Lunes, 1 de septiembre de 2014

Hernán Penagos, presidente de la Cámara de Representantes. Guillermo Torres

| 2013/07/20 00:00

“FARC no harían una Constitución más garantista”

El presidente de la Cámara, Hernán Penagos Giraldo, advirtió el peligro de reformar la Carta frente a un proceso electoral.

El nuevo presidente de la Cámara, Hernán Penagos, de La U explicó a Semana.com por qué es necesario que la próxima legislatura abra el debate sobre los posibles acuerdos entre las FARC y el gobierno. Argumenta que su partido se mantendrá unido, porque es “estructurado” y plantea que el Congreso debería dedicar más tiempo al control político y no a hacer leyes “retóricas”.

Semana.com: ¿Cómo llega usted, un primiparo, a ser presidente de la Cámara?

Hernán Penagos: Cuando arrancó el Congreso los partidos se reunieron para ver cómo se elegirían las dignidades y las secretarias. Yo fui un compromisario del partido, quienes son los que acuerdan esos convenios. Tuve la fortuna de hacer equipo y me postularon. La U tenía 50 congresistas y por aritmética teníamos dos presidencias. Después de suscritos los acuerdos al interior del partido me postularon y nos eligieron a Augusto (Posada) que acaba de salir y a mí.

Semana.com: ¿Qué espera que pase este año legislativo?

H. P. G.: Espero es que haya racionalización legislativa. Que se aprueben las leyes que materialmente se necesitan en Colombia, no que se aprueben leyes de manera indiscriminada como viene ocurriendo desde que se aprobó la Constitución de 1991.

Semana.com: Luego, ¿la función del Congreso no es hacer leyes?

H. P. G.: Las principales funciones del Congreso son dos. Una es hacer leyes y una es hacer control político. Yo creo que este año debería haber más control político. ¿Por qué? Está terminando un gobierno y eso es lo más natural para saber si se cumplieron el Plan de Desarrollo, los indicadores de gestión, la metas. Si se aprueban leyes que cumplan efectos y no sean simplemente retóricas.

Semana.com: ¿Cómo cuáles?

H. P. G.: Las que socialmente sean relevantes. Por ejemplo, la ley que regule el sistema de Salud. Esa es una ley con la que el Congreso puede enviar un mensaje positivo a los colombianos. Esa es una ley muy importante.

Semana.com: ¿Qué otro papel debe jugar el Congreso en un año como el que viene?

H. P. G.: En este segundo semestre, independientemente de lo que pase en La Habana, debe abrirse en el Congreso el debate sobre los principales puntos que discuten el Gobierno y las FARC. No para aprobar leyes, sino para que los congresistas discutan, porque necesariamente los acuerdos, si se dan y son positivos, tienen que pasar por el Congreso. Una ley estatutaria que reglamente el marco jurídico para la paz, modificaciones de la Constitución o el mecanismo para refrendar la paz, tienen trámites especiales en el Congreso. Si no abrimos el debate no veo cuando nosotros vamos a poder debatir y aprobar futuras leyes y actos legislativos. Desde ahora debemos empezar a abrir la discusión y así la gente se irá sensibilizando y entendiendo las posiciones de los partidos.

Semana.com: ¿Cree que ha faltado pedagogía con lo que se discute en La Habana?

H. P. G.: Yo entiendo que el tema de la paz es del resorte exclusivo del Gobierno. Pero tarde que temprano tiene que llegar al Congreso. Por eso creo, sería muy útil empezar a debatir el tema, más que hacer pedagogía, para saber ideológicamente qué piensan los congresistas y cuál es la posición de los partidos. Si hay acuerdo, ya habría un camino andado en términos de debate.

Semana.com: ¿Usted es optimista con el proceso de paz?

H. P. G.: Medianamente optimista. Cada vez uno escucha mensajes que desconciertan. En el decálogo de participación política que propusieron las FARC solo falta cambiar el nombre al país. Eso es refundar el Estado. La Constitución solo tiene 22 años, no la hemos estrenado. Si uno se pone a mirar hay una cantidad de artículos que no hemos desarrollado. Hay una cantidad de instituciones que hoy no se han reglamentado. Yo pregunto: si todavía no hemos reglamentado esa Constitución para que vamos a hacer una nueva.

Además, no conozco en Latinoamérica una Constitución más democrática y garantista que esta, que pone como punto principal la dignidad de las personas, llena de derechos y garantías. Así sea en términos retóricos. La guerrilla no es capaz de hacer una Constitución más garantista que esta. La Constitución se ha cambiado como 34 veces, casi 1,6 veces al año. Una constitución no se modifica así. Eso es como antidemocrático e irresponsable mandar ese mensaje.

