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| 12/18/2014 1:00:00 PM

FARC piden perdón por masacre de Bojayá

La guerrilla expresa su responsabilidad en una de las páginas más dolorosas de la historia de la violencia en el país.

“La joven guerrillera clavó la culata del fusil en la arena húmeda de la orilla del río Atrato, que bordea la población antioqueña de Vigía del Fuerte, y lloró. Levantó el rostro al cielo y por sus mejillas bañadas en sudor y barro corrieron las lágrimas. Fue un llanto silencioso, pero cuando vio a unos hombres, la mayoría heridos, algunos mutilados, que alcanzaban a rastras la playa y suplicaban que no los mataran porque ellos eran apenas pobladores, la joven combatiente se dejó caer de rodillas y exclamó: '¡Dios mío!, ¿qué hemos hecho?'”, así empieza el relato de la revista SEMANA de uno de los capítulos más tristes de la historia de la violencia en Colombia: la masacre de Bojayá.

Este jueves, la delegación de las FARC en el proceso de paz pidió perdón a las víctimas de la masacre de Bojayá en la que murieron 117 personas, entre ellos 47 niños, de una población de 1.100 habitantes. Es decir, un hecho en el que le quitaron la vida al 10 % de un pueblo humilde y olvidado. Fue en mayo del 2002. ¿La causa? Un cilindro bomba lanzado por miembros de las FARC que cayó en una iglesia en donde los inocentes habían buscado refugio por los recios combates.

“Con ello buscamos recoger el inmenso clamor de paz de la nación entera”, dijo a la prensa Pablo Catatumbo (alias de Jorge Torres Victoria), después de la reunión que mantuvo con representantes de las víctimas de Bojayá, Chocó, donde habitan fundamentalmente comunidades indígenas y afrodescendientes.

El guerrillero recordó que la tragedia se produjo por “el desvío de un proyectil artesanal” dirigido a la posición paramilitar en ese lugar, que “provocó la desgracia y el infortunio” de caer sobre la iglesia donde se refugiaba la población. “Desde entonces este hecho nos ha dolido en el alma guerrillera”, dijo Catatumbo y admitió que pedir perdón “no devuelve a ninguna de las personas que perecieron ni borra el sufrimiento”.

La guerrilla resaltó su compromiso por resarcir ese daño en la medida de lo posible no sólo reconociendo su responsabilidad, sino con acciones “reparadoras y transformadoras” en las comunidades afectadas.

El representante de las víctimas de Bojayá, Leyner Palacios, rememoró los “hechos luctuosos” del 2 de mayo del 2002, en los que “la población se llenó de pánico” ante los enfrentamientos armados que se sucedían entre las FARC y grupos paramilitares.

Para Palacios, la responsabilidad de este hecho es compartida por las FARC, que “lanzaron la pipeta”; por los paramilitares, “por utilizar la población como escudo humano”, y del Estado, “por desoír las alertas y su connivencia con las fuerzas paramilitares”.

Palacios se comprometió a trasladar las disculpas de las FARC a los habitantes del Bojayá, pero recordó que “el perdón tienen que venir de cada víctima, de cada superviviente de manera individual”.

“Las FARC deben mostrar actos concretos que manifiesten su constricción ante este hecho”, reclamó. “Estos hechos no se pueden repetir, no la continua victimización de nuestras comunidades”, reiteró.

La masacre de Bojoyá, acaecida el 2 de mayo del 2002, conmocionó a la población colombiana y marcó un punto de inflexión a partir del cual se recrudeció el conflicto armado en Colombia entre las FARC y las fuerzas estatales y paramilitares.

Se entró en la fase de mayor confrontación en el conflicto, tras el fracaso del proceso de paz del Caguán y en plena implementación del Plan Colombia, con la presencia sobre el terreno de unas fuerzas rebeldes y paramilitares fortalecidas y de asistencia militar extranjera para el Estado.

El gobierno colombiano y las FARC mantienen en La Habana unas conversaciones de paz que comenzaron en noviembre del 2012, con una agenda de cinco puntos: la tierra, las drogas y el narcotráfico, la participación política, la reparación de las víctimas y la entrega de armas.

Hasta ahora han conseguido acuerdos parciales en los tres primeros y seguirán negociando desde mediados de enero próximo el punto relativo a la reparación de las víctimas.
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