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| 5/12/2007 12:00:00 AM

Fiebre de acero

Decenas de carros último modelo reflejan la euforia de trabajadores y pensionados de Paz del Río que se volvieron millonarios tras la venta de la empresa.

A las 3:30 de la tarde termina uno de los turnos en la planta de Belencito. Si no fuera porque en el letrero inmenso que cubre la puerta de entrada se lee Acerías Paz del Río S. A., cualquiera diría que se trata de una fábrica de automóviles. Salen relucientes con sus colores metalizados, culebrean entre los buses que llevan a los trabajadores a sus casas.

Se podría decir que, de un mes para acá, Sogamoso es el lugar del mundo con más automóviles último modelo por cada 100.000 habitantes. Se calcula que en tres semanas han llegado 200 carros nuevos, una cifra enorme para un municipio que, según el último censo, tiene poco más de 120.000 habitantes.

Desde que los aproximadamente 4.400 trabajadores y pensionados de Acerías Paz del Río que recibieron en total 702.000 millones de pesos, Sogamoso se inundó de plata en efectivo y la prueba reina de esta bonanza son los carros nuevos, pero también los usados que han llegado a las calles de una ciudad en la que los trancones comienzan a ser moneda corriente.

Fue tal la avalancha de carros nuevos, que la Secretaría de Tránsito de Sogamoso no tenía placas suficientes para matricular tanto carro y por eso a muchos se los registraron en otros municipios. El mercado de los taxis tampoco se ha quedado atrás. Según le dijo un taxista a SEMANA, el cupo para un taxi subió de 12 a 31 millones de pesos. Claro está que la marea ya bajó. Una funcionaria que atiende en la oficina móvil de un concesionario de Bogotá señaló que todavía se hace uno que otro negocio, “pero que llegaron por las sobras”.

Cuando comenzó lo que ellos llaman ‘la Semana de Pasión’ (el reembolso a los accionistas coincidió con la Semana Santa), la entrada de la acería parecía un mercado persa donde se ofrecían desde carros hasta viajes alrededor del mundo. En los tres fines de semana anteriores se organizaron ferias del automóvil al aire libre.
En las calles y los cafés todos comentan, recuerdan, celebran unos y se lamentan otros por esta inesperada bonanza. Pero casi todos prefieren contar sus propias historias y las de sus conocidos de manera anónima.

Este inesperado cambio también se ha hecho notar en otros rubros. La finca raíz ha subido entre un 25 y un 30 por ciento. Muchos de los beneficiarios recibieron cantidades no muy altas (entre 30 y 150 millones) y han aprovechado esta plata que no esperaban para comprar nevera, mejorar su casa o adquirir un lote. Como consecuencia de lo anterior, se ha aumentado en gran medida la actividad bancaria, la notarial y la comercial. En las tres cuadras comerciales de la carrera 11, una estrecha y muy animada vía sembrada de palmas, las vitrinas de los almacenes de ropa, zapatos y sombreros están atiborradas.

Los pensionados que al caer la tarde se reúnen a conversar en el parque principal lucen impecables chaquetas, camisas y pantalones informales. Ahora están muy cotizados entre el público femenino. Algo impensable en 1999, cuando la empresa dejó de pagarles durante 11 meses y no tenían plata ni para pagar el tinto de la plaza. En los almacenes donde se asustaban de sólo verlos llegar a pedir fiado y donde les cerraron cualquier posibilidad de crédito hoy les abren las puertas y les sonríen de oreja a oreja.

Ellos, los que aceptaron como parte de pago las acciones de una empresa a punto de liquidarse y que durante 11 meses no recibieron sueldo, sienten que la vida les ha pagado por los sacrificios que hicieron.

Pero algunos de los ganadores de esta inesperada lotería se han dedicado a comprar sin ton ni son. Se conoce el caso de un trabajador que decidió comprar cuatro carros: uno para él, otro para su esposa y dos más para sus hijos, sin prever la millonada de impuestos que tendrá que pagar el año entrante. Un par de pensionados se aparecieron por un local de vida alegre a tomar whisky y encender sus cigarrillos con billetes.

También se han generado inconvenientes entre aquellos que no legalizaron la compra de las acciones porque los dividendos les llegaron a los dueños originales de las acciones y no a quienes las habían comprado. Algunos han conciliado, ya sea repartiéndose la mitad de las ganancias, pero no todos los casos se han resuelto. “Hasta ahora no ha habido muertos porque muchas de estas transacciones se hicieron entre familiares o compadres”, señala un testigo de excepción de estas querellas. Lo anterior no es del todo cierto: dos de los que no aceptaron acciones como parte de pago murieron de un infarto al enterarse del resultado del martillo del pasado 16 de marzo.

Por ese motivo, la Cámara de Comercio de Sogamoso, el Sena y Paz del Río han organizado talleres para orientar a los pensionados y trabajadores en cómo invertir su dinero, generar nuevas empresas y, sobre todo, prepararlos para un posible regreso de las vacas flacas.

Varias de las personas que hablaron con SEMANA afirman que los beneficiarios sólo se ha gastado una pequeña parte del total de la venta de las acciones. Los pocos que obtuvieron beneficios en varios miles de millones de pesos, (altos funcionarios de Paz del Río, ingenieros, dirigentes sindicales que recibieron gran cantidad de acciones como parte de pago o que se las compraron a trabajadores que las pusieron en venta) están a la espera de encontrar una buena inversión. De hecho, el propio presidente Uribe les recomendó el pasado 2 de mayo que invirtieran esa platica en Ecopetrol, mientras que las autoridades de Sogamoso y del vecino municipio de Nobsa (donde está instalada la planta de Paz del Río) han sugerido diversas ideas para que las inversiones generen riqueza en la región.

Pero la mayoría de los habitantes de Sogamoso ha sido ajenas a esta bonanza. A ellos lo único que les ha tocado es ver cómo se encarece el costo de vida. En la ciudad andan preocupados por el futuro de Acerías Paz del Río. Hasta el momento no se tiene muy claro cuál será la filosofía de los nuevos dueños de la empresa, que compraron no sólo una empresa que produce hierro y acero, sino también una planta cementera y la concesión de minas de mineral de hierro, piedra caliza y carbón.

No se sabe si la empresa va a abrir nuevos empleos o si, por el contrario, piensa entrar en una fase de automatización, lo que aumentaría el desempleo de una ciudad cuya economía ha girado en torno a la planta.

Decisiones de las que también dependen empresas que fabrican productos acabados en acero, así como plantas que proveen a Paz del Río de piezas mecánicas.

Pase lo que pase, durante muchas décadas los habitantes de Sogamoso recordarán aquel extraño mes de mayo de 2007, cuando su ciudad de pronto de llenó de carros último modelo.

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