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| 3/4/2014 12:00:00 AM

El libro que predice cómo quedará el próximo Congreso

Allí se explica por qué la coalición de Unidad Nacional será más frágil.

Esta semana se publicará el libro Partidos políticos en Colombia evolución y prospectiva, un documento que analiza para dónde va el sistema de partidos en Colombia y por qué estos son débiles. El libro fue escrito por la investigadora Patricia Muñoz Yi y el politólogo Fernando Giraldo y será publicado por la Konrad-Adenauer-Stiftung (KAS). 

En entrevista con Semana.com Giraldo, uno de los autores, explica el contenido del libro y anticipa cómo les irá a los partidos políticos. 

Semana.com: Explíqueme de qué es el libro. ¿Lo puedo titular ‘El libro que calcula como va a quedar el próximo Congreso’?

Fernando Giraldo: El propósito del libro es analizar las dificultades que tienen los partidos para ser fuertes, por qué no son un referente en la competencia por el poder y el auge negativo de los grupos significativos de ciudadanos que o son un objeto de captura por parte de la mafia o se convierten en parte de la estrategia electoral de los propios partidos para competir electoralmente. Es que aquí hay más candidatos que partidos, y eso se alimenta de la cultura política porque los ciudadanos votan por personas y no por partidos.

Semana.com: ¿Por qué los partidos no son fuertes?

F. G.: Los partidos no son fuertes por una cosa que viene desde el 58, que se ha asentado después con las reformas del 2003 y del 2009. Es que toda la política está anclada en individualidades y personalismos y no hay forma de echar eso para atrás. Así la política se basa en intereses particulares y en las negociaciones que hacen candidatos y dirigentes con grupos de interés. 

Semana.com: ¿Cómo va a quedar conformado el Congreso?

F. G.: Todos van a ser partidos medianos. Ningún partido va a tener una bancada mayoritaria. Incluso algunos se van reducir respecto a lo que habían logrado en el 2010, paradójicamente.

Semana.com: Pero se dice que el Partido Liberal podría crecer…

F. G. : Sí, pero es que estaba en 17. Si crece, crece a 24 o 25. Un partido no es grande si tiene menos del 35 % de los votos a favor. Son partidos medianos. Cuando un partido tiene el 35 %, uno el 20 % y otro el 15 %. ninguno solo puede conquistar el poder. Eso los obliga a hacer una coalición de gobierno siempre, lo que pasó ya en el 2010. 

Semana.com: ¿Y cómo le irá a la oposición?

F. G.: El país va para una oposición fracturada. Con una derecha coherente y radical, como la que lidera el expresidente Uribe, pero con una oposición de izquierda dogmática y fragmentada. Hay una oposición que es mucho más grande que las dos anteriores, que está dispersa completamente en todo el territorio nacional, sin coherencia, sin consistencia, que es la opinión de cientos de organizaciones sociales, de miles de ciudadanos que se sienten por fuera de los partidos, pero que no tienen ninguna forma de comunicarse con ellos, entre otras cosas porque no les gustan. El 60 % de la gente no tiene afinidad con ningún partido ni ningún movimiento político.

Semana.com: ¿Y cómo será la bancada de Gobierno?

F. G.:  Va a ser una bancada más frágil que la de estos cuatro años. Si los verdes superan el umbral y se quedan con tres o cuatro curules y llegan los conservadores, todos sumados con la U, Cambio Radical y el Partido Liberal, entre todos podrían sumar 60 senadores. Pero serían 20  senadores menos. 

Semana.com: ¿Cuál sería la composición más o menos?

F. G.: El Partido Liberal primero. Yo creo que el segundo lugar se lo están disputando el Centro Democrático y el Partido de La U. Luego estarían los conservadores, Cambio Radical y el Partido Verde. El Gobierno va a intentar en esta oportunidad integrar el PIN, llamado Opción Ciudadana, que aunque votaron sus proyectos en el pasado, no eran de la coalición abiertamente. 

Semana.com: ¿Cómo le irá al uribismo? 

F. G.: Al Centro Democrático, si le va muy bien, saca 15 senadores. Menos, para ellos sería catastrófico porque cometieron un error al haberse puesto a anunciar que iban a sacar 30 senadores. Eso es un error porque lo que se dice en política se cobra después. Cayeron en una trampa, en su propia trampa.

