Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/07/04 22:14

La ‘idiosincrasia’ del Festival Nacional del Porro

El evento, realizado en San Pelayo (Córdoba), costó $1.000 millones pero el municipio no cuenta con un sistema de acueducto completo. Además, su actividad cumbre terminó en escándalo. ¿Por qué?

Dos ancianos bailan fandango durante el desfile de las aguadoras en San Pelayo, Córdoba. Foto: Semana.com

San Pelayo, Córdoba, es la cuna y universidad del porro. El municipio se convirtió en la cara de uno de los ritmos musicales del Caribe y así se ha sostenido, sobre dificultades, por décadas. Por eso desde hace 40 años recibe a decenas de bandas de todo el país para tocar, aprender y bailar porro. 

En la cuadragésima edición del festival el pueblo entero se puso su sombrero vueltiao y parrandeó por tres días bajo 40 grados de sensación térmica. Turistas de varias partes del país se reunieron en el municipio para estar al tanto de la cabalgata, los desfiles, la competencia de las bandas y la alborada, donde se reúnen cerca de 400 músicos para interpretar –a las 4 a. m.– el himno más sonado que el oficial de San Pelayo: María Varilla, en honor a la bailarina que inspiró ese y muchos porros.

Según el compositor Luis Alberto Pertuz, por su originalidad y tradición el porro “debe ser declarado patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad”. En San Pelayo las palabras tradición y cultura son irremediablemente unidas al porro.  

Legado irrepetible

El legado musical que han construido los músicos pelayeros es indiscutible para los conocedores de los ritmos musicales colombianos, pues este porro es único en su composición e interpretación. En él se concentra la idiosincrasia, palabra repetida hasta el cansancio por los cordobeses para explicar el porqué de algo, del campesino sinuano.

“En sus inicios el porro lo hacían los campesinos que trabajan la tierra y como entretenimiento inventaban melodía con los instrumentos que tenían a la mano. Es más antiguo que las mismas bandas”, relata Luis Fernando Muñoz, director de la banda de la Universidad de Córdoba.

“Yo me olvido de todo bailando porro”, dice Luisa mientras ve a parte de su familia reunida, otra vez como cada año, mientras pasa el desfile en el que va su abuela, de 85 años.

Puede ser fácil olvidarse de todo mientras suena el porro, se baila el fandango y se ve en los desfiles solo color y sonrisas que contagian a todo el pueblo, así como la peste del insomnio que narró Gabriel García Márquez en Cien años de soledad y que dejó por varias semanas sin recuerdos a todo Macondo. 

Fuera del realismo mágico, la verdad es que San Pelayo tiene carencias y está ubicado en la categoría sexta, entre los municipios pobres de Colombia. Cosa inexplicable si se tiene en cuenta la fertilidad del suelo de Córdoba y toda la riqueza que ha producido en ganadería y agricultura.

A 25 minutos de Montería, a orillas del Sinú, sobre la troncal del Caribe y con las mejores tierras del país, San Pelayo no tiene sistema de acueducto, la mayoría de sus carreteras están destapadas, el desempleo asfixia y la salud de sus más de 30.000 habitantes depende de un Camú en el que no atienden ni siquiera partos. El pueblo tiene 244 años de fundado.

El río Sinú a la altura de San Pelayo, Córdoba / Semana.com

El gran escenario del Festival Nacional de Porro está en un amplio terreno a cinco minutos del centro del pueblo: el Complejo Cultural María Varilla, inaugurado en el 2015 por el exalcalde José Jaime Pareja Alemán, tío de la actual alcaldesa, María Alejandra Forero Pareja. La inversión del escenario fue de más de 17.000 millones de pesos. 

Sobre los $1.000 millones invertidos este año las opiniones de sus habitantes son variadas, pero eso sí, nadie quiere ser citado. Unos se escandalizan por la cifra y no la creen. Otros esperan que de esa inversión “se recoja algo para el pueblo” y los más optimistas dicen que para que el municipio se mantenga a flote es necesaria la inversión. 

“Esto es un evento que si se le quita al pueblo ellos prefieren que les piquen una calle pavimentada y vuelva el evento. Hablar de porro aquí es como hablar de religión o política”, le dijo a este medio la alcaldesa.

El Festival del porro también es una cumbre política. El gobernador de Córdoba Edwin Besaile asistió y financió parte del festival. También el senador Bernardo Elías y el representante a la Cámara Joche Tous de la Ossa aportaron, según fuentes de la Alcaldía de San Pelayo.

Una alborada empañada

Uno de los eventos que mayor atención –y dinero– concentraron en la edición 40 del festival fue el concierto al que estaban invitados Sergio Vargas, Jean Carlos Centeno, Beto Zabaleta, Peter Manjarrés y otros. Al final del concierto, hacia las 4:00 a. m., estaba programada la alborada, donde cerca de 400 músicos de todas las bandas de viento invitadas en el festival se toman la tarima y cantan al unísono la composición María Varilla. La alborada es uno de los eventos cumbres, si no el más importante. 

A pesar de la atención y la asistencia masiva las cosas no terminaron bien en la alborada y refuerzan la idea de que en el Festival Nacional del Porro hay una crisis por lo menos de organización. Si es un festival del porro, ¿por qué el protagonismo del vallenato? “No se llenaría el escenario”, reflexionó con tristeza un músico que ya no podía del sueño y del cansancio.

