientes". Hoy las FARC registran incluso casos de tradición familiar, donde abuelo, padre y nieto han estado ligados a la guerrilla.
Después de la época de la "Violencia", y tras varios operativos militares --como el Plan Laso--las FARC quedaron seriamente mermadas y nunca recuperaron su brio inicial. Al contrario de lo que ha sucedido recientemente en algunos países de Centroamérica, las FARC --como tampoco ningún otro grupo guerrillero en Colombia--tiene fuerza suficiente como para significar un peligro real para el actual orden de cosas. Sin embargo, su tradición y sus raíces entre los campesinos son los factores que hacen que las FARC, muchas veces batidas por el ejército, siempre hayan vuelto a resurgir, de la misma manera que, según la mitología popular, sucede con su legendario dirigente Tiro Fijo, "cien veces muerto y cien veces resucitado". Es esta misma tradición, y el camino que llevan recorrido, lo que podría explicar las reticencias que tengan las FARC para aceptar la amnistía que ofrece el gobierno.
En sus escasos pronunciamientos, han expresado que no negociarían incondicionalmente. Sin embargo, sus exigencias parecen sensatamente moderadas: han hablado de poner fin a la concentración de la riqueza en manos de los grupos financieros; de medidas de reforma agraria; de medidas sociales contra la carestía, el desempleo, la falta de vivienda, la salud y la educació; de derechos políticos y sindicales y de desde de la represión. Han mencionado además lo que consideran el principal obstáculo en el proceso: la existencia del MAS y los grupos paramilitares, que les han reiterado su declaración de guerra a muerte mientras el gobierno les ofrece la paz.
Sobre este último punto, el presidente Betancur se pronunció durante la semana pasada, en carta a Otto Morales, en la cual insistió en la necesidad de desenmascarar al MAS y desautorizó "la formación de ninguna organización pública clandestina para suplantar las funciones del Estado".
Pero si durante la semana se ventiló a diario el nombre de las FARC, no fué sólo por la espectativa que despierta su respuesta. También les fueron hechas duras acusaciones. La primera por parte del General Landazábal, quien, mientras se debatía con una grabadora que se negaba a funcionar, las señaló como brazo armado de un partido auto declarado legal y pacífico, el Partido Comunista, y las responsabilizó de la muerte de 30.000 campesinos durante la "Violencia". La otra acusación vino de una de las organizaciones indígenas más representativas, el CRIC, que denunció la bárbara matanza, en el Cauca, de varios miembros de su comunidad--entre ellos un dirigente- por parte de este grupo guerrillero.
Después de la aceptación que parece haber dado el M-19, el que lo hicieran también las FARC significaría el principal paso para garantizar el trecho que le queda por recorrer a la amnistía.

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