Semana.com: ¿Qué papel va a jugar en la recomposición del Congreso el tema de la paz?

F. G.: Yo creo que va a ser decisivo porque será el Congreso del posconflicto. Pero con una particularidad, quien lo va a manejar es Germán Vargas Lleras y no Santos. Esa es la razón por la que fue llamado. Pero no va a ser fácil porque este Congreso va a tener unos líderes de las bancadas que van a actuar más que los partidos, con personalidad propia, va a haber unas fuerzas políticas individuales que, en algunos casos, van a pesar más que las colectivas. 

Semana.com: ¿Podrán los partidos en el corto plazo fortalecerse? 

F. G.: No, en el mediano plazo. Yo hablo de cinco o seis años. Los partidos seguirán su ruta de debilitamiento a favor de los dirigentes, de la personalización degradada de la política.  

Semana.com: Pero en algún momento, de cara a los compromisos en La Habana, hay que abrir el espacio para nuevas fuerzas políticas… 

F. G.: Pero en ese momento va a ocurrir lo que históricamente ha pasado. Cuando se reinsertan grupos que están por fuera del sistema, porque han sido perseguidos políticamente o porque han estado en la ilegalidad, hay dos tipos de comportamientos: algunos líderes tratan de encontrar en el sistema democrático unos nichos de desarrollo y de movilidad política y social y se acomodan bien al sistema. Otros mantendrán unas posturas ideológicas muy fuertes, muy ortodoxas. Esa fractura refuerza la tesis de que la política está cruzada por los individuos y no por actores políticos colectivos como los partidos. 

Semana.com: ¿Qué recomendaciones hacen ustedes para mejorar la calidad de los partidos?

F. G.: Hacer ajustes institucionales. Hay que revisar el tema del voto preferente para evitar el personalismo y revisar el tema de los grupos significactivos de ciudadanos que se convirtieron en una manera de hacerse elegir y una especie de facilitadores del transfuguismo. Hay otras recomendaciones como: revisar quién tienen la iniciativa legislativa en el Congreso, ¿el congresista o el partido? Cuando el congresista negocia de manera individual se despedazan las posturas de los partidos y pierden fuerza y legitimidad al sistema democrático
 
Semana.com: Y respecto a la oposición…

F. G.: Sobre la oposición hay una recomendación muy importante. La necesidad de que se establezca el régimen de la oposición en Colombia. No tenerlo tiene dos efectos negativos: por un lado, la oposición alega no tener derechos. Pero por el otro lado, juega a una especie de libertinaje político, por no tener que responder por su propio comportamiento.  

Hay un problema en el fondo de todo, que los problemas de la sociedad, los problemas principales de los ciudadanos no son tramitados ni tratados por los partidos. Son más atendidos por organizaciones sociales no gubernamentales, sindicatos, grupos de presión, medios de comunicación, que por los partidos políticos, que es a los que les toca fundamentalmente jugar ese papel. 

Semana.com: Hay muchos análisis y estudios sobre el sistema de partidos en Colombia. ¿Qué aporte nuevo tiene la investigación?  

F. G.: Hay tres aportes nuevos: Que los partidos políticos no son el elemento principal en torno al cual confluye la lucha por el poder político. En realidad representan intereses que no siempre se expresan públicamente y los ciudadanos no logran identificar.

Hay un segundo elemento: estamos entrando en una etapa de gran incertidumbre política y no hay claridad de que los partidos vayan a representar la lucha y el combate por el poder político de manera democrática. Cada vez más se alejan de la opinión pública y entonces tarde o temprano estallará una crisis porque los ciudadanos tendrán que buscar por otro lado cómo acceder al Estado y a sus servicios. 

Un tercer elemento es que si logramos un acuerdo con las guerrillas pero sin una idea clara de cómo debería quedar el sistema de partidos, podríamos retornar a un sistema de partidos pequeños –después de haber tenido una dispersión total que también fue bastante negativa–, pero con el riesgo de que sean mucho menos coherentes ideológicamente que cuando estaban el Partido Liberal y el Partido Conservador controlando el sistema de partidos. 
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