 

Hacia las 5:00 a. m. llegó el cantante vallenato Peter Manjarrés y no pudo cantar sino dos canciones por la presión de los defensores del porro, quienes pedían espacio para la tradición y la orden de la alcaldesa para darles paso a las bandas, decisión que no cayó bien en la comunidad vallenata. 

Otalia Herrera Espitia, directora del Festival Nacional del Porro, admitió que hubo “dificultad porque Peter Manjarrés se demoró en llegar y las bandas tenían que subir a conformar la gran banda. Hubo falta de respeto cuando su mánager me dijo que ‘rompiera la tradición’, por eso tuvimos que suspenderle el toque”. A su vez, la alcaldesa le dijo que fue “radical  porque las bandas son la columna vertebral de nuestro festival”.

En la pelea de unos y otros en plena tarima, con la alcaldesa, sus asesores y secretarios, sucedió el evento más amargo y preocupante del encuentro. Dos periodistas del portal ‘La Lengua Caribe‘ denunciaron que fueron agredidos por el actual secretario de Salud de Córdoba, el exalcalde José Jaime Pareja, en medio de la confusión con la presentación de Peter Manjarrés.

Hasta la Policía tuvo que intervenir para calmar a los revoltosos en la tarima. En las imágenes también se vio al actual contralor de Córdoba y exsecretario del Senado, Emilio Otero, tomando del cuello al músico.

“Intentó quitarle la cámara al reportero, ante la lectura de los derechos como medio de comunicación por parte de la joven periodista el exalcalde la abofeteó además de insultarla”, narró en una nota el medio afectado, además de rechazar la violencia. En diálogo con Semana.com, allegados al secretario desmintieron los señalamientos y dijeron que no se haría un pronunciamiento oficial porque el funcionario “estaba en el evento como un ciudadano más”.  

El presidente del Círculo de Periodistas de Montería, Jorge Velásquez, expresó su preocupación y dijo que “la libertad de prensa es un derecho que no puede ser vulnerado por ningún ciudadano y menos por un funcionario en ejercicio”. (Vea la nota de Noticias Uno Censurando la prensa a golpes

En conclusión, la alborada no fue como los asistentes esperaban, no todos los músicos cantaron y lo que trascendió a nivel nacional fue el incidente con Manjarrés y la supuesta agresión a los periodistas por parte de una autoridad local. 

¿Crisis del porro?

La importancia del porro para esta región y para San Pelayo es indiscutible y se ve en los esfuerzos de su gente, pero no ha sido suficiente para sacar del atraso el pueblo y hacerlo competitivo como otros que tienen menores ventajas.

William Fortich, maestro e investigador pelayero, le dijo a Las 2 Orillas que ve el futuro del festival algo complejo. “El festival nació como una expresión de comunidad, es decir, no fue obra del Estado, ni del Municipio, ni del Concejo. Pero ¿qué pasó? Que con el tiempo un alcalde decidió nombrar una junta para hacerse cargo del festival y eso impuso riesgos innecesarios y dañinos como el clientelismo y la politiquería. Esto hace es que el festival quede sujeto a las decisiones del alcalde de turno y eso evidentemente lo debilita porque la improvisación termina mandando”, aspecto que podría explicar el porqué del caos en la alborada.

Los expertos en música como Julio Castillo creen que “se está dejando morir el porro”, como lo anotó hace pocos días en Cereté durante un foro a propósito del festival. Entre los músicos cordobeses hay una agria disputa entre si el porro debe cambiar y adaptarse a nuevas cosas o se debe conservar intacto. Para unos y otros la crisis está en querer el cambio o no.

Pero también la molestia de los músicos que viven del porro ofrece elementos interesantes. Por ejemplo, en la pasada edición no se les pagó a tiempo a las bandas por el “incumplimiento de las empresas privadas”, lo que desmoralizó a todos los participantes. Según algunos directores de bandas y la alcaldesa, ese tropiezo se solucionó para la presente edición.

Ideas para no dejar morir el porro abundan. Las autoridades locales están invirtiendo importantes sumas de dinero en hacer de este festival uno con trascendencia internacional, también es propósito que el porro sea declarado patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad, así como el Carnaval de Barranquilla.

También están haciendo lobby para que la Real Academia Española añada el significado de porro como ritmo al lado de la mundialmente famosa concepción del cigarrillo de marihuana. En cuanto a educación, la Secretaría de Cultura ha fortalecido las escuelas de música para que las nuevas generaciones aprendan y adapten a su vida el porro y así ni se piense que puede acabarse.

Un músico toca un porro con una ‘hojita‘ de laurel / Semana.com

“Para mí el porro es riqueza y alegría”, expresó César Francisco Jiménez, director de la tradicional banda pelayera ‘Aires de la Madera’, homenajeada durante el festival.

Los retos que tienen los pelayeros para hacer de su ritmo aún más fuerte y que esa fuerza los ayude a tener los servicios básicos garantizados son inaplazables. Los problemas que tienen el municipio y su festival deben ser contrarrestados con menos manotazos y más trabajo para reforzar esa idea de que la idiosincrasia del sinú es sabor y no escándalo.

Con un país en paz, esta zona, que ha sido protagonista del auge del paramilitarismo y tiene produndas heridas del conflicto y de la desigualdad, podría explotar su riqueza cultural y ser un ejemplo ante el país para que "su majestad el porro" no sea disputa sino como fue concebido: por su alegría, fiesta y baile.

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