Semana.com: Lo veo poco optimista…

H. P. G.: No, soy optimista, lo que pasa es que ese planteamiento de las FARC es como cuando uno negocia en Manizales, pide mucho para ver cuánto puede ganar. Creo que las FARC están 'cañando' y piden a ver qué logran.

Semana: ¿No le preocupan los tiempos para la paz?

H. P. G.: Si mucho. Por eso debería abrirse el debate. Si uno dedica estos tres o cuatro meses, en los que el trabajo legislativo no será intenso, a medir el pulso a la paz, cuando haya acuerdo ya habrá un camino transitado. O si no figúrate el gobierno a finales de la legislatura con un arsenal de leyes en medio de elecciones.

Semana.com: Este es un año electoral, ¿cree que va a haber una desbandada de La U?

H. P. G.:
No creo, porque todos los congresistas tenemos que enfrentar la sobrevivencia política. El partido tiene que superar las circunstancias y pasar este momento por el que está transitando. Como la gran mayoría de los senadores y representantes aspiramos a relegirnos ahí tenemos que jugar en equipo, para lograr las mayorías. Además, tampoco hay posibilidades jurídicas para cambiarse de partido y no veo reformas electorales ni una ley de transfuguismo…

Semana.com: ¿Cómo ve esa ley que propone Antonio Navarro para permitir listas de coaliciones de partidos?

H. P. G.: No la he visto porque no la han radicado, pero me la han comentado. Creo que no hay forma de moverse de bando y esa ley tampoco lo va a permitir. Esa ley tiene la dificultad y es que una vez presentada empiece a mutar hacia una reforma política. Empezar a mutar es que no solamente sea para permitir que los partidos pequeños puedan superar el umbral sino que empiecen a meter reformas coyunturales, que no son serias a instancias de una elección en tres meses. Entonces pasa lo de siempre: una ley cambia las condiciones para elegirse. Es el temor que siente todo el mundo.

Semana.com: Este año La U, su partido, no tiene grandes electores como Juan Lozano o Dilian Francisca, ¿no teme que las bases se pasen al Centro Democrático?

H. P. G.: No creo que La U baje de votación de manera sustancial. Lo digo porque La U es un partido de mucha estructura. Tiene la mayoría de concejales del país y de alcaldes. Y las elecciones del Congreso son de estructura política. En las elecciones del Congreso el voto de opinión no es muy relevante, salvo a favor de unas personas, pero no en favor de los partidos. La aparición del Centro Democrático golpea, nadie lo puede negar, pero la estructura del partido es de la dirigencia. Y los congresistas tienen su estructura muy organizada.

Semana.com: ¿Por qué el 60 % de las personas en las encuestas no le cree al Congreso?

H. P. G.: Me leí un libro que se llama 'Perspectiva histórica del Congreso'. Me lo encontré en la biblioteca Luis Ángel Arango. Ese libro cuenta la historia del Congreso hasta hace 15 años. Es un libro viejo del que sale una conclusión: históricamente el Congreso ha sido la institución más débil de la democracia colombiana, la que paga el desgaste, los platos rotos. Uno dice eso es hoy, pero no, es desde que empezó la República. Creo que la gente no entiende el papel del Congreso y cuando las normas son positivas se las atribuyen al Gobierno y cuando son negativas, al Congreso. Pero hay buenas leyes que son iniciativa del Congreso y muchas se mejoran en el Congreso. No tengo ninguna duda de que el problema de la imagen del son dos: el excesivo centralismo y el régimen presidencialista.

Porque la Cámara cambia casi en un 70 %, el Senado, 50 %. Pero un sistema presidencialista como el que tenemos, con exagerados poderes del Presidente, el Congreso tiene muy poco qué hacer, hacer mandados, tratar de hacer que un alcalde de un municipio de sexta categoría le abran la puerta, gestionar recursos... Eso explica por qué un congresista no está desde las 8 hasta las 6 de la tarde atendiendo la actividad legislativa.

Semana.com: ¿Cuando acabe qué quiere que digan de su presidencia en la Cámara?

H. P. G.: Que se cumplieron varios objetivos: que haya tenido una buena relación con los congresistas porque ese es un desgaste muy bravo; que se mejoraron los índices de cariño o confianza en el Congreso. Y que se pueda decir que la Cámara de Representantes se acercó a las regiones